Siempre estamos hablando de los campos de concentración nazis como los sitios más terribles donde se reunieron grandes masas de gente para su exterminio. Sin embargo, hay otros sitios igual de terribles que son menos recordados. El comunismo en muchos países fue igual de terrible que el nazismo cuando se trataba de encerrar y eliminar a los que no pensaban como ellos.

Desde la revolución Bolchevique en 1917 el siglo XX dio un giro muy grande en cuestión de ideologías. Rusia fue el primer país donde se estableció el comunismo, el cual se extendería por varios países del mundo. Los diferentes regimenes usaron la censura y varios métodos para “reeducar” a sus ciudadanos. En muchos casos eran usados directamente para eliminar a adversarios.

Los campamentos de terror menos conocidos

En Rusia los Gulags de Siberia se hicieron muy famosos años después por ser verdaderos campos de los horrores. Pero no fueron los únicos y de hecho algunos en particular fueron especialmente siniestros. El Experimento Pitesti en Rumania es uno de los más horribles que se pudo ver en el régimen comunista.

El Experimento Pitesti ocurrió en entre el año 1949 y 1951 y según muchos testigos incluso muchos oficiales rusos lo veían con horror. Era un programa de reeducación para disidentes del régimen comunista, y se realizó en la prisión de Pitesti. Los encargados de reeducar a los presos fueron Eugen Turcanu y Ana Pauker.

Ambos pusieron en marcha un laboratorio en la prisión de Pitesti con la idea de reconvertir a muchas personas a la ideología “del pueblo”. Entre los que había en la prisión había sacerdotes ortodoxos y católicos, judíos acusados de sionistas, intelectuales y miembros de la burguesía.

La reeducación como meta principal

La estancia en la prisión de educación era realmente una forma de tortura psicológica mezclada con algunos castigos físicos. La idea era romper el espíritu de los presos y reconvertirlos de tal manera que nunca dudaran del régimen. El método de reeducación no era agradable, y era supervisado por Eugen Turcanu y Ana Pauker.

Las prácticas eran sobre todo escatológicas donde los que no renunciaban a la cristiandad, tenían que “hacer la comunión” de nuevo. En este caso se les daba de comer una hostia consagrada hecha de excrementos. También bautizaban con orina y materia fecal a los que estaban presos por motivos religiosos. Era práctica común que todas las mañanas tres presos fueran “bautizados” con estos elementos si no renegaban de su fe.

Todo este suplicio se repetía varias veces al día junto a la falta de alimentos para mantener a los presos débiles. Puede parece una forma de tortura más, pero parece que había un sentido más científico a estos procedimientos. De hecho toda esta utilización de orina y excrementos se hacía sistemáticamente y siguiendo un plan.

¿Cómo funcionaba el Experimento Pitesti?

La idea de Turcanu y Pauker era obligar a la gente a sentirse culpable de sus ideales políticos y religiosos como anti-comunistas. Se buscaba romper cualquier rasgo de individualismo y para ello había que seguir un protocolo. Aparte de las sesiones de tortura escatológicas se mantenía a los presos en largos periodos de soledad.

Curiosamente no solo eran los guardias los que torturaban a los presos, sino que eran presos traídos de otras prisiones los ejecutores. Normalmente era delincuentes comunes pero leales al régimen. Tenían cierta libertad para vejar a esos presos que querían reconvertir, pero siempre era bajo supervisión de los encargados del experimento Pitesti.

A diferencia de otros presos comunes, los presos políticos solían comer con las manos atadas a la espalda y la comida en el suelo. Era otra forma de humillación para destruir el espíritu de los que se resistían a reconvertirse. Algunas veces el experimento llegaba demasiado lejos, como por ejemplo cuando los presos aliados de los guardias sugerían el suicidio a los disidentes. En este caso los guardias tenían que intervenir porque realmente no buscaban la muerte sino la reeducación.

Esto no significa que hubiera varias muertes durante el experimento Pitesti. Algunas veces estos presos “amigos” se pasaban con las personas que tenían que destruir psicológicamente. Era habitual que las torturas fueran demasiado físicas y se dieran palizas que provocaran muertes por hemorragias internas. No era lo que se esperaba del experimento Pitesti pero ocurría.

El fin de los terribles experimentos en la prisión de Pitesti

El experimento Pitesti por suerte solo estuvo un año en funcionamiento. Finalizó cuando Gheorghe Gheorghiu-Dej, el secretario general del partido comunista rumano habló con Stalin sobre Ana Pauker. Esta mujer y pionera del experimento Pitesti era la dirigente del Partido Socialista Rumano, y tenía una gran rivalidad con Gheorghe Gheorghiu-Dej.

El secretario general acusó a Ana Pauker y muchos de sus seguidores (incluido Eugen Turcanu) de ser sionistas. También se les acusó de traición al régimen, aunque fue Eugen Turcanu el que al final acabó frente a un pelotón de fusilamiento. Ana Pauker tenía contactos importantes y al final solo tuvo un retiro forzoso de la política con un arresto domiciliario hasta el fin de sus días

Aun estando arrestada en casa sin poder salir, le permitieron seguir trabajando y consiguió un empleo como traductora de alemán y francés para la editorial Editura Politică. Un destino bastante bueno para alguien que dedicó parte de su vida a eliminar oponentes y hacer experimentos de lavado de cerebro como el de Pitesti.

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