¿Has oído hablar del Síndrome de Estocolmo? Seguro que en los medios de comunicación o en alguna película has escuchado este término. Básicamente se trata de cuando las víctimas de un secuestro o retención contra su voluntad, acaban por ponerse de lado de sus secuestradores. Es un curioso caso de dependencia psicológica que se ha dado en muchas ocasiones, pero no fue llamado Síndrome de Estocolmo hasta el año 1973. ¿Sabes la historia de porque se llamó así?

El término fue acuñado por el criminólogo y psiquiatra sueco Nils Bejerot. Todo empezó en un pueblo llamado Norrmalmstorg, pero finalmente para todo el mundo se convirtió en el Síndrome de Estocolmo. El término no existía hasta que hubo el atraco de un banco en Norrmalmstorg y donde se tomaron rehenes. Como en cualquier situación con rehenes, las primeras horas fueron de mucha tensión y miedo. Sin embargo, según pasaba el tiempo los rehenes empezaron a perder el miedo y desarrollaron una cierta simpatía por sus captores.

El atraco al banco de Norrmalmstorg

En una mañana de Agosto de 1973 un criminal recién salido de la cárcel llamado Jan-Erik Olsson entró en el banco Sveriges Kreditbanken. Entró armado con un subfusil y empezó disparar al techo antes de decir una sola palabra. A continuación dijo que era un atraco y que la fiesta acababa de comenzar.

Cuando el atracador había empezado a disparar, uno de los empleados pulsó el botón de alarma. Dos policías fueron los primeros en llegar al banco e intentaron convencer a  Olsson de que se entregara. Contestó a los policías con una serie de disparos, alcanzando en la mano a uno de ellos. Capturó al otro y lo ató a una silla y le dijo que cantara algo. El policía se vio obligado a cantar una canción mientras cogió a cuatro trabajadores del banco y los encerró en el sótano.

Llegaron más policías y comenzó una negociación entre Olsson y las autoridades. A cambio de los rehenes pidió varias cosas. Lo primero era que un compañero de prisión llamado Clark Olofsson fuera liberado y llevado al banco. Luego pidió dinero, dos pistolas, chalecos antibalas, cascos y un coche que fuera rápido. El gobernador permitió que Olofsson fuera liberado de prisión para que sirviera de medio de comunicación con Olsson y la policía. En solo unas horas le fueron concedidas al atracador lo que había pedido.

Le dejaron en la puerta del banco un Ford Mustang con el depósito lleno. Lo único que el gobernador pidió a Olsson y su amigo Olofsson fue que dejaran libres a los rehenes. Sin embargo, la idea que tenían era que los rehenes fueran con ellos para asegurar su seguridad al salir del banco. Al no llegar a un acuerdo inmediato Olsson habló con el primero ministro sueco amenazando con matar a uno de los rehenes. Dijeron que matarían a una joven llamada Kristin Enmark si no accedían a sus peticiones.

El atraco se hizo eco en el mundo entero

Según pasaba el tiempo el atraco fue ganando repercusión mediática, y periódicos de todo el mundo empezaron a poner el ojo en lo que pasaba. Docenas de periodistas llegaron de todas partes para cubrir la noticia. Las autoridades no sabían muy bien como terminar esta tensa situación. Se empezaron a trazar planes de todo tipo, algunos siendo realmente ridículos. Mientras que todo el mundo fuera del banco estaba preocupado de cómo sería el desenlace, dentro del banco ocurrió algo extraño.

Al poco tiempo de haber amenazado Olsson con matar a la joven rehén, hubo otra llamada al primer ministro. En esta ocasión la llamada era del grupo de prisioneros dentro del banco, siendo Kristin Enmark la portavoz del grupo. Dijo que no tenían ningún miedo de los secuestradores. De hecho, expuso si decepción de cómo se estaba tratando a los atracadores. Pidió al primero ministro en nombre de todos que los dejaran libres.

La amistad entre atracadores y rehenes

Se pudo comprobar que mientras todo el mundo fuera estaba realmente asustado de lo que podía pasar, dentro se había formado una amistad entre los rehenes y sus captores. Parece ser que los secuestradores habían sido amables con los rehenes en algunas cosas. Por ejemplo,  Olsson había dado una chaqueta a Kristin Enmark cuando tenía frío. También la había calmado durante una pesadilla que tuvo, e incluso le dio una bala como amuleto de la suerte.

Otra rehén llamada Birgitta Lundblad también fue tratada bien por los captores. Se le permitió llamar a su familia, y cuando no los localizó al principio la animaron a que siguiera intentándolo. Otra de los rehenes tuvo un ataque de claustrofobia, y los dos atracadores le permitieron que se diera una vuelta por los pasillos del sótano. Otro de los rehenes llamado Sven Safstrom también admitió que los captores eran muy amables. Lo curioso era que le habían amenazado con dispararle en una pierna, pero Safstrom lo vio como un gesto noble al no querer matarle.

El fin del atraco y el principio del Síndrome de Estocolmo

Seis días después de que comenzara el atraco en el banco de Norrmalmstorg, se llegó a una decisión. Debido a las continuas demandas de misericordia para los atracadores, parecía complicado hacer un asalto y sacarlos a la fuerza. Lo que hicieron fue lanzar gas lacrimógeno. Tanto Olsson como Olofsson se rindieron de inmediato. Cuando la policía dijo que los rehenes salieran del banco primero, estos se abrazaron a los secuestradores. Insistieron que querían salir con ellos a la vez, por temor de que si les dejaban detrás la policía los dispararían.

Incluso cuando los atracadores fueron arrestados y llevados a comisaría, los rehenes los seguían defendiendo con pasión. Este inexplicable comportamiento fue algo que confundió a todo el mundo. La increíble simpatía que sentían los rehenes por sus secuestradores fue llamado el Síndrome de Estocolmo.

Pasados varios meses los que habían sido rehenes empezaron también a replantearse su comportamiento. Decían que no entendían como podían sentirse así. Aunque sabían que sus sentimientos hacían los secuestradores eran ilógicos, seguían sin poder odiarlos o sentir algo malo por ellos.  Este vínculo emocional entre victima y secuestrador recibió para siempre el término Síndrome de Estocolmo, y es algo que sigue sorprendiendo tanto a profesionales como a la opinión pública.

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