La siniestra historia de Elizabeth Bathory

Si algo tenemos que tener claro, es que la realidad es casi siempre más terrible que la ficción. Para poner un ejemplo, podemos hablar del famoso vampiro Drácula y su ansia por la sangre. Lo cierto es que de nuevo la realidad es más terrible que cualquier historia de vampiros. Es el caso de la condesa Elizabeth Bathory (1560 – 1614), la cual es una de las asesinas en serie más conocidas de la historia. Esta condesa de la nobleza húngara tenía la costumbre de matar a jóvenes vírgenes y bañarse en su sangre. Por si esto fuera poco, hay más sobre sus terribles actos que puede dejar aterrorizado a cualquiera. Hablemos de la historia de Elizabeth Bathory.

La infancia de Elizabeth Bathory

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Para intentar comprender la extrema crueldad y falta de empatía de la condesa, habría que ir a su infancia. Cuando era muy pequeña hubo un incidente que puede que la empezaran a transformar en lo que fue después. Se cree que cuando tenía unos once años, un grupo de gitanos llegó a la corte para entretener a la familia de Elizabeth. Mientras estaban ahí, se supo que uno de los gitanos había vendido a sus hijos a los turcos. Debido a la guerra constante que había contra los turcos, el hombre fue sentenciado a muerte. La pequeña condesa pudo escuchar al hombre llorar durante toda la noche, y al día siguiente fue a escondidas a presenciar la ejecución.

Cómo puede que ya sepas, en aquellos tiempos las ejecuciones eran bastante bárbaras. Se puso un caballo boca abajo y se le abrió el estómago (¿qué culpa tendría el caballo?). Entonces los soldados metieron al gitano en el estómago del caballo con solo la cabeza sobresaliendo. El estómago del caballo fue cosido y solo la cabeza del gitano era visible.

Este método de ejecución era uno de los favoritos en la antigua Roma, y lo que se hacía era dejar el cuerpo del caballo muerto al calor del sol. Según el caballo se iba descomponiendo, el calor literalmente cocía al condenado que estaba dentro del cuerpo muerto. Mientras ocurría, el terrible olor y los gusanos lo torturaban hasta que al final moría del calor o las infecciones. Todo esto lo presenció la pequeña condesa, lo cual no es precisamente un espectáculo para niños.

Elizabeth Bathory se casó muy joven

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En aquellos tiempos los nobles establecían los matrimonios desde que se era muy joven. A los once años Elizabeth fue comprometida con Ference Dadasdy, que era mucho mayor que ella. Un año antes del matrimonio, la condesa quedó embarazada del hijo de un campesino. Esto no estaba bien visto en la nobleza del siglo 16. Fue enviada lejos para tener al bebé, el cual fue entregado a una familia para evitar problemas en el futuro matrimonio.

Se casó a los quince años, aunque poco después su marido se fue a combatir a los turcos. Elizabeth estuvo sola casi todo el tiempo y podía hacer lo que quisiera. Fueron en estos tempranos años donde empezó a desarrollar su carácter psicópata y de extrema crueldad. Los primeros es sufrirlo fueron sus sirvientes y los campesino que vivían en su tierras.

Una asesina muy especial

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Para empezar, Elizabeth Bathory tiene el dudoso honor de ser la primera mujer en ser un  asesino en serie. También era bastante peculiar que una mujer matara de una forma tan sádica con connotaciones sexuales. No es la primera vez que ocurre, pero normalmente estos comportamientos se dan en parejas de mujer y hombre. En el caso de la condesa, no tuvo la influencia de nadie a su alrededor. Tampoco había una motivación de poder o por temas políticos. Lo hacía por puro placer y sin ningún remordimiento. Se piensa que pudo matar a unos 600 chicas jóvenes durante sus años de locura.

No solo mataba sino que le gustaba la tortura

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Elizabeth Bathory no solo disfrutaba de baños de sangre de chicas jóvenes, sino que tenía que torturarlas primero. Para facilitar esta tarea, hizo preparar una cámara de torturas en los sótanos de su castillo. En esta cámara daba rienda suelta a sus más bajos instintos, donde miles de jóvenes mujeres pasaron un horrible calvario. Algunas veces usaba herramientas y otras sus propias manos. Cualquier cosa valía para torturar, y también le gustaba usar fuego. En otras ocasiones dejaba a las muchachas en la nieve para que se congelaran mientras ella lo veía. Otras veces las metía en agua hirviendo hasta que quedaban escaladas.

Aun siendo un monstruo, era una buena madre

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En los tiempos de Bathory cualquier persona que no era de la nobleza era propietaria de alguien y podían hacer con ella lo que quisieran. Dentro de la nobleza dependía de es status según su nacimiento. Durante la primera década del matrimonio de Elizabeth no tuvo hijos debido a que su marido estaba luchando contra los turcos. Sin embargo, luego tuvo tres hijos a los cuales cuidó extremadamente bien si lo comparamos a como trataba a los demás que estaban por debajo. Se dice que su marido también era bastante cruel con los sirvientes. La única diferencia es que el no los torturaba ni mataba.

Tuvo ayudantes para sus oscuras actividades

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Durante los años en los que cometió sus crímenes, la condesa no pudo hacerlo todo sola. Tuvo ayudantes para torturar y matar a tantas chicas. Durante los juicios que hubo después contra estos ayudantes, destacó la historia de una niña llamada Pola. Según los testimonios, Pola era una niña de doce años que trabajaba en el castillo de Bathory. Se escapó del castillo pero fue atrapada al poco tiempo y traída de vuelta. Esta huída huida hizo que la condesa se enfureciera mucho. El destino de la pequeña Pola ya estaba escrito.

Lo que hizo la condesa fue meterla en una pequeña jaula donde apenas cabía. Uno de los ayudantes de Bathory era un enano llamado Ficzko. Colgó la jaula del techo donde esta se movía como un péndulo de lado a lado. En las paredes de la habitación había puntas de metal sobresaliendo. Ficzko hizo balancearse la jaula de una pared a otra provocando que las puntas se clavaran en Pola en cada balanceo. De esta forma murió esta pobre niña.

Finalmente la condesa fue detenida

Con su condición noble, Elizabeth Bathory se creía por encima de todo, incluyendo la justicia. En aquellos tiempos la vida de los sirvientes de los nobles valía poco, y podían hacer con ellos bestialidades sin tener que sufrir las consecuencias. Sin embargo, debido a la escasez de niñas vírgenes entre los campesinos, Elizabeth empezó a matar niñas de nobles que habían caído en desgracia. Tenían los títulos de nobles pero no tenían dinero. Las familias empezaron a denunciar las desapariciones de las niñas a la justicia. Finalmente el conde Thurzo decidió visitar el castillo de la condesa.

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Cuando Thurzo llegó al castillo Bathory, se encontró algunas escenas dantescas. En el pasillo principal había el cuerpo de una muchacha. También había una chica aun viva cubierta de sangre. En las diferentes estancias del castillo había cadáveres de chicas y algunas que todavía permanecían con vida. En el sótano había un buen número de niñas colgadas del techo con grandes charcos de sangre debajo de ellas.

El conde Thurzo mandó cavar el suelo del sótano y descubrió otros cincuenta cuerpos. También encontró en las estancias de la condesa una lista donde había nombres de chicas, que supuestamente eran de sus víctimas. La lista contenía más de 600 nombres. Aun siendo una noble, había suficientes pruebas para que fuera arrestada junto a sus ayudantes.

Aunque fue arrestada, nunca fue a juicio

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Todo el mundo tenía claro que Elizabeth Bathory era una asesina sin piedad. Aun así, al ser de la nobleza recibió un trato diferente del de sus ayudantes en los crímenes. Sus ayudantes fueron a juicio, pero Bathory simplemente fue enviada al castillo bajo arresto domiciliario. Su familia empezó a usar toda su influencia para que Elizabeth Bathory quedara absuelta de sus atrocidades. Si iba a juicio y era considerada culpable, todas sus tierras serían entregadas a la corona. Por este motivo su familia consiguió que fuera castigada sin poder salir de su castillo.

Sus ayudantes recibieron un castigo mucho más duro. El enano Ficzko fue decapitado. Otras dos ayudantes femeninas que tenía fueron consideradas brujas y le fueron cortados todos los dedos de las manos antes de quemarlas en la hoguera. Algunos otros tuvieron más suerte y fueron condenados a cadena perpetua. Elizabeth Bathory murió en su castillo sin haber pagado realmente por sus crímenes. Ya no pudo volver a matar, por lo que quizá eso ya en si fuera un castigo para ella.

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