Hace unos pocos años se estrenó una película de misterio llamada “The Lighthouse” que cuenta una historia real ocurrido en 1801. Ocurrió en el faro Smalls en las costas británicas de Gales y es otra de esas historias que han quedado en boca de todos. Hay cosas que simplemente nunca se olvidan por sus siniestros detalles. Es el caso del faro Smalls y en este artículo contaremos lo que pasó.

Los faros costeros son el ingrediente perfecto para toda clase de historias de terror y misterio. De hecho, ya hemos hablado en flipada muchas veces sobre las leyendas que hay detrás de muchos de estos faros. Por algún motivo Gran Bretaña tiene muchas de estas oscuras historias llenas de fantasmas, espectros, apariciones y tragedias que se han llevado muchas vidas.

Como en cualquier leyenda o historia de fantasmas, suele haber un suceso real detrás que lo inició todo. En el caso de los faros costeros el motivo es que se asocia con naufragios, tormentas con mares enfurecidos y un ambiente muy hostil que te puede costar la vida. Algunas veces la realidad puede ser más terrible que una historia de miedo.

Los faros costeros antiguos

Hoy en día asumimos que todo está automatizado y conectado gracias a la tecnología. Tenemos Internet y toda clase de sistemas modernos que hace que todo funcione a la perfección. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos que hace relativamente pocos años la tecnología era más básica.

Los faros costeros han existido desde hace siglos ya que su función era muy importante para evitar desastres. Para dar una idea, en el mar y las costas donde no hay presencia humana, la oscuridad es casi total. Si además de esto es una noche sin luna o con nubes o niebla, la visibilidad es casi nula. Por eso la única forma de evitar desastres de barcos acercándose a la costa era usando faros como guía.

Los faros se solían construir en la misma costa o en un islote cercano a la costa que le decía a los barcos en qué punto se encontraban. Estos islotes muchas veces no eran más que rocas con algo de vegetación y poco más. No era un sitio donde la gente pudiera vivir ya que no había nada más que el faro.

El problema es que alguien tenía que estar cuidando del faro y haciendo todo el mantenimiento. Como se ha dicho, no había sistemas automatizados para hacerlo a distancia. Los cuidadores de estos faros construidos en lugares remotos no lo tenían fácil. El trabajo no era complicado pero las condiciones eran bastante duras. A eso hay que añadirle la soledad que iba incluida en el trabajo.

Las condiciones de ser operario de faro costero en el pasado

Era bien sabido que no todo el mundo valía para ser cuidador en un faro costero. Era una profesión solitaria, dura y también peligrosa. Aunque el trabajo en si no era complejo, mucha gente perdió la vida o tuvo problemas psicológicos haciendo el mantenimiento de estos faros.

En el pasado los faros costeros eran operados por compañías privadas y las condiciones de los operarios en los faros no siempre eran las ideales. De hecho, muchas veces no había garantías de que fueran relevados a tiempo. Incluso si algo malo pasaba, no sabían si serían rescatados en el tiempo estipulado. Por desgracia esto solía ser habitual cuando la compañía quebraba y no había dinero para hacer un rescate de los operarios dejados en el faro. También estaba el factor de las condiciones meteorológicas.

Muchos pensarán que tampoco era un problema, ya que los operarios y cuidadores simplemente podían abandonar el faro e irse a casa. Sin embargo, ¿Y si estabas en un islote a muchos kilómetros de la costa y con un mar embravecido de por medio?

¿Qué pasó en el faro Smalls?

El caso del faro Smalls en la costa de Gales fue uno de los más comentados durante años. Este faro se construyó en 1775 a unos treinta kilómetros de tierra firme en un islote que básicamente era una roca en medio del mar. Este faro sigue existiendo hoy en día, aunque en una versión mucho más moderna. Sin embargo, en 1801 el faro tenía un aspecto muy diferente.

El faro Smalls estaba construido sobre unos gruesos troncos de madera hechos de roble. Esto permitía que las grandes olas pasaran por el medio y a los lados de estos soportes prefabricados. La caseta donde se alojaban los cuidadores del faro estaba en la parte superior justo debajo de la lámpara que tenían que mantener siempre encendida. Como se puede suponer, esta vivienda era muy precaria con ninguna comodidad y tenía lo justo para poder refugiarse de los elementos.

En aquellos años lo habitual era que hubiera dos operarios en los faros para hacer los turnos de mantenimiento. En 1801 fueron dos hombres llamados Thomas Howell y Thomas Griffith los que se tenían que encargar del cuidado del faro de Smalls. Tendrían que pasar varios meses en completa soledad, lo cual no era nada fácil y menos en unas condiciones tan duras.

Los problemas empezaron al poco tiempo

Los dos hombres fueron llevados al islote donde estaba el faro de Smalls con provisiones y material necesario para cuidar el faro durante algunos meses. El problema es que Griffith llegó enfermo al islote, aunque no le había dado importancia hasta entonces. Después de todo era su trabajo y no quería perderlo. Pensó que era algo sin importancia y que se pasaría pronto mientras estaba trabajando en el faro.

Griffith empezó a ponerse peor estando ya en el islote, y su compañero Howell hizo todo lo que pudo para ayudarle. No tenían apenas suministros médicos por lo que la situación no era buena. Cuando habían pasado algunas semanas, la salud de Griffith se había vuelto preocupante, por lo que Howell dejó puesta una señal de socorro (en forma de bandera roja)  para que lo viera algún barco que pasara.

Hay que recordare que no siquiera había radio para comunicarse y tampoco sistemas Morse para faros. Estaban totalmente aislados en medio del mar haciendo un trabajo que los mantenía alejados del mundo. Iban pasando las semanas y Griffith llegó a un punto en el que empezó a agonizar. Howell no pudo hacer nada para ayudarle y Griffith finalmente murió.

La complicada situación en el faro Smalls

Durante un tiempo Howell tuvo el cuerpo de Griffith dentro de la vivienda en la parte superior del faro. Como es natural, el cadáver comenzó a oler mal cuando empezó a descomponerse, y Howell tenía que hacer algo para remediarlo.

Había un problema y es que todo el mundo sabía que Howell y Griffith solían discutir bastante por diferentes motivos. Howell tenía miedo de que si tiraba el cuerpo de Griffith al mar le podrían acusar de asesinato al no poder hacer una autopsia al cadáver. Howell había sido carpintero en su juventud y se le ocurrió una idea. Usando la madera de algunos muebles que había en la caseta-vivienda haría un ataúd para Griffith.

Con bastante esfuerzo, Howell hizo un rústico ataúd de madera y metió el cuerpo de Griffith dentro. Como se ha dicho al principio, la vivienda estaba arriba del todo de la torre bajo la lámpara del faro. Se subía por una escalera de mano hecha también de madera, por lo que el acceso no era fácil. El único modo de poder dejar el ataúd fuera de la vivienda era colgándolo por la parte externa del faro. Eso es lo que hizo Howell.

El ataúd quedó suspendido por la parte de afuera de la vivienda, justo frente a una de las ventanas. El problema es que el mal tiempo y las casi continuas tormentas movían el sarcófago de un lado a otro. Los golpes contra la estructura del faro eran continuos y finalmente se hizo astillas.

El tétrico cadáver colgando del faro Smalls

El ataúd quedó medio destrozado colgando de las sogas. El cadáver de Griffith no cayó al suelo y quedó también suspendido de las cuerdas y parte del astillado ataúd. Se creo una situación muy siniestra para Howell, ya que el viento agitaba el cuerpo de Griffith de un lado a otro de la ventana.

La soledad y ver continuamente el cadáver de su compañero empezó a pasar factura a Howell. Por si fuera poco, el mal tiempo no mejoraba y había continuas tormentas que no permitían que los barcos fueran a recoger a los dos hombres. Howell había puesto señales de socorro en forma de banderas debido a la situación, pero la ayuda no llegaba.

Pasaron cuatro meses y Thomas Howell seguía estando en el faro Smalls atrapado en el islote. Hacía tiempo que los suministros ya escaseaban y a la soledad se había unido el hambre y la sed. Tuvo que racionar lo que quedaba hasta que pudieran venir a ayudarle.

La compañía que gestionaba el faro Smalls sabía que los dos hombres necesitaban ayuda (todavía no sabían nada de la muerte de Griffith). Mandaron varios barcos para intentar llegar al pequeño muelle que tenia el islote, pero era demasiado peligroso. Las enfurecidas aguas impedían que se pudieran acercar.

El rescate de Howell

Rough Seas

El esperado rescate llegó después de varios meses de espera. Todo este tiempo Howell pudo ver a su compañero colgado de la ventana mientras se descomponía. Aun así mantuvo encendida la lámpara del faro en todo momento. Cumplió con su trabajo pese a las duras circunstancias en las que se encontraba.

El hambre, la sed, la soledad y el agobio de ver el cadáver de Griffith en todo momento no le hizo olvidar el motivo de estar en el faro. Lo cierto es que no le quedaba más remedio que observar el cuerpo descomponiéndose día tras día.

Precisamente al estar la luz del faro siempre encendida, hizo pensar a los equipos de rescate que la situación no era tan grave. Después de todo, seguían trabajando en el faro y todo parecía ir bien. Sin embargo, cuando el tiempo mejoró y desembarcaron en el islote, se encontraron con una escena dantesca. No solo por el cuerpo putrefacto de Griffith, sino también por como estaba Howell.

Al principio no eran capaces de reconocerle. Su aspecto físico se había deteriorado de forma extrema, y psicológicamente estaba aun peor. Le llevaron de urgencia a tierra firme y todo el mundo quedó aterrado de su aspecto. Ni siquiera sus más allegados podían saber quién era al principio.

Los cambios debidos al incidente del faro Smalls

Hubo una investigación sobre lo que había pasado en el faro Smalls. Se pudo comprobar que no había nada extraño y que Howell no tenía nada que ver con la muerte de Griffith. Sin embargo, hubo importantes cambios en la forma de hacer los mantenimientos en los faros de la época.

En lugar de que hubiera solo dos operadores, se obligó a que hubiera al menos tres personas en el mantenimiento de los faros costeros. La idea de que una sola persona tuviera que convivir con el cadáver de su compañero de trabajo durante meses era terrible. Nadie lo había pensado hasta el incidente del faro Smalls.

Hoy en día lo que pasó sería impensable, pero hablamos de otra época donde todo era muy distinto. Precisamente de estos horribles sucesos se han arreglado y solucionado cosas que hasta ese momento eran impensables. De los errores se aprende y este fue un claro ejemplo. Para que las cosas cambiaran un operador de faros llamado Howell tuvo que pasar un verdadero infierno.

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