En muchas películas de terror hemos podido ver como los experimentos médicos son algo que realmente asustan. De hecho, todo lo relacionado con experimentos con personas nos hace pensar en algo doloroso y terrorífico. La realidad es que poco se sabe del sufrimiento y dolor que ha sido causado durante siglos en nombre de la ciencia y la medicina. Sin embargo, existen algunas historias que finalmente salieron a la luz y son de dominio público. Algunos experimentos pueden parecer inofensivos y hay otros que pueden revolver el estómago hasta del más duro. Los experimentos con niños, animales y gente desfavorecida es particularmente horrible por ser más vulnerables.

Hace poco más de un siglo no había tantas leyes para proteger a los indefensos. Muchos médicos, cirujanos y científicos podían experimentar con más libertad, y lo hacían tanto con los vivos como con los muertos. A continuación hablaremos de los experimentos más deleznables que conocemos, pero lo peor es que muchos de los más horribles nunca se conocerán. Aun con resultados positivos en algunos de estos experimentos, la forma de hacerlo no tiene nada de ético.

Vacunas contra la tuberculosis

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A principios del siglo 20 muchos médicos estaban desesperados intentando encontrar una cura contra la tuberculosis. No solo se quería curar sino inmunizar a la población. En un hospital de Washington Unos científicos decidieron saltarse cualquier protocolo y buscar la solución con un grupo de niños de familias pobres. Inocularon a diez niños el bacilo de la tuberculosis y cultivos de una variante llamada Koch. Lo hicieron sin el consentimiento de la familia o los cuidadores de los que eran huérfanos.

Cuando el experimento fue descubierto los médicos se negaron a decir los nombres de los niños con quien habían experimentado. Dijeron los padres de los niños eran demasiado ignorantes para saber lo importante que eran los experimentos. Mientras que era innegable que había que buscar una solución a la tuberculosis, hacer pruebas con niños de familias desfavorecidas era realmente un acto de maldad y una violación de los derechos humanos. Finalmente en 1921 dos científicos franceses consiguieron una vacuna contra esta terrible enfermedad.

Las camas de la Cólera

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Varios países tienen su propio historial de este tipo de experimentos, sobre todo cuando se trata de enfermedades infecciosas. Inicialmente la idea era la misma, y era saber cómo se extendía y como se podía parar. A finales del siglo 19 en Rusia se estaba buscando una solución al Cólera y a la vez investigando los efectos en una persona y como se contagiaban.

Se decidió experimentar en una cárcel estatal con presos con delitos de sangre. Se pusieron a cuatro hombres en camas donde había muerto gente de Cólera. Después de haber dormido en estas camas, los hombres no mostraron signos de la enfermedad. El siguiente paso fue hacer que durmieran en cuatro diferentes, las cuales estaban limpias. Esta vez se les dijo que los anteriores dueños de las camas habían muerto de Cólera. Se dice que tres de los hombre murieron unas horas después de Cólera.

Durante la epidemia de Cólera del siglo 19 los médicos pudieron ver que la enfermedad no se transmitía de una persona a otra. El motivo era beber agua contaminada. Este es el motivo por el que los presos no se contagiaron al dormir en las camas “infectadas”. Parece ser que los presos que murieron podrían haber bebido agua que ya estaba infectada, lo cual llevó a esta confusión.

La teoría de la felicidad

La historia está llena de experimentos que pueden resultar extraños y casi ridículos. Un médico francés declaró en un periódico de París que la felicidad podía ser transferida de una persona a otra. Para probar su teoría hizo que personas que se consideraban felices llevaran una herradura en la cabeza. La idea es que las herraduras se “magnetizaran” con las ideas felices de la gente. Entonces las herraduras eran entregadas a gente triste o melancólica para que las llevaran en la cabeza también.  Este médico creía que la herradura transferiría la felicidad a la persona triste. Parece que la sugestión jugaba un papel importante, ya que hubo gente que realmente se sintió feliz con la herradura.

El experimento del soldado

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En este experimento también entra la sugestión, aunque se podría considerar como una broma cruel hoy en día. En la guerra que enfrentó a España y Estados Unidos en Cuba a principios del siglo 20, hay una historia que cuenta como un joven teniente y un cirujano tuvieron un desacuerdo y decidieron solucionarlo con un duelo. El modo de pelear fue sugerido por el cirujano. Se trataba de coger unos granos de café, unos inofensivos y los otros con ácido inyectado previamente. Otros dos cirujanos prepararon estos granos de café y volvieron a donde estaban esperando el teniente  y el cirujano.

Los cirujanos dejaron los dos puñados de granos en una mesa y dijeron que uno de los puñados contenía el ácido y que sería mortal. Realmente lo que habían hecho era mojar uno de los puñados de grano con un aceite de gaulteria que sabía agrio, pero sin peligro. El cirujano cogió uno de los puñados de granos de café y se lo comió, sabiendo que no tenía de que preocuparse. El teniente se comió sus granos y saboreó el aceite. Se puso de repente muy pálido pensando que había tomado el ácido. El cirujano le dijo que si tenía algo que dice lo dijera rápido, porque no le quedaba tiempo.

Sin embargo, el teniente no tuvo tiempo de decir nada. Cayó redondo al suelo intentando pronunciar unas palabras. El cirujano le dijo que su lengua se quedaría paralizada en un momento y no podría decir nada. El teniente se estaba poniendo cada vez peor. Cuando estaba a punto de desvanecerse, le trajeron whiskey y le confesaron que no había tomado ácido y que todo había sido un experimento médico. Querían probar si se podía matar a alguien solo con el poder de la sugestión.

La reanimación de las cabezas muertas

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Una de las cosas más sorprendentes de los experimentos médicos de hace más de un siglo, no es solo lo macabros que eran, sino que se explicaban con todo detalle en los periódicos. Uno de estos experimentos fue realizado en 1866 en Francia, donde cuatro reos fueron pasados por la guillotina. Sus cabezas y cuerpos por separado fueron entregados un grupo de cirujanos para experimentar. El experimento se describió de la siguiente forma:

Cerca de los cuerpos se pusieron las cuatro cabezas enrollados en toallas. La disección comenzó de inmediato. Los cuerpos estaban todavía calientes. El corazón todavía se contraía bajo estímulos externos, como también la aorta. Esto era más evidente cuando se aplicaban descargas eléctricas. Las descargas luego se aplicaron a las cabezas. Después de 20 minutos, uno de los médicos aplicó una fuerte descarga a las cuatro cabezas, lo cual hizo que mostraran una horrible mueca. Una de las cabezas tenía un lápiz entre los dientes, el cual rompió en dos pedazos.”

Inyecciones de sudor

En 1898 se hizo un curioso experimento donde un sujeto fue puesto en una sauna y luego le sacó muestras de sudor para hacer pruebas. Se encontraron gérmenes en el sudor y se llegó a la conclusión de que el sudor liberaba bacterias que estaban dentro del cuerpo. Se pensó que se podían hacer diagnósticos de ciertas enfermedades solo analizando el sudor. En unos crueles experimentos realizados con animales de laboratorio, se inyectaron dosis de sudor para ver como reaccionaban a estas bacterias y luego poder curarlos. Luego se descubrió que el sudor genera un antibiótico natural que puede matar varias bacterias peligrosas para nosotros.

El caso del resucitado

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Un artículo de 1879 que explicaba cómo se había resucitado durante un corto periodo de tiempo a un cadáver. El experimento se hizo con un hombre que había sido ahorcado por matar a su esposa. Su cuerpo fue donado a la ciencia y el experimento se hizo en una clase con jóvenes médicos. La idea era ver hasta qué punto se podían restaurar las funciones vitales de una persona que había fallecido hace unas horas.

Se insufló aire en los pulmones del ajusticiado con unos balones especiales. La sangre coagulada fue quitada y se le inyectó una extraña mezcla de sangre de oveja y leche calentada a la temperatura corporal de un cuerpo humano. Unos cables conectados a una batería fueron insertados en dos agujeros que se habían hecho en el cráneo. Entonces se aplicó la electricidad. El profesor que dirigía el experimento notó un pulso en el cuerpo muerto, y los estudiantes pudieron ver como el sujeto empezó a mover los globos oculares. Parece ser que fue un momento muy emocionante porque parecía que habían tenido éxito.

El siguiente paso fue apagar todos los aparatos que había usado para hacer la reanimación. El pulso empezó a ser errático pero las pupilas continuaban respondiendo a la luz. Según atestiguaron algunos testigos, el corazón empezó a latir de forma estable y la cara adquirió un mejor color. En un momento dado parecía que el cuerpo quería toser. El profesor hizo algunos agujeros más en el cráneo aplicando nuevas conexiones eléctricas. Esto causo que las piernas se movieran y la lengua se salió de la boca.

Cuando todos los equipos fueron retirados del cuerpo, el cuerpo continuó tosiendo y comenzó a tener convulsiones. El  cuerpo murió por segunda vez aquel día según el reporte del equipo médico que hizo el experimento.

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