El imperio persa fue en su momento extremadamente poderoso y se tomaban la justicia muy en serio. Cuando se trataba de castigar a la gente por sus crímenes y desmanes, Lo hacían a conciencia y de forma meticulosa. Estas leyes para castigar a la gente hoy en día nos pueden parecer de auténticos psicópatas. Sin embargo, sabemos que algunas culturas siguen llevando a rajatabla castigos terribles que nos puede poner los pelos de punta. Aun así, los persas tenían su propio sentido de la justicia y el honor. Por ejemplo, pensaban que nadie merecía ser ejecutado por el primer crimen que cometían. Ni siquiera si era muy grave y lo mereciera. Sin embargo, pensaban que si alguien se merecía sufrir, entonces sufriría. Los antiguos castigos persas lo dejaban todo muy claro.

El que reincidía y no aprendía la lección, se tenía que enfrentar a unos castigos como nunca se habían visto. Aparte de esto, los persas tenían una gran imaginación para que los castigos fueran lo más brutales posibles. Aunque lo llamaban castigo, hablando claro no era más que una prolongada tortura hecho por expertos en el tema. Te contamos algunos de los antiguos castigos persas que te harán agradecer que vivamos en el siglo XXI.

1 – Hacer una silla con tu piel

Seguro que tenemos en casa nuestra silla, sillón, sofá o sitio para sentarnos favorito. En la antigua Persia llegaron a usar un simple trozo de inmobiliario en un castigo ejemplar.  Hubo un juez llamado Sisanmes que aceptaba sobornos, lo cual era considera muy grave. Finalmente fue descubierto y aunque era un juez el castigo debía ser como el de cualquier otro ciudadano. También se buscaba dar una lección a otros jueces o cargos similares para que no se atrevieran a hacer nada ilegal.

La condena de Sisanmes fue ser ejecutado, aunque había más cosas que se debían hacer. Después de cortarle la garganta, los verdugos le quitaron toda la piel en tiras. Con estas trozos de piel empezaron a coserla alrededor de una silla hasta dejarla prácticamente cubierta. Esta silla de piel humana sería entregada luego al siguiente juez que sustituiría a Sisanmes. Así el nuevo juez recordaría siempre cual sería su destino si se pasaba de la ralla.

El problema fue que el sustituto del juez ejecutado fue su propio hijo. Tuvo que sentarse durante muchos años en una silla hecha con la piel de su padre.

2 – Tragar oro fundido

El oro siempre ha sido algo muy preciado en diferentes épocas. Lo cierto es que lo sigue siendo y es sinónimo de riqueza y poder. Sin embargo, también podía ser usado como forma de castigo. El emperador romano Valeriano fue capturado por los persas y su final fue especialmente terrible. Para empezar, fue nombrado esclavo personal del emperador persa Shapur I. Trababa al emperador romano como su fuera un perro delante de todos. De hecho, le solía montar a caballo para diversión de los le rodeaban. En las reuniones de estado Shapur usaba algunas veces a Valeriano como si fuera un taburete. Parece que por lo menos le acabaría por perdonar la vida. No fue así. Cuando Shapur se cansó de su esclavo romano, lo mandó ejecutar vertiendo oro fundido ardiendo por su garganta. Luego hizo que lo disecaran y lo pusieran en un templo persa para que lo viera todo el mundo.

3 – La terrible ejecución de las cenizas

Una de las más temidas ejecuciones en la antigua Persia era ser asfixiado por cenizas. Se dejaba esta forma de morir a los peores criminales como por ejemplo traición u ofender a los dioses. Consistía en coger al reo y meterlo en una especie de torre hueca que contenía cenizas y un sistema de ruedas giratorias controladas desde el exterior. Se lanzaba al preso dentro de la torre, donde para empezar se rompía algún hueso con la caída.

La caída no era mortal por lo que quedaba malherido entra las ruedas de madera y las cenizas. Desde el exterior entonces se procedía a mover las ruedas, lo cual hacía que las cenizas se removieran causando una lenta asfixia del condenado. Estas cenizas se le iban metiendo por la nariz y la boca ahogándolo pero no matándolo al momento. Esta forma de morir no fue inventada por los persas, ya que en la Biblia ya se hablaba de esto modo de ejecución.

4 – Descuartizamientos con árboles

Los ladrones tenían que tener cuidado en Persia. Los antiguos castigos persas para los ladrones eran horrendos y no hablamos de cortar un pie o una mano. El típico castigo era ser descuartizado hasta la muerte. Se hacía de un modo muy específico, y era mediante fuertes ramas de árbol muy flexibles. Estas ramas se tensaban y ataban a las extremidades del reo. Luego se cortaba la cuerda que sujetaban estas ramas y el condenado quedaba colgando en varias partes de los árboles. Los restos del cuerpo se dejaban durante un tiempo colgando de los árboles. Era una forma de recordar el castigo que se sufriría.

5 – Los prisioneros enemigos solían tener un final nada agradable

Ya se tratara de prisioneros de guerra o rebeldes que iban contra el gobierno establecido, los castigos eran terribles. Era común el cortarles la nariz y las orejas, lo cual no significaba que luego los ejecutaban. En ocasiones se mantenían vivos para su escarnio público.

En una ocasión hubo una revuelta contra el rey Darius, la cual fue sofocada rápidamente. Una vez capturados los rebeldes el rey Darius se quiso asegurar que nadie se atrevería a rebelarse de nuevo. Reunió a todos los rebeldes y les cortó la nariz, las orejas, la lengua y les sacó un ojo a cada uno de los renegados. Luego se les llevó a las murallas de la ciudad y se les ató para que todo el mundo pudiera verles al pasar. Fueron dejados en este estado durante semanas, durante las cuales se les daba agua y comida. La idea era que vivieran todo lo posible mientras que sufrían terribles dolores y la humillación de todo el mundo. Finalmente eran ejecutados como un signo de misericordia.

6 – Había una forma de ejecución con insectos que era la peor

Hemos dicho que el sofocarse con cenizas era bastante horrible, pero nada comparado con otra que tenían reservada  para los más odiados. Solía ser el rey quién pedía este modo de ejecución si realmente odiaba al prisionero. Se ponía al condenado en un tronco vació o entre dos barcas. Solo sobresalía la cabeza, las manos y los pies. Luego se le daba leche y miel para alimentarlo hasta que tenía fuertes diarreas. Básicamente quedaba envuelto en sus propias heces pasado cierto tiempo. Mientras tanto, se ponía miel en los pies y manos para atraer a los insectos.

Estos insectos literalmente le iban comiendo vivo dentro de este compartimento de madera. El condenado era comido y picado continuamente, lo cual era una terrible tortura. Se le seguía alimentando de esta manera y procurando mantenerlo vivo. Después de algunos días el reo empezaba a perder la cabeza, aunque podía durar bastante. Hay documentos que hablan de condenados que duraron más de dos semanas bajo esta agonía.

7 – Las tres condenas a muerte en una

En algunos casos, una sola pena de muerte era insuficiente. Si el crimen cometido era muy terrible se condenada al prisionero a las tres muertes. La idea era que murieran tres veces antes de ejecutarlos del todo. ¿Cómo se hace algo así? Llevándoles a tal agonía que se desmayaran. Esa era la primera muerte. Luego se repetía de nuevo cuando se despertaba,  hasta que la tercera vez era la definitiva. En ocasiones se curaba al condenado para que pudiera aguantar la “siguiente muerte”.

Los pasos a seguir variaban y dependía de quién los aplicara. Por ejemplo, un método típico era sacar los ojos a la víctima hasta que se desmayaba. Luego se le ayudaba a recuperarse hasta que pudiera soportar ser estirado por un potro de tortura. Finalmente era ejecutado dependiendo de su crimen.

8 – Hacer que los prisioneros se comieran a su familia

Este era otro de los castigos que nos hacen pensar que los antiguos persas estaban algo trastornados. Un general llamado Harpagus tuvo que pasar por uno de los peores antiguos castigos persas que se conocen. Todo empezó porque el rey Astyages tuvo un sueño donde su sobrino le iba a quitar el trono. Su sobrino era solo un bebé y el rey le pidió a Harpagus que lo llevara al bosque y lo dejara morir. El general no pido dejar morir a pequeño y se lo entregó a un pastor para que lo cuidara.

El rey Astyages se enteró de lo que había hecho unos diez años después, y su desobediencia lo pagó muy caro. En lugar de matar directamente al general Harpagus, lo que hizo fue cortar el cuello a su hijo y lo troceó como si fuera un cerdo preparado para un banquete. Se lo sirvió en una fiesta que dio para ver como reaccionaba. La idea era que se rebelara para poder castigarlo. Sin embargo, Harpagus sabía que cualquier movimiento en falso le llevarían a la muerte. Comió parte del banquete, si disculpó y pidió llevarse los restos de su hijo. Luego los enterró en su propio hogar.

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