Viniendo de una fe politeísta, resulta curioso su cambio oportuno de creencias

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Recordemos que el cristianismo en sus orígenes estaba formado solamente por unos cuantos fieles, los cuales eran perseguidos y ajusticiados al considerarse blasfemos. Es más, el mesías oficial del cristianismo, Jesús, fue ajusticiado por ellos al considerarlo un peligro para el orden establecido.

En el siglo III de nuestra era, el cristianismo se encuentra de golpe con la oposición romana, con sus dioses provenientes en su mayoría del panteón griego (eran poco originales los romanos).

Al otro lado se encontraba una nueva religión emergente, con sus libros, sus rituales y todo un compendio de normas y costumbres que se habían ido gestando siglos atrás. Los romanos por supuesto, intentaron repeler a esta religión moderna y desconocida, que amenazaba su imperio.

Al final logra imponerse el cristianismo, convirtiéndose en religión oficial en los estados romanos, y ya al final del siglo III, cualquier otra religión que se practicase, distinta del cristianismo, era considerada ilegal y se castigaba a aquellos que la procesasen públicamente.

En la época de Constantino, es cuando el cristianismo se oficializa en todo el imperio

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Llega Constantino I como un gran emperador, que ha expandido los territorios romanos más allá de lo que hoy se conoce como Estambul. Una de sus muchas peculiaridades, era el hecho de que se convirtió al cristianismo, al revelarle un obispo el significado de sus sueños.

Constantino se quedó tan impresionado que oficializó la religión cristiana, adecuándola, como no, a sus necesidades. Se convierte en un representante del cristianismo, ganándose el favor de los creyentes y escudándose en la fe cristina cuando conquistaba otros territorios paganos.

Por supuesto, los obispos eran bien recompensados por el emperador, construyéndose basílicas y lugares de estudio para su religión fruto de la curiosidad de Constantino por dichas creencias.

Esta expansión influye en la diseminación de nuevos creyentes, bien por miedo a ser castigados por los romanos, o bien simplemente se unen a la masa popular que los apoya. El hecho es que, el cristianismo ganó muchísima popularidad en años y siglos venideros, manteniéndose siempre una dualidad simbiótica entre Estado e Iglesia, solo siendo apartada en breves periodos y en ciertos países.

El cristianismo fue sin duda, una gran herramienta utilizada por los romanos

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El problema con los dioses politeístas es la elección; tienen cientos de dioses, uno para cada cosa. Con la religión cristina no ocurre aquello, dándole al creyente todo masticado; un Dios único, unas normas rígidas y unos votos de caridad más que convenientes para aquella época, por lo que la adaptación inicial del cristianismo en sustitución de la religión pagana romana no se hace esperar, introduciéndose en las culturas de muchos países de forma gradual, casi sin que se diesen cuenta.

Siglos más tarde los ecos del cristianismo fundado en las mismas raíces del imperio romano todavía resuenan, más fuertes que nunca, hasta que una religión nueva aparezca como la “verdadera salvación” y desbanque a tan afamada creencia.

 

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