De todos los sentidos que tenemos, el sentido del gusto parece el menos importante. A diferencia de los otros sentidos que tenemos, realmente no lo usamos continuamente en nuestro trabajo o actividades diarias. Sin embargo, es sin duda uno de los más placenteros ya que nos da la posibilidad de probar multitud de sabores. Siendo quizá el menos conocidos de todos los sentido, te contamos algunas cosas que quizá no sepas.

1 – Las papilas gustativas en cada persona

Todo el mundo tiene miles de las llamadas papilas gustativas en la boca, pero no todos tenemos las mismas. El rango de papilas gustativas que tenemos puede variar desde dos mil a diez mil, y no solo se encuentran en la lengua. También las tenemos en el paladar, las paredes de la boca, la garganta e incluso en el esófago.

Según nos hacemos mayores las papilas gustativas se van haciendo menos sensibles a los sabores. Esto es algo discutible porque los sabores son algo de lo que disfrutamos durante toda la vida. Sin embargo y aunque no lo notemos, el sentido del gusto va cambiando con la edad. De hecho, muchos expertos piensan que es el motivo por el que muchos alimentos que odiábamos de pequeños, de adultos nos empiezan a gustar.

2 – ¿Dónde está realmente el sabor de las cosas?

Cuando comemos algo que nos gusta mucho, la explosión de sabores en nuestra boca es increíble ¿verdad? Sin embargo, esa sensación de sabor está ocurriendo en nuestro cerebro. Las papilas gustativas y ciertos nervios envían moléculas de lo que hemos ingerido a terminaciones nervioso olfativas en nuestras fosas nasales. Una vez analizadas se envían señales a una parte del cerebro llamada la corteza gustativa.

Este intercambio de señales se produce en milésimas de segundo y continúan según comemos o bebemos algo. Esto nos va dando los sabores que podemos apreciar, pero que realmente no están pasando en nuestra boca. Todo está realmente en nuestra cabeza.

3 – ¿Y si nos quedamos sin olfato?

Como se ha dicho antes, la información de lo que comemos y bebemos es enviada a unos nervios de las fosas nasales y luego al cerebro. Por tanto, los sabores tienen mucho que ver con el olfato. Cuando olemos algo el cerebro lo registra como algo que viene de nuestras fosas nasales. Los sabores son una forma de “olor” que hace lo mismo, pero de una forma más física al tener que masticar y sorber líquidos.

Cuando nos quedamos sin el sentido del olfato debido a un catarro, fumar demasiado, un accidente o cualquier otro motivo, el sentido del gusto se ve afectado. Básicamente lo que está pasando es que al tener el olfato dañado, las señales ya no se pueden mandar al cerebro para ser analizadas. Por tanto, sin olfato no hay sabores.

4 – El dulce tiene preferencia en el sentido del gusto

Hay gran cantidad de sabores que nos encantan, y también los hay horribles que nuestro sentido del gusto aborrece. Esto quiere decir que nuestra percepción de los sabores es muy variada y más compleja de lo que pensamos. En este sentido, los alimentos dulces tienen una curiosa preferencia en nuestro cerebro según unos estudios hechos en el 2015.

La revista científica “Hippocampus” hizo el estudio y mostraron que nuestro cerebro recuerda más las comidas dulces. Esto ocurre porque unas neuronas en el hipocampo dorsal de nuestro cerebro se activan con los alimentos dulces. Precisamente esta parte del cerebro se sabe que nos ayuda a recordar ciertas cosas que hemos hecho. Está asociado a la memoria y la revista científica piensa que esto ayuda a controlar lo que comemos.

Según la publicación de Hippocampus”, la activación de las neuronas con los alimentos más dulces, controla de alguna manera nuestro comportamiento al comer. Dicho de otra manera, nos hace tomar decisiones en lo que hemos comido y cuando.

5 – ¿Se pueden manipular los sabores?

El sentido del gusto depende de algo llamado receptores de sabores, los cuales se encuentran en nuestro cerebro. Estos receptores se encargan de diferenciar los sabores que son amargos, dulces, salados y otras formas de sabor que existen. Los científicos llevan tiempo trabajando en formas de manipular estos receptores al estimular o “apagar” ciertas neuronas.

Los científicos han conseguido cambiar la percepción de algunos de estos receptores, y hacer que el cerebro confunda alimentos amargos con dulces. De todos modos, esto es algo que pasa de forma natural en muchas ocasiones. A la mayoría de la gente le ha ocurrido que después de lavarse los dientes, ciertas cosas no le han sabido igual. Se sabe que ciertos medicamentos o sabores muy fuertes pueden manipular la forma en que nos saben las cosas.

6 – Algunos de nuestros sabores preferidos son por genética

Se sabe que nuestra preferencia de ciertos sabores es debido a la genética. Esto se descubrió gracias a unos estudios realizados en los años treinta gracias a un químico llamado Arthur Fox. Se descubrió que la percepción del sabor dependía mucho de un gen llamado TAS2R38. De hecho, es este gen el que hace que desde niños nos encanten los dulces o no tengamos especial interés en ellos.

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