Ha habido muchos asesinos en serie a lo largo de la historia, algunos más terribles que otros. Hay algunos que no son tan recordados pero que tienen detrás una terrible historia que inquietaría al más valiente. Karl Denke fue un miembro muy respetado de su comunidad y nadie podía sospechar como era realmente. En la localidad de Ziebice (Polonia) en la que vivía le llamaba afectuosamente Papa Denke, ya que todos le tenían como una buena personas que ayudaba a todo el mundo. Karl Denke tocaba el órgano los domingos en misa. También ayudaba a los más necesitados a los cuales les ofrecía comida sin pedir nada a cambio.

Los orígenes de Karl Denke

Cuando hablamos de asesinos en serie solemos pensar que de niños fueron maltratados y que les gustaba torturar y matar animales. El caso de Karl Denke es diferente a lo que se puede esperar. Venía de una familia muy opulenta y muy respetada de granjeros que vivían en la frontera de Polonia con Alemania. Nació en 1870 y no tuvo una infancia mala, aunque si fue algo problemático. En la escuela no era muy bueno y su familia le presionó bastante para que se esforzara más.

La presión hizo que Karl Denke con solo doce años se escapara de casa. Esto hizo que sus padres finalmente se rindieran y aceptaran que no era un buen estudiante. En lugar de estudiar se metió a aprendiz de jardinero. Cuando el padre de Denke murió Denke recibió una considerable herencia. Con 25 años se vio con dinero y decidió comprarse una pequeña granja propia. Sin embargo, la cosa no funcionó y tuvo que venderla perdiendo dinero en la transición.

Con el dinero que le quedaba se fue a vivir a Ziebice. Se compró una casa de dos plantas y alquiló una pequeña tienda justo frente a la casa. En este pequeño negocio empezó a vender cinturones de cuero, tirantes, cordones de zapatos y otras cosas parecidas. La localidad de Ziebice era muy pequeña con solo ocho mil habitantes, pero aun así el negocio le daba para vivir. Karl Denke también empezó a vender en su tienda jarros con carne de cerdo adobada.

Un miembro muy querido en la comunidad

Aparte de poner su tienda, se presentó voluntario a la iglesia local del pueblo. De joven había dado clases de piano por lo que empezó a tocar el órgano en las misas de los domingos y otros eventos. También se encargó de llevar las cruces a los entierros que se daban en la localidad. En estos funerales siempre se acercaban vagabundos y mendigos que iban de paso para ver si les daban algo. Precisamente en estos funerales Denke contactaba con esta gente necesitaba y la ofrecía comida y un lugar donde dormir por unos días. Después podían seguir su camino.

El problema era que en la casa de Karl Denke no solo les esperaba comida y una cama. Al menos cuarenta vagabundos nunca llegaron a salir con vida de la casa de Denke.

Los asesinatos no ocurrieron de la noche a la mañana. Fue a raíz de una terrible inflación en Alemania tras la primera guerra mundial. La vida en Europa se había puesto muy complicada y afectó a la economía de Denke. Tuvo que vender su casa de dos plantas y los compradores la convirtieron en uno complejo de apartamentos. Denke alquiló dos de las habitaciones de lo que había sido su propia casa. Vivía en una de las habitaciones y la otra la tenía por motivos caritativos dejando que los pobres y mendigos de paso durmieran ahí.

Nadie podía sospechar lo que realmente estaba pasando

Los tiempos eran difíciles para todo el mundo en 1921, y esto era igual de cierto en Ziebice. Cada uno intentaba subsistir como podía y no se preocupaba quién llegaba o salía del pueblo. Nadie sospechó nada sobre Karl Denke y lo que estaba haciendo. Los vagabundos nunca llegaban a salir vivos de la tienda que tenía. Lo más terrible es que se convirtieron en otro de los productos que Denke vendía.

Karl Denke decidió que podía procesar las personas que mataba para convertirlas en diferentes productos de su tienda. Los cinturones de cuero y otros objetos no eran de animal sino que los hacía de las personas que mataba. Los jarros de carne adobada ya no eran de cerdo sino de las víctimas que aceptaban la hospitalidad de Denke.

Nadie sospechó nada de Denke por varios motivos. Para empezar, era muy querido y pensaban que tenía un gran corazón por lo que hacía. No faltaba nunca a la iglesia y estaba muy integrado en la comunidad. Aparte de esto, en tiempos de depresión económica seguía ayudando a los vecinos, incluso estando el mismo necesitado. El motivo más grande era sobre todo el hambre. La comida no sobraba y la carne adobada de Denke era barata y un buen recurso para llenar el estómago. Nadie cuestionaba de donde salía la carne, pensando que sería de alguna granja que Denke conocía. Lo importante es que podían comer carne de forma muy barata.

El día que Karl Denke fue descubierto

Pasaron tres años donde nadie sospechó de lo que hacía este asesino en serie. No fue hasta diciembre de 1924 cuando todo cambió. Un hombre cubierto de sangre llamado Vincenz Olivier apareció por las calles pidiendo ayuda a gritos. La gente corrió a socorrerle y le llevaron a la consulta del médico que había en el pueblo. Mientras le curaban la policía le empezó a preguntar que le había pasado. Entre balbuceos pudo decir que Papa Denke le había atacado con un hacha. La policía fue a interrogar a Denke para saber lo que había pasado.

Denke les dijo que Olivier le había atacado y se tuvo que defender con el hacha. La policía vio evidencias suficientes de que esto no era verdad y le arrestaron. Sin embargo, ese mismo día Denke se suicidó en su celda ahorcándose. Esto sorprendió mucho a todo el mundo. ¿Por qué se suicidaría por una agresión que estaba siendo investigada?

La policía decidió hacer una visita a la tienda y las habitaciones que Denke tenía alquiladas. Lo primero que notaron al entrar en la trastienda de su comercio fue un fuerte olor a vinagre. Tampoco era algo raro porque era el olor típico cuando se estaba adobando la carne. Sin embargo, en la habitación de Denke encontraron una gran pila de huesos que no eran precisamente de cerdos. Eran humanos y también encontraron gran cantidad de ropas ensangrentadas. Pudieron ver claramente porque Karl Denke se había colgado en su celda. Analizaron los jarros de carne adobada y pudieron confirmar que era humana.

Conclusión

Se estimó que fueron 40 personas las que murieron a manos de Karl Denke, pero pudieron ser muchas más. No solamente las había matado y comido, sino que había hecho caníbales a mucha gente en la localidad de Ziebice sin que lo supieran. Mucha gente se preguntaba que le había hecho volverse loco. ¿Estaba enfermo mentalmente o había sido consecuencia de los tiempos tan duros? Puede que ambas cosas.

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