¿Sabes como sobrevivir un invierno nuclear?

Hemos hablado antes de las consecuencias de una guerra nuclear y lo que pasaría después. Una de las consecuencias sería posiblemente un invierno nuclear. Uno de estos inviernos atómicos no es algo que uno quiera ver a lo largo de su vida. Hasta el momento hemos podido evitar un escenario de este tipo, aunque ha habido ciertas ocasiones donde una guerra nuclear pudo ser inminente. De todos modos, hoy hablaremos del invierno nuclear y algunos consejos de cómo sobrevivir.

El invierno nuclear en si es un concepto que no está del todo demostrado. Todo son teorías que los científicos han estimando en caso de una guerra con armas nucleares. Piensan que en una guerra total toneladas de hollín inundarían la estratosfera y se dispersaría por todo el mundo con los vientos. Esto bloquearía el sol y haría que la temperatura bajase de una forma radical. Las cosechas morirían y los animales poco después. La falta de alimentos llevaría a la raza humana a una situación cercana a la extinción.

Uno de los problemas es que un invierno nuclear podría durar muchos años en desaparecer. Volver a poner en marcha la civilización tal como la conocemos sería una tarea muy complicada. Aun así, hay ciertas cosas que podemos poner en práctica para sobrevivir hasta que las cosas volvieran a la normalidad.

1 – Todos a vivir al campo

Nuclear Winter

Los que sean muy de ciudad se sentirán decepcionados con la primera medida, pero el campo sería la salvación. Para empezar, las explosiones nucleares iniciales matarían a gente dependiendo de su localización en el país. Claramente las ciudades serían uno de los objetivos principales. En las primeras horas de un conflicto nuclear entre grandes potencias morirían millones de personas, la mayoría en ciudades. Estar alejado de ellas en zonas remotas rurales da alguna opción de sobrevivir, por lo menos al principio.

Por otro lado, es buena idea evitar las zonas urbanas durante muchos años ya que la radioactividad será mayor. No solo eso, sino que las cosas no estarán nada bien debido a los pocos que hayan conseguido sobrevivir. Los saqueos en comercios dejarán por si solos un buen número de muertos para conseguir todos los recursos posibles.

2 – Olvidarse de creencias religiosas y morales

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Esto puede sonar muy duro pero en un invierno nuclear todo lo conocemos cambiaría drásticamente. Todo lo que la sociedad o la religión nos dice que es ético y moral debemos dejarlo a un lado. En el caso de que nuestra religión no nos permita comer ciertas cosas, esto es algo que hay que descartar. En el caso de ser vegetariano o vegano exactamente lo mismo. Después de una guerra de tales proporciones la comida escaseará durante mucho tiempo. Habrá que consumir cosas que nunca pensaríamos que comeríamos.

De la misma manera, las cosas se pondrán muy mal en ciertas partes del planeta. Habrá gente buena que forme comunidades para seguir adelante, pero hay que tener claro que habrá saqueos, pillajes, violaciones y asesinatos. Es importante armarse para defenderse uno mismo y a los suyos. En este caso puede que toque luchar por sobrevivir y es algo que hay que asumir.

3 – Las mascotas pueden ser un problema

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Para sobrevivir mucho tiempo en un invierno nuclear todos los recursos son importantes. De hecho, tener recursos significa vivir más o menos tiempo. Las mascotas pueden ser un problema en tiempos de máxima escasez. Perros, gatos y otros animales necesitan comida, agua y cuidados. No habrá mucho después de una guerra atómica. Todos los recursos habrá que repartirlos con ellos, y eso es algo que en muchos casos no se puede permitir.

Por tanto, aunque algunos conserven sus mascotas hay que tener en cuenta que lo mejor sería liberarlos. De hecho, en muchos casos los animales tendrían más opciones de sobrevivir por su cuenta, aunque muchos morirían por las duras condiciones. Es mejor liberarlos por otro motivo más chocante, y es que podría llegar el momento de no tener nada que comer y tener que recurrir a comerse las mascotas. Por otro lado también sería un modo de tener más recursos. Sin embargo, ¿quién quiere comerse a una mascota que hemos querido como un miembro de la familia más?

4 – Hay que buscar un buen sitio para refugiarse

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Uno de los mayores peligros después de una guerra nuclear y el consiguiente invierno nuclear es el intenso frío. Como se ha dicho, el humo y hollín taparan por completo el sol incluso por décadas. Hay que tener como prioridad conseguir ropas de abrigo especial que nos aísle del frío. Por otro lado, la capa de ozono se verá afectada en un invierno nuclear y la radiación ultravioleta será otro gran enemigo. Hay que estar el menor tiempo posible a la intemperie y conseguir un buen refugio.

5 – Armarse como si fuéramos a la guerra

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Ya se ha comentado antes pero es tan importante que dedicamos una sección al tema de armarse. En algunos países será más fácil o difícil conseguir armarse, pero es algo que hay que hacer. Los robos y abusos serán constantes y protegerse será otra de las grandes prioridades para sobrevivir. En algunos casos la falta de alimentos hará que muchas personas recurran al canibalismo. No solamente habrá que protegerse de la gente sino de posibles animales hambrientos.

En el tema de caníbales, es algo inevitable que ocurra con el paso de los años. En este aspecto hay que saber diferenciar muy bien quién es amigo y quién un posible depredador. Lo cierto es que lo que no se suele decir es que carne humana de forma prolongada puede producir la enfermedad de Kuru. El Kuru provoca mareos, deterioro de los movimientos al andar, temblores e incluso estallidos de risa incontrolada. Si alguien tiene algunos de estos síntomas, podría haber comida personas. El Kuru es mortal por lo que nada de comerse a la gente, aunque sea un invierno nuclear.

6 – Los insectos pueden ser un recurso importante

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La reducción de luz solar y lluvia ácida que hay en un invierno nuclear dejará las cosechas inservibles. De hecho, las tierras no servirán para plantar nada durante mucho tiempo. Los insectos son los que más posibilidades tienen de sobrevivir, como son las hormigas, grillos, avispas, saltamontes, escarabajos y cucarachas. Son una importante fuente de proteínas por lo que habrá que plantearse cambiar de dieta. También contienen hierro, calcio y zinc. Será sin duda mucho mejor que hacerse caníbal.

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