El hospital estatal de Topeka también era conocido como el manicomio de Topeka, y fue inaugurado para los criminales con problemas mentales. Se abrió en 1872 y durante los muchos años que estuvo abierto estuvo rodeado de polémica por el trato que daban a los pacientes. Estuvo abierto hasta 1997 debido a tantas denuncias de abuso y al estar muy por encima de la capacidad de pacientes que podía sostener. Algunos ejemplos de las cosas que se denunciaron fueron la esterilización forzada de algunas pacientes y el uso de métodos médicos muy crueles. La hidroterapia era uno de estos sistemas y podía ser una verdadera tortura. Sin embargo, todos estos abusos no pudieron ser detenidos ya que los médicos y trabajadores del Sanatorio de Topeka estaban protegidos por el gobierno de Kansas.

El hospital ya no existe ya que fue derruido hace solo siete años. Antes de eso el sanatorio abandonado fue uno de los sitios más encantados de América. Era tal la aversión que se tenía a este edificio que muchos fueron al lugar después del derribo para quitar los escombros. De esta manera querían borrar cualquier pista de que existió en ese sitio. Aun así, quedan los informes y documentos de lo que pasó en este lugar tan tétrico.

1 – Una muerte polémica en el sanatorio

Desde la inauguración del Sanatorio de Topeka para criminales, los periódicos de la época estuvieron denunciando los dudosos métodos que se usaban. Uno de los casos más conocidos ocurrió a finales del siglo XIX. Un testigo que había estado ingresado en el hospital informó a la prensa sobre una persona ingresada que fue torturada repetidamente. Según dijo, se llamaba Dodd y era frecuentemente golpeado por un celador, incluso pisoteándolo o estrangulando con cuerdas.

Después de muchas palizas, el paciente fue llevado a la celda 18 del hospital entre varios enfermeros y el celador. Escucharon ruido de pelea y después de un rato el prisionero fue sacado muerto de la celda. Se intentó iniciar una investigación contra el celador, pero la investigación fue descartada por el gobernador del estado. Quedó como una muerte natural debido a la enfermedad del fallecido.

2 – Muerte por inanición

Después de muchas denuncias y testimonios, en la primavera de 1911 se comenzó una investigación contra el sanatorio. Todo empezó con una denuncia de antiguos empleados del hospital donde hablaban de algunos horrores que habían visto. Uno de los casos fue el de un paciente llamado John Green. Según dijeron los antiguos empleados fue atado en una cama y no se le dio ningún medicamento ni alimento. El progreso de Green era reportado todos los días por los enfermeros para nadie hacía nada. Finalmente murió al octavo día.

El cuerpo de Green fue llevado directamente al cuerpo de disección y su cerebro fue extraído para las prácticas de otros médicos del sanatorio. Se hizo sin el consentimiento de los familiares de Green. La clase que se dio fue la muerte por congestión cerebral, aunque los enfermeros que denunciaron estaban seguros que Green había muerto por inanición. Finalmente de nuevo el gobierno de Kansas desestimó los resultados de la investigación. Todo quedó en nada.

No fueron las únicas muertes investigadas, ya que también denunciaron que algunos pacientes morían de palizas realizadas por algunos trabajadores del centro. Sin embargo, las muertes oficiales eran cosas sin relevancia, incluso cuando los cuerpos mostraban roturas y moratones

3 – Castigos usando lazos de perro

Durante años muchos empelados que había trabajado en el manicomio de Topeka denunciaron infinidad de cosas. La protección gubernamental parecía impenetrable y no se podía hacer nada. Una de ellas era el uso de esposas y cadenas para amarrar a los pacientes. Algunos de los que estaban ingresados en el hospital siempre llevaban esposas y otros una cuerda atada al cuello. En algunos casos los llevaban de un lado a otro como si fueran correas de perro. Esto suponía realizar tensar la correa para asfixiarles en caso de que no se comportaran. Según las denuncias, algunos pacientes eran dejados horas atados del cuello a un árbol para que no se movieran.

4 – Las visitas no eran frecuentes

Muchas de las polémicas y denuncias eran alentadas sobre todo por la privacidad del sanatorio de Topeka. Muchos de los pacientes que eran ingresados en el sanatorio no volvían a ser vistos. Muchos eran presos peligrosos con problemas mentales y eran abandonados por sus familiares. Sin embargo, había familias que querían ver a los pacientes y era algo complicado. Las visitas tenían muchas restricciones y de hecho en algunos casos se prohibían del todo. La excusa era que las visitas podían intervenir en los tratamientos de los pacientes.

5 – Se quedaban con el dinero de los pacientes y familiares

El sanatorio de Topeka pasó por mejores y peores épocas. A principios del siglo XX no estaba pasando por sus mejores momentos y quería más dinero del que les estaba dando el estado. Empezaron a poner demandas a las familias de los pacientes para que pagaran por los tratamientos. Esto era algo que se había hecho en otro sanatorio en Canadá y pensaron que era una buena forma de conseguir beneficios. Llegó a ganar algunos casos donde la familia tuvo que pagar todo el tratamiento del paciente hasta su muerte. Llegaron también a ganar la administración de los bienes de algunos pacientes que no tenían familia.

6 – Ingresos por equivocación

Debe ser horrible ser ingresado en un sanatorio mental por error o de forma forzada por alguna oscura razón. Por desgracia en el sanatorio de Topeka hubo más casos de los que se pueden esperar en un hospital del estado. Uno de los casos que tuvo más repercusión fue el de John Crabb, el cual era un inmigrante danés que apenas hablaba inglés. Trabajaba como lavaplatos en la ciudad de Topeka y tenía muy mal carácter. A principios de los años treinta tuvo una pelear con un compañero de trabajo y acabó en la cárcel-

Mientras estaba en prisión este hombre danés se negó a comer. Un psiquiatra de la prisión decidió que Crabb estaba mentalmente enfermo. Le llevaron al sanatorio de Topeka donde se le diagnosticó una enfermedad mental incurable y estuvo ingresado veinte años. Durante todo este tiempo intentó convencerles de que no estaba loco. Sin embargo, uno de los motivos de que no convenciera a los médicos fue porque lo intentó demasiado. Esto enojó a Crabb más aun y se negó a colaborar con el sanatorio. Finalmente un grupo de daneses que se enteraron del caso intervinieron y obligaron a volver a hacerle pruebas de salud mental. Esta vez salieron bien y fue liberado en 1950. Estuvo más de 20 años encerrado por una simple pelea.

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