Tipos de muertes ridículas que no te podrás creer

Todo ser vivo tiene como destino final morir. La manera de hacerlo es variada aunque hay algunas que son bastante comunes para todos. Sin embargo, algunas veces la vida nos hace una mala pasada y las muertes no son ni mucho menos naturales. Eso no es lo peor, ya que algunas veces hasta parece que el universo se está riendo de nosotros. En algunas ocasiones han ocurrido muertes ridículas que hacen pensar si los que manejan los hilos del destino se burlan de nosotros. De hecho, ya hemos hablado de un caso hace algún tiempo. Estos son algunos ejemplos.

1 – Muerto por culpa de su propia barba

Hans Steininger

En este caso nos tenemos que ir a Austria a un día del año 1567, donde una persona muy conocida murió de una forma curiosa. Hans Steininger era alcalde en Braunau am Inn y conocido por tener la barba más larga que se conocía hasta entonces. De hecho, en el libro Guinness de los Récords sigue estando imbatido por tener esa monstruosa barba. Era su obsesión y la cuidaba como si fuera otro miembro de su cuerpo, como si fuera un brazo o una pierna. Normalmente llevaba la larga barba enrollada para que no le molestara al andar.

Sin embargo, en el fatídico día en el que murió llevaba la barba suelta. Hubo un gran incendio en la ciudad de Braunau am Inn, y todo el mundo corría de un lado a otro huyendo de las llamas. Las casas y edificios se incendiaban y había que correr para salvar la vida. En el caso de Steininger tuvo la mala suerte de tropezarse con su barba y caer al suelo bruscamente. Al  caer se rompió el cuello. Su muerte le hizo célebre en la localidad donde era alcalde y se le sigue recordando. Aun así, es una de esas muertes ridículas que nadie quisiera tener.

2 – Los fulares también matan

Isadora Duncan

Hasta con los fulares hay que tener cuidado, y si no te lo crees te contamos la historia de Isadora Duncan. Esta mujer fue conocida como una pionera de la danza moderna, empezando su carrera en los años 20. La mala suerte le llegó por medio del regalo de un amigo, el cual le regaló un largo fular. El problema del fular era que su tamaño era demasiado grande. Aunque era una preciosa pieza de seda de color rojizo, le sobraba a la bailarina por todos lados. Aun así, Isadora Duncan se lo ponía ya que le gustaba mucho.

En septiembre de 1927 tuvo que actuar en Niza, Francia. Estando en esta ciudad costera la invitaron a dar una vuelta en coche para conocer Niza. Cuando se subió al coche no se dio cuenta de la punta de su fular se había enganchado con una de las ruedas del vehículo. Al arrancar el coche el fular hizo de soga y le rompió el cuello de inmediato. Duncan murió al instante. Curiosamente, la bailarina había tenido mala suerte con los coches a lo largo de su vida. Se vio involucrada en varios accidentes. De hecho, dos de sus hijos habían muerto ahogados al caer el coche en el que iban en un río.

3 – Nunca intentes explicar un suicidio a nadie

Clement Vallandigham

Si existe una categoría de muertes ridículas una que hay que incluir es suicidarse sin querer hacerlo. Durante un juicio celebrado en Ohio en junio de 1871, un abogado llamado Clement Vallandigham estaba defendiendo a un supuesto asesino. Su defensa se basaba en que su cliente no había matado a la víctima, sino que esta se había suicidado.

Antes del juicio el abogado se había desplazado al lugar del crimen para hacer una simulación de lo que había pasado. Incluso se llevó una pistola cargada. Después de hacer una representación de lo que pudo pasar frente al fiscal y representantes del tribunal, todos abandonaron el lugar. Vallandigham se fue a su hotel con la pistola, la cual todavía tenía tres balas. El problema era que llevaba también la pistola que en teoría había sido usado para el crimen, la cual estaba descargada.

De alguna manera parece que Vallandigham dejó ambas pistolas encima de una mesa mientras buscaba algo. Cuando lo volvió a guardar confundió ambas pistolas donde normalmente tenían que estar guardadas. Esa misma noche hizo otra demostración del juicio en la sala del propio hotel. El pensaba que llevaba la pistola original descargada y simuló un suicidio delante de algunos clientes curiosos. El problema es que había cogido la pistola con las tres balas restantes. Se voló la cabeza frente a su audiencia, muriendo por querer representar el supuesto suicidio de la víctima.

4 – Comprobando la seguridad de una ventana

Garry Hoy

En este caso se trata de otra demostración como la anterior, la cual también salió bastante mal. Ocurrió en Toronto, Canadá. La demostración la hizo Garry Hoy en un rascacielos recién remodelado donde habían puesto unas grandes cristaleras para tener unas impresionantes vistas. Garry Hoy tenía la costumbre demostrar la solidez de las cosas. En el caso de los ventanales del rascacielos, se había quedado impresionado del trabajo que habían hecho los cristaleros. Estos grandes ventanales eran teóricamente muy sólidos y Garry Hoy estaba convencido de que eran a prueba de bombas.

En Julio de 1993 Garry Hoy quiso hacer una demostración práctica de sólidas que eran estas ventanas de cristal. Trabajaba en la planta 24 del rascacielos y eso daba a la demostración más fuerza. Delante de unos estudiantes que habían ido de visita al edificio, quiso mostrarles lo seguros que eran las ventanas. La forma de hacerlo fue coger carrerilla y estrellarse contra ellas. Las primeras veces simplemente rebotó, como era de esperar. Sin embargo, en uno de los intentos el cristal se descolgó del marco y el hombre cayó 24 pisos hacia su muerte.

5 – El robot que mató a un humano

Kenji Urada

Vivimos en la era tecnológica y es normal que haya accidentes con las máquinas. Se puede decir que ya trabajamos con una gran cantidad de robots automatizados que hacen muchos de los trabajos para nosotros. A principios de los años ochenta estos robots no eran tan comunes todavía pero ya se utilizaban. En Japón ocurrió uno de los primeros accidentes mortales que se tienen registrados con este tipo de máquinas.

Lo catalogamos como una de las muertes ridículas porque pudo ser evitado con facilidad. Kenji Urada era un operario de mantenimiento en la compañía Kawasaki. Una de las máquinas se había averiado por lo que fue a ver lo que pasaba. La maquinaria tenía una zona de seguridad que no debía ser traspasada, pero Urada tuvo que meterse para verificar algunas cosas.

Accidentalmente apretó un botón de encendido, lo cual activó un brazo robot que movía piezas de motor. El mecanismo lo aplastó contra otra máquina, pero seguía vivo. El problema es que ninguno de los otros trabajadores que había ahí sabía como apagar la máquina. Después de un buen rato de agonía Kenji Urada murió porque nadie sabía qué hacer. Después de este accidente la compañía introdujo fuertes medidas de seguridad para que no volviera a pasar. Esto entra en el grupo de muertes ridículas que no tenían que haber pasado.

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