Cuando hablamos de plagas que han arrasado el mundo, seguramente recordemos la peste negra en la edad media, la gripe española a principios del siglo XX o el sida. La historia de la humanidad ha pasado por muchas plagas y han muerto muchas personas en un espacio corto de tiempo. Si hablamos de la plaga Justiniana puede que no sepas muy de que se trata (a no ser que te guste mucho la historia). La plaga Justiniana fue una de las más mortales que ha conocido la humanidad. Fueron millones los que murieron y junto a la peste negra ha sido la más devastadora en la historia. Al haber ocurrido mucho antes, puede que sea el motivo por el que no es tan reconocida. Eso no quitar lo terrible que fue. Te contamos algunas cosas interesantes de la plaga Justiniana que posiblemente desconozcas.

Fue la primera gran plaga de la historia

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Esta terrible plaga empezó en el año 541 antes de Cristo y se considera la primera gran plaga de la humanidad. Ser cree que comenzó en Egipto y luego se propagó por tres continentes por medio de los barcos mercantes que llevaban las ratas que portaban la enfermedad. El nombre de la plaga lo coge del emperador bizantino Justiniano. Este emperador estaba intentando reconstruir su imperio para volver a los tiempos de la gloriosa Roma, pero la plaga atacó con toda su fuerza. Su ejército y economía quedaron diezmados y el propio Justiniano tuvo la enfermedad. Sin embargo, consiguió sobrevivir.

Las similitudes de la peste negra con la plaga Justiniana

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Ambas enfermedades fueron causadas por el mismo microbio, aunque las cepas en cada una de ellas eran diferentes. El problema era que ambas eran igual de mortales. La peste negra ocurrió en la Europa de la Edad Media y mató a unos 200 millones de europeos. La plaga Justiniana mató unos cien millones en Europa, Asia, el norte de África y parte de Arabia. Ambas plagas fueron causadas por las pulgas que usaban las ratas para transportarse. Se puede por tanto decir, que las dos enfermedades fueron las mismas aunque hubiera cientos años entre ellas.

Se pensaba que la plaga era por culpa de un demonio

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En la época donde la plaga Justiniana tuvo lugar, la medicina no existía como ciencia tal como la conocemos hoy. Por este motivo se buscó una excusa para la terrible enfermedad que estaban padeciendo. La gente atribuyó la epidemia a un demonio. Si se presentaba el demonio en los sueños de alguien, cogería la enfermedad. Para impedir la entrada del demonio en las casa, la gente reforzó puertas y ventanas. Solamente los miembros de la familia podían entrar en los hogares. Estas fueron las precauciones que tomaron para la plaga Justiniana.

Los exorcismos también se hicieron comunes. Mucha gente decía haber visto al demonio y el miedo es extendía por todas partes. Como respuesta, muchos cristianos comenzaron a realizar rituales para alejar a los demonios. Estos exorcismos no funcionaban en absoluto ya los infectados acababan muriendo de todas maneras.

Los síntomas de la plaga Justiniana

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La enfermedad empezaba con una ligera fiebre. No parecía nada grave hasta que habían pasado unos cuantos días, donde empezaban a aparecer las pústulas negras. Esta era la señal de que se había cogido la enfermedad. La persona infectada entonces solía desmayarse y caer en el delirio, y luego moría al poco tiempo. Era muy difícil cuidar a muchos de los enfermos porque se podían poner muy violentos. El comienzo de la plaga pasó de tan poco tiempo, que nadie estaba preparado para reaccionar.

Mucha gente moría diariamente y era un problema añadido. Solo en Constantinopla había cinco mil personas al día muriendo de esta enfermedad, y el enterrarlas era todo un caos. El emperador Justiniano tuvo que formar grupos de soldados para poder hacer se cargo de tantos cuerpos. Aun así, no podían con todos los cadáveres y muchos se dejaban varios días tirados en las calles. Las tumbas se llenaban rápidamente y por eso se tuvieron que usar fosas comunes. Llegó el momento que tuvieron que llenar barcos enteros de muertos y echarlos al mar. Por desgracia, muchos de los cuerpos volvían a aparecer en la orilla.

Eran tantas las muertes, que la gente empezó a llevar etiquetas con sus nombres y direcciones antes de salir de casa. Era la única manera de asegurarse de que les identificarían adecuadamente si caían enfermos y morían antes de volver a casa.

La plaga provocó una gran hambruna

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Como se ha dicho antes, la plaga Justiniana no solo mató mucha gente sino que arruinó la economía. Las granjas eran abandonadas, dejando todos los cultivos sin cuidar. También se dejó de hacer pan y otros productos básicos para alimentarse. Los negocios simplemente desaparecían por miedo a contraer la enfermedad. La gente huía lejos de los focos de la plaga. Con tanta gente muriendo todos los días el miedo era más fuerte que mantener los negocios abiertos. Esto dio paso a una hambruna, que precisamente empeoró los efectos de la enfermedad.

Las consecuencias de la plaga

La plaga Justiniana había atacado a todo tipo de personas sin importar su estatus social o económico. Nadie estaba a salvo de la enfermedad  y esto hizo que el panorama social cambiara mucho. Todo el mundo era necesario para combatir la plaga y hubo más unión para acabar con ella. Sin embargo, las consecuencias negativas fueron que la sociedad entró en una etapa oscura de la que tardó en recuperarse. Se perdieron muchas profesiones y el temor al castigo divino se hizo constante. Tuvieron que pasar cientos de años para salir de esa situación.

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