La Capilla Sixtina existió mucho antes de que el pinto Miguel Ángel fuera encargado de pintar su bóveda. De hecho, cuando el Papa Sixto IV la consagró, el artista solo tenía ocho años. Poco sospechaba que se convertiría en una parte importante de la historia del arte. Aun así, la Capilla Sixtina sirvió para un propósito importante antes incluso de que se hicieran las pinturas.

Se ideo como lugar de culto pero también para la defensa. Se empezó a construir para reemplazar la asamblea de los miembros de la élite tanto religiosa como política. El edificio se terminó en 1481 y se construyeron altas y robustas paredes para defender cualquier ataque que se hiciera al vaticano. Se piensa que la idea de cómo hacerlo está basada en el antiguo templo de Salomón en Jerusalén dadas sus dimensiones, según la Biblia. Varios estudios han mostrado que las distancias y como el arquitecto Baccio Pontelli hizo este edificio, coinciden bastante con las del templo de Salomón. En otras palabras, es muy difícil que sea una coincidencia.

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La Capilla Sixtina tenía también como misión ser la capilla personal del Papa Sixto IV. Hoy en día sigue haciendo esta misma función. La capilla siempre fue principalmente para el uso privado de los Papas. También se usa como punto de reunión de los cardenales cuando tienen que elegir un nuevo Papa.

Miguel Ángel no es el único que muestra su obra en la capilla

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Antes de que la Capilla Sixtina se abriera oficialmente, el Papa llamó a otros artistas para cubrir las paredes con frescos. Artistas como Sandro Botticelli y Pietro Perugino colaboraron con su obra. Se trajo el Renacimiento con estos y otros artistas de otras ciudades lo cual causó un gran revuelo en el mundo artístico. De todos los trabajos que se hicieron, los que quedan son “Las Historias de Moisés”, “Cristo” y “Los retratos de los Papas”.

El techo original era bastante simple

Cómo se ha dicho, la obra de Miguel Ángel no se haría hasta muchos años después de que fuera construida. El techo original estaba pintado de otra manera. Lo pintó Piermatteo d’Amelia y lo que hizo fue un cielo  azul con estrellas doradas. Se hubiera quedado con esta pintura si no hubiera sido por unas obras que crearon una grieta en el techo de la bóveda. Se pudo arreglar la grieta, pero el hacerlo estropeo el cielo estrellado de d’Amelia.

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El entonces Papa Julio II decidió buscar a otro artista para volver a pintar la bóveda. Finalmente el elegido fue Michelangelo Buonarroti, el cual estaba en mitad de una escultura para la tumba del propio Papa que le quería contratar. El Papa le dijo que dejara esa escultura y que se preparara para pintar la Capilla Sixtina. El problema era que Miguel Ángel  no se consideraba un buen pintor, ya que él se consideraba un escultor ante todo. Esto se lo quiso dejar claro al Papa y le pidió que le liberara de ese trabajo.  Llegó a tal punto de paranoia, que pensó que sus enemigos le habían adjudicado este trabajo para que fracasara y fuese humillado.

En aquellos tiempos no era tan fácil negarse a la solicitud de un Papa. A pesar de sus dudas y miedos finalmente tuvo que aceptar el trabajo. En un principio se suponía que tenía que pintar a los 12 apóstoles, pero convenció al Papa para hacer algo más grande. Ya que tenía que hacerlo, ¿por qué no pintar toda la bóveda por entero? Era pintar 3650 metros cuadrados de techo y otros tantos metros de pared.

La forma de pintar que se uso

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Miguel Ángel y su equipo diseñaron un andamio que permitiera pintar el techo y al mismo estar de pie. La idea es que no tuviera que pintar sentado. La idea generalizada de que pintó parte de la Capilla Sixtina estado tumbado fue una equivocación al interpretar una biografía de miguel Ángel  hecha por el cardenal Paolo Giovio.

La tortura por la que pasó Miguel Ángel

Incluso después de haber hecho la ambiciosa propuesta al Papa, Miguel Ángel seguía sin estar seguro de conseguirlo. Esto se pudo ver en la primera sección con la que empezó llamado “El diluvio”. Esta escena se hizo a una cierta distancia de la puerta principal y sobre una serie de ventanas. Parece ser que su falta de experiencia en frescos le hizo empezar por un sitio menos “visible”. Tampoco quería hacer algo muy complicado hasta que no hubiera cogido más experiencia en estas técnicas. Aparte de esto, el andamio que se había hecho pasó factura al pintor.

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Aunque podía pintar de pie, fue un esfuerzo agónico para Miguel Ángel. Tardó años en poder completar su obra y pasó infinidad de horas con la cabeza mirando hacia arriba, teniendo el cuello doblado todo el rato. Esto le afectó físicamente y emocionalmente. Por si no fuera poco, a mitad del trabajo varias partes de la pintura empezaron a coger moho. Algunas de las figuras pintadas quedaban poco definidas por este problema. Una buena parte del trabajo quedó arruinada. Se dice que Miguel Ángel fue al Papa para decirle que había pasado porque no era realmente un pintor.

Aun así, el Papa le dijo que siguiera. Miguel Ángel tuvo que raspar las pinturas afectadas y empezarlas de nuevo desde el principio. Debemos darnos cuenta de lo que supone algo así. Hablamos del trabajo de meses o incluso años. Suficiente para destruir la paciencia de cualquiera.

Las improvisaciones del pintor

Aparte de la complejidad del proyecto en el que estaba metido, La forma de trabajar de Miguel Ángel era sobre la marcha. Según varias biografías del artista, su sistema era dibujar bocetos y borradores según los iba necesitando. Lo hacía el último minuto. Después de hacer el diseño previo de la parte del techo que iba a pintar, se subía al andamio a pintarlo. Cuando se bajaba, volvía a dibujar bocetos para la siguiente pintura.

No se pueden hacer fotos dentro de la capilla

Un buen número de personas pasan cada año por la Capilla Sixtina. Una regla que se ha impuesto es que no se permiten fotos en el pasillo principal. En los años ochenta se hicieron obras de restauración del trabajo de Miguel Ángel. El precio era tan grande que se tuvieron que buscar fondos para costearlo. Una cadena de televisión japonesa se ofreció para costear las reparaciones, pero a cambio tenían la exclusividad para hacer fotografías y grabar videos. Aunque este contrato de exclusividad ya acabó hace tiempo, el Vaticano decidió seguir manteniendo la orden de no permitir fotografías en la capilla.

Hay una recreación de la Capilla Sixtina en Méjico

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En Méjico existe una réplica a tamaño real del trabajo de Miguel Ángel. Está aprobado por el vaticano. Es una réplica móvil que ha salido este año 2016 y que viajará por todo el país. Se trata de una estructura con miles de fotografías de la obra original de la Capilla Sixtina. Se necesitaron 170 noches para hacer estas fotografías bajo la supervisión del director del museo del Vaticano. El resultado es claramente espectacular.

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