En muchos de nuestros artículos ya hemos dejado claro que ciertas épocas de la historia fueron bastante duras. Cuando se trataba de aplicar castigos ciertas culturas eran especialmente crueles, y todo el mundo lo aceptaba como algo normal. Los castigos de los antiguos persas eran terribles, al igual que los realizados por los romanos. Hoy hablaremos de los castigos coloniales, los cuales no se quedaban atrás imponiendo castigos.

Lo cierto es que todas las épocas han tenido sus momentos donde los castigos y ejecuciones eran horribles. Aunque hoy en día nos hemos “civilizado” bastante, siguen habiendo lugares del mundo donde se castiga con gran dureza. No es algo extraño teniendo en cuenta que hasta hace poco más de un siglo se hacían cosas impensables en la actualidad.

Todos hemos visto en películas los castigos que se infringía en ciertos cuerpos militares, como por ejemplo la Armada Británica. Un poco antes tenemos algunos que también hemos podido ver en cine y televisión, que son los castigos de la época colonial.

¿Cómo eran los castigos coloniales cuando todavía se estaban descubriendo y colonizando nuevos territorios? Como podrás comprobar, no se andaban con chiquitas a la hora de imponer sanciones físicas a los que no cumplían las normas. Te contamos algunos terribles castigos que se hacían en las antiguas colonias. En muchos casos estos castigos incluían la muerte de la víctima.

1 – Los famosos latigazos

Empezaremos con algo que conoce todo el mundo, y son los populares latigazos. Puede que este sea el castigo corporal más famoso que existe. Es sencillo y rápido de aplicar, y realmente es un castigo más cruel de lo que  muchos se piensan.

Durante mucho tiempo los latigazos fueron oficialmente el modo de castigo más utilizado para un montón de cosas. No era una penalización de un país en concreto, ya que muchos países y culturas lo practicaban. En la época colonial fue uno de los sistemas de castigo más utilizado para penas de una cierta gravedad.

Los latigazos se solían hacer de forma pública en la era colonial, ya que servía como ejemplo a todos los demás. Había diferentes niveles de latigazos dependiendo del “crimen” que había cometido la persona. Por eso hay que diferenciar entre “latigazos” y “azotes”.

Los “azotes” estaban pensados para dar una lección a la víctima, pero era más una humillación que un castigo doloroso. Algunas veces los golpes se daban con una vara fina que no producía heridas graves. Algunas veces los azotes se hacían encima de la ropa, por lo que era más una corrección de comportamiento que un terrible castigo. Esto era común en las escuelas o congregaciones religiosas.

Estos azotes eran para recordar que había que seguir el camino correcto, pero sin dejar malherida al que los recibía. Curiosamente, esta práctica se ha mantenido hasta bien entrado el siglo XX, donde muchos recordarán lo de “dar golpes con la regla” en la escuela.

Sin embargo, en otras ocasiones y para crímenes más graves se aplicaban los latigazos. El castigo por latigazos era más usado en entornos militares o esclavistas. Las herramientas usadas eran más contundentes y podían provocar heridas terribles.

¿Has oído hablar de los látigos de de siete colas y términos parecidos?  Pues estos látigos existían y estaban pensados para desgarrar la piel de los castigados. En muchos casos las víctimas no podían resistir el castigo y morían. Aun así, mucha gente que pasaba por el  látigo sobrevivía y continuaba con su vida. Sin embargo, le quedaban unas cicatrices terribles como recordatorio.

2 – El incómodo cepo

Los cepos para inmovilizar a los presos que habían recibido una sentencia, fueron muy usados durante siglos. Se han podido ver en muchas formas y diseños, por lo que claramente hubo mucha creatividad en su fabricación. Dos de los más reconocibles eran los que aprisionaban las manos, cabeza y pies.

Estos cepos se dividían en dos tipos, donde unos sujetaban la cabeza y las manos de la persona, y el otro solamente los pies. Estos castigos solían ser públicos y así la gente podía ver a los reos todo el día e incluso tirarles cosas. Con suerte les tiraban frutas y verduras, pero algunas veces eran piedras.

Se sabe que al principio estos cepos de castigos eran de metal, pero pasaron a ser de madera al ser más barato. En general no era un castigo “tan terrible” porque se buscaba la humillación del reo más que un dolor físico. Sin embargo, muchas horas aprisionado en uno de estos artilugios podía dejar el cuerpo bastante “tocado”.

En muchas ocasiones las víctimas del cepo eran liberadas después de unos días. Daban por hecho de que habían aprendido la lección. Pero no siempre era tan sencillo, ya que al cepo se podía combinar con otros castigos adicionales. Esto incluye los latigazos, lapidación y una desagradable práctica que contamos en la siguiente sección.

3 – Perder las orejas

¿Sabías que cortar las orejas era un castigo que se practicó en varias culturas? No hay que irse muy lejos, porque en Europa era algo que se hacía en determinadas circunstancias. Hemos hablado antes de los cepos, y había un castigo relacionado con el cepo que aprisionaba la cabeza y las manos.

Básicamente el reo era sujeto a un cepo por la cabeza y las manos, pero aparte sus orejas eran clavadas en la madera. No se conformaban con que no pudiera moverse por el cepo, sino que impedían que la cabeza no pudiera hacer ningún movimiento lateral. Era algo bastante cruel y agobiante para la víctima.

¿Cuándo se clavaban las orejas de una persona al cepo? Lo cierto era que el castigo dependía de la gravedad del delito, aunque en muchas ocasiones el criterio no estaba claro.

Se sabe que en Inglaterra este castigo era aplicado a la gente que hablaba mal del rey. De hecho, el castigo no acababa con las orejas clavadas en la madera. En muchos casos como lección final el reo era liberado del cepo cortándole las orejas. Dicho de otra manera, era libre de marcharse pero las orejas se quedaban en el cepo.

No siempre se perdían las orejas cuando se aplicaba este castigo. Sin embargo, había muchas posibilidades de que el reo no se las llevara enteras. No solo era humillante sino doloroso, y eso sin contar con las infecciones que podían ocurrir después.

4 – Marcar a la gente por sus crímenes

Uno de los castigos coloniales que se usaban bastante era el marcado con hierro. En ciertas colonias antiguas no se conformaban con aplicar castigos corporales. Las víctimas tenían que ser reconocidas para siempre por sus pecados. La manera de hacerlo era “tatuar” letras a fuego en su piel dependiendo de lo que habían hecho.

Las letras grabadas en la piel mostraban el crimen o pecado que se había realizado. El lugar donde se aplicaba el hierro al rojo también variaba, y en el peor de los casos se ponía en la mejilla o en la frente.

¿Qué letras se usaban para marcar a los que habían cometido ciertos “crímenes”? Muchos de estos delitos eran por cosas que hoy en día serían irrisorios, pero es que en las colonias había un puritanismo muy fuerte. Algunos ejemplos de letras marcadas ha fuego son las siguientes: ‘A’ para adulterio, ‘B’ por blasfemia, ‘D’ por ir borracho y ‘T’ por robar.

Estas letras se ponían con un hierro candente como las que usaban para marcar el ganado.  La idea era que esa letra les persiguiera para el resto de sus vidas. De esta manera fueran a donde fueran cualquier persona sabría que había robado, sido infiel, blasfemado, etc.

El marcar a la gente con letras también se usó mucho en la época de la esclavitud. Cuando un esclavo se intentaba escapar y era atrapado, un castigo común era grabarle en la frente la letra ‘R’. Dependiendo del “dueño” del esclavo, algunas veces era más piadoso y la letra era puesta en otra parte, como el brazo o una mano.

5 – Máscaras de castigo

Una variante de los cepos ya mencionados, eran las máscaras de hierro o de castigo que seguro que te suenan. Seguro que más de uno ha visto la película de “El hombre de la máscara de hierro” basado en una novela de Alejandro Dumas. Por desgracia la novela de Dumas no exageraba y fue incluso peor.

En este caso no se inmovilizaba al preso como el caso de los cepos, pero la experiencia podía ser igual o más terrorífica. Se solía aplicar a todos aquellos que osaban hablar mal de ciertos estamentos de la sociedad, como la iglesia, nobleza o autoridades. También se usaba mucho para aquellos que propagaban rumores que podían afectar a la comunidad, y por eso su utilizó hasta cierto punto en las colonias.

El castigo era básicamente colocar una pesada jaula sobre la cabeza del reo. Eso no era todo, sino que una pieza era colocada en la boca para que no se pudiera cerrar. Estaba pensado de tal forma en que la lengua quedaba fuera. La víctima no podía hablar ni comer o beber, y además era muy incómodo. Llevar una de estas máscaras o jaulas era un suplicio después de unas cuantas horas.

Dependiendo del crimen, la persona castigada tenía la “máscara” puesto durante más o menos tiempo. Se le solía dejar marchar y le decían cuando podía volver para quitársela. Para que hubiera más humillación, se solía poner una pequeña campanilla en la jaula. De esta manera, según iba por la calle la campana iba sonando y la gente le podía ver.

De todos modos, estos artilugios solo se usaban durante un tiempo limitado para dar una lección. No era un castigo tan terrible como los otros que hemos puesto, pero claramente la víctima lo pasaba realmente mal durante unas horas. En algunos casos se tenía que llevar la mascara de hierro durante unos días, pero no era lo habitual.

6 – Ahorcamiento

Ya hemos hablado de este castigo, el cual implicaba la muerte del reo. Los ahorcamientos también eran muy habituales en la época colonial. De hecho, era el método más habitual para ejecutar a los presos con delitos graves. Los crímenes más comunes para acabar en la horca en las colonias, era el asesinato, violación y ciertos actos que fueran contra las rígidas normas religiosas.

Aunque la creencia común es que las brujas morían en la hoguera, lo cierto es que en las colonias eran ahorcadas. Es cierto que en Europa se quemaron brujas en una cierta época, pero lo normal era el ahorcamiento o el ahogamiento por agua.

La horca era una ejecución era algo reservado para cualquier sin importar la edad o el género. El problema era que en las colonias no solía haber verdugos profesionales, lo cual podía generar ciertos problemas. Dicho de otra manera, los ahorcamientos en las colonias podían ser bastante chapuceros. Esto suponía que los ajusticiados no murieran rápidamente.

En algunos casos, los ahorcamientos salían del todo mal y el reo se tiraba un buen rato asfixiándose. La idea no era esa, sino que se le rompiera el cuello al abrirse el cadalso. Por ello, muchas veces se paraba la ejecución y se decidía decapitar al preso para acabar con su sufrimiento.

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