¿Has visto alguna vez una competición de ver quién puede comer más cantidad de comida? Seguro que sí. Hay muchos videos en Internet donde se muestrea a personas comer mucho y rápido. Estos competidores claramente pueden comer muchos más que la persona media. Solo hay que ver algún video de Furious Pete o Matt Stonie para ver lo mucho que pueden consumir en un tiempo record. Sin embargo, no hubieran tenido nada que hacer contra un francés del siglo XVIII llamada Tarrare. De hecho, se le conoció como el insaciable Tarrare por su forma de comer.

Tarrare nació en la ciudad francesa de Lión en 1772 y siendo un adolescente ya mostraba su inacabable apetitito. Consumía unos 45 kilos de carne de vaca al día, lo cual dejaba evidente un desorden alimenticio poco usual. Los documentos existentes que lo describen lo muestran como decían que tenía una enrome boca con unos dientes en muy mal estado. Su anatomía era normal menos una enorme barriga que colgaba de su cintura y que era exagerada. Siempre estaba sudando y despedía un olor nauseabundo. Según se decía, en algunos momentos de estas sudoraciones la gente no podía aguantar a su lado.

Las primeras andanzas del insaciable Tarrare

Como se ha dicho, siendo muy joven comía de forma desmesurada, y en cuanto fue mayor de edad le echaron de casa. Simplemente no podían ya pagar tanta comida para Tarrare. El joven se unió a una compañía de feriantes compuesta de vagabundos, ladrones y prostitutas. Finalmente se unió a un vendedor ambulante que ofrecía curas a varias enfermedades con sus pociones. Tarrare actuaba junto a este curandero tragando piedras e incluso animales vivos. Finalmente abandonó al vendedor ambulante para dirigirse a París.

En París estuvo un tiempo realizando actuaciones callejeras haciendo lo que mejor sabía hacer, comer de todo. Frente al público comía objetos metálicos, cestas llenas de manzanas, mazorcas de maíz enteras y muchas más cosas. Sin embargo, después de una de las actuaciones tuvo una obstrucción intestinal y fue llevado de urgencia al hospital. Fue operado y pudo recuperarse. Lejos de replantearse sus hábitos para comer, le dijo al propio cirujano que le operó que le haría una demostración tragándose su reloj. El cirujano le contestó que si lo hacía le abriría de nuevo para recuperarlo.

Su entrada en el ejército

Cuando estalló la revolución francesa, Tarrare se alistó en el ejército. El problema era que las raciones que daban no eran suficientes para el extremo y continuo hambre que tenía. Tenía que rebuscar en la basura para comer lo que encontraba o dirigirse a carnicerías y mataderos para devorar las vísceras que eran tiradas. Finalmente le llevaron al hospital ya que dijo sentirse muy débil. En el hospital no se creían el increíble apetito de este hombre (de ahí le llamaron el insaciable Tarrare). Le cuadriplicaron las raciones y aun así seguía con hambre.

Los médicos militares le mantuvieron en el hospital para realizar algunos experimentos. El primero experimento fue darle comida para quince personas adultas, incluyendo dos grandes pasteles de carne y 20 litros de leche. Por absurdo y horrible que pueda parecer, le dieron animales vivos para que los consumiera. Le dieron un gato vivo, el cual se comió entero. Le abrió el pecho con los dientes para beber la sangre y luego se lo tragó. Más tarde vomitó el pelo y la piel. También le dieron perritos, lagartos y serpientes, los cuales también acabaron en el estómago del insaciable Tarrare.

Uno de los cirujanos militares de la época llamado Pierre-François Percy dijo que nunca había visto algo parecido. Después de unos meses en el hospital los militares dijeron que Tarrare tenía que volver al servicio activo. Sin embargo, los médicos planearon algo que podía ser útil para el ejército y la ciencia. Le usarían para transportar documentos importantes dentro de su cuerpo.

Las misiones secretas de Tarrare

Otro colaborador de Percy llamado M. Courville fue el que pensó en este peculiar plan. Para probar este plan le pidió a Tarrare que se tragara una pequeña caja de madera con un documento dentro. Dos días después pasó por las letrinas del hospital recuperando la caja y el documento en perfecto estado. Se volvió a repetir este experimento pero esta vez frente a oficiales militares. Esto les convenció para que hacer al insaciable Tarrare un espía. Su primera misión fue llevar un mensaje a un coronel francés que este prisionero en un fuerte prusiano.

Uno de los problemas con lo que no contaron es que Tarrare estaba muy limitado mentalmente. Su gran capacidad de consumir cosas no estaba acorde a su inteligencia. En esta primera misión solo tenía que entregar un documento al coronel y preguntarle por información de las tropas prusianas. Fue capturado nada más empezar la misión en la ciudad de Landau. Aparte de eso no tenía ni idea de hablar alemán. Después de solo un día en con oficiales de inteligencia del ejército prusiano, Tarrare confesó cual era su misión. Le llevaron a las letrinas y esperaron a que soltara la caja que llevaba en su interior.

Sin embargo, los oficiales franceses no eran tontos y en esta primera misión no enviaron a Tarrare con información comprometida. Los prusianos se encontraron con un mensaje que no les aportaba nada. Lo que hicieron es dar una brutal paliza a Tarrare y simular una ejecución. Después de esto lo liberaron viendo las limitaciones mentales de este primerizo espía. Sin embargo, Tarrare se llevó el susto de su vida y pensó que las cosas tenían que cambiar.

El intento de cura para su insaciable apetito

Regresó al hospital y pidió a los médicos que le curaran de su continuada gula. Los médicos se comprometieron a ayudarle y probaron muchas cosas. Le dieron un tratamiento de opio, pastillas de tabaco, vino agrio,  gran cantidad de huevos hervidos para controlar su apetito y muchas más cosas. Todo ello no sirvió de nada. Tenía la misma ansia de comer de siempre. Para poder saciar su terrible hambre volvió a visitar carnicerías y callejones donde se tiraban las sobras. Competía con perros y otros animales para conseguir cualquier cosa comestible que hubiera en la basura.

Cuando volvía al hospital bebía la sangre de pacientes heridos que se habían puesto en recipientes. Le echaron varias veces de la morgue del hospital intentando comerse a los muertos que ahí había. Su hambre era peor que nunca y estaba descontrolado. Por este motivo y viendo el comportamiento de Tarrare, algunos médicos del hospital pensaron que lo mejor era mandarle a un manicomio. Sin embargo, el doctor Pierre-François Percy se negó a esto y Tarrare continuo en el hospital.

El decadente final del insaciable Tarrare

El insaciable Tarrare seguía en el hospital gracias a Percy y su intención de curarle. Sin embargo, algo terrible ocurrió que cambio todo. Un bebé desapareció de la zona de maternidad del hospital. Tarrare fue el principal sospechoso y le acusaron de haberle raptado para comérselo. No tenían pruebas de ello y no le pudieron detener. Aun así, esto hizo que fuera expulsado del hospital.

Los siguientes cuatro años de Tarrare no están claros y hay poca documentación de lo que hizo. En 1789 apareció en un hospital de Versalles con claros síntomas de estar muy enfermo. Fue internado y apenas se podía levantar de la cama. Tarrare creía que sus problemas de salud habían empezado al haberse tragado un tenedor de oro. Sin embargo, los doctores pudieron comprobar que tenía tuberculosis. Tenía una fuerte diarrea que le llevó a morir solo unos días más tarde.

El estudio del cuerpo

En un principio los médicos descartaron hacer una autopsia ya que el cuerpo se había deteriorado rápidamente. Sin embargo, el cirujano jefe del hospital de Versalles decidió ver como era Tarrare por dentro. Pudo comprobar que su esófago era inusualmente grande. De hecho, cuando la abrían las mandíbulas podían ver desde la boca todo el camino al estómago, el cual era también gigantesco. El estómago cubría casi toda la cavidad abdominal. El hígado y la vesícula biliar eran también muy grandes. El terrible hedor que provenía del cuerpo hizo que el cirujano no pudiera continuar la autopsia.

El caso de inacabable hambre de Tarrare nunca tuvo un diagnóstico médico. No hay ningún caso que se le parezca en la medicina moderna. Su caso fue estudiando por algunos de los mejores médicos de Paris en aquella época y no pudieron saber lo que lo causaba. El cirujano Pierre-François Percy escribió en sus memorias “Piensa en un conjunto de animales domésticos y salvajes, incluyendo los más voraces y carroñeros. Luego piensa en su capacidad de devorar alimentos y así te harás una idea del apetito que tenía Tarrare”.

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