Las consecuencias de la bomba atómica que no te han contado

Antes de que empieces a leer este artículo, avisamos que es de los pocos que se han hecho en flipada.com con tanta crudeza y siendo tan explícito. Hemos hablando antes de las bombas atómicas lanzadas en Hiroshima y Nagasaki, pero en un sentido más histórico. Sin embargo, nunca hemos hablado de las verdaderas consecuencias de la bomba atómica después de ser lanzadas. Lo cierto es que no es un tema que se hable mucho, y de hecho se ha ocultado bastante. El horror de los efectos secundarios de las bombas todavía sigue presente en las ciudades japonesas afectadas. Es difícil imaginar el horror de las siguientes semanas y meses, aunque está bien documentado.

Estas son algunas de las terroríficas consecuencias de la bomba atómica según muchos testigos, médicos y supervivientes. Como hemos dicho, comprenderemos que mucha gente no quiera seguir leyendo o ver las fotografías.

Los lanzamientos de las bombas atómicas en Japón ocurrieron en el 5 y el 9 de agosto de 1945. Las bombas lanzadas fueron “Little Boy” y Fat Man” y hasta entonces no se había conocido un arma capaz de causar tal grado de destrucción. Por supuesto, el Japón Imperial no sabía nada de armas nucleares y hasta el momento se negaban a rendirse, aunque no estaban en su mejor momento en la guerra contra Estados Unidos. Fueron estas dos bombas lo que les forzaron a rendirse y acabar el conflicto entre los dos países.

1 – Mucha gente fue vaporizada

Una explosión atómica no es una explosión normal tal como vemos en documentales y películas. El calor generado es extremo y dependiendo la zona donde esté la gente, simplemente desaparecen. Son muchas las imágenes que existen donde en Hiroshima y Nagasaki solo quedaron sombras dibujadas en las paredes o en los suelos. El primer fogonazo de la bomba dejo estas siluetas de las personas que estaban en las proximidades. Es lo única que quedó de ellas ya que fueron vaporizadas. La muerte fue instantánea y fueron realmente los que tuvieron suerte. Los que sobrevivieron fueron los iban a vivir un infierno.

2 – Los caminantes hormiga-caimán de Hiroshima y Nagasaki

Lo que muchos no saben de las consecuencias de la bomba atómica en las dos ciudades, es el horror de los supervivientes más cercanos a las explosiones. Se llamaron los “ant-walking alligators”, lo cual se traduce rústicamente en los caminantes hormiga-caimán. El nombre ya es extraño de por si, pero es que tiene mucho sentido con lo que se pudo ver. Un buen número de personas tuvieron la mala suerte de sobrevivir a las deflagraciones en un principio. No estaban lo suficientemente cerca para ser vaporizados, pero no lo suficientemente lejos para librarse del horror. Fueron los primeros supervivientes que se pudieron ver después del ataque.

Después de las explosiones, las dos ciudades japonesas se habían convertido en un infierno oscuro de cenizas y humo. Los primeros equipos de rescate que llegaron a la zona pudieron ver un buen número de personas vagando sin rumbo como si fueran muertos vivientes. Según los testigos, no parecían ni humanos ni animales. De hecho, la escena era dantesca porque parecía sacado de una tétrica representación del infierno. El escritor Charles Pellegrino escribió un libro sobre este tema llamado “El último tren a Hiroshima”. Lo basó en miles de testimonios que estuvieron inmediatamente después de las explosiones atómicas.

Estos desgraciados supervivientes habían quedado en un estado en el cual teóricamente nadie podría seguir con vida. Sin embargo, seguían andando resistiéndose a morir. Todos los rasgos de la cara habían desaparecido quedando solo la calavera con restos de piel por encima. Donde antes estaban los ojos, nariz y boca, ahora solo había agujeros. Según escribió Pellegrino, lo más terrible era escuchar sus sonidos.

Según los testimonios, los caminantes hormiga-caimán no chillaban ya que no eran capaces de hacerlo. Solo hacían un ruido que ponía los pelos de punta de los equipos de rescate y voluntarios. Era como una especie de murmullo contante que recordaba al sonido de los grillos en verano. Ninguno estas personas sobrevivió mucho tiempo, lo cual fue una suerte dado su estado. Lo increíble fue que en ese estado se pudieran seguir moviendo durante un tiempo.

3 – El intenso calor causó terribles consecuencias

Las consecuencias de la bomba atómica fueron tan terribles sobre todo por el intenso calor. Muchos de los cuerpos que se encontraron estaban literalmente disecados. Los que no habían sido vaporizados sufrieron un efecto de cocción de dentro hacía afuera. Dicho de otra manera, la sangre empezó a hervir dejando los cuerpos como simples envases resecos. Los miembros de los equipos de rescate quedaron horrorizados de estas escenas, ya que nunca habían visto algo así. Aun habiendo estado en muchas anteriores batallas viendo los resultados de las bombas convencionales.

Los supervivientes también tuvieron que pagar las consecuencias de este calor. Quedó documentado en los puestos de emergencia y hospitales que uno de los grandes problemas era la ropa. La ropa que llevaba la gente fue uno de los grandes problemas, ya que se  incrustó en la piel de los heridos. Esto hacía muy difícil la limpieza de las heridas y las infecciones eran comunes. Algo parecido pasó con los relojes, los cuales dejaron la marca del reloj marcado en las muñecas de los que la llevaban.

4 – No había suficiente médicos

Mucha gente quizá no haya pensado en ello, pero en una explosión atómica la destrucción es tan masiva que los destruye todo. No queda nada y es una gran diferencia con respecto a otro tipo de bombas. Pongámoslo de esta manera: Si en una ciudad hay una serie de explosiones, llegan ambulancias con servicios médicos y asistencia. Da igual donde sea, ya que los heridos tendrán algún tipo de cuidado médico aunque sea poco. En Hiroshima y Nagasaki el problema fue que era casi imposible conseguir cualquier tratamiento médico.

Debido a las explosiones casi el noventa por ciento de los médicos y enfermeras murieron o quedaron mal heridos. En Hiroshima los hospitales estaban en el área donde la bomba atómica hizo más daño. Solo quedó más o menos operativa una clínica de la Cruz Roja con un solo médico. Para hacernos una idea, la gente no pudo tener cuidados médicos hasta mucho tiempo después, cuando fueron enviados de otros lugares. Muchas personas murieron a causa de esto.

5 – La metralla fue otro de los grandes problemas

Cuando pensamos en las consecuencias de la bomba atómica solemos en el calor y la radiación. Es cierto que esto la hace mortal y devastadora, pero hay otra cosa que la gente suele olvidar. Un gran número de muertes no se debió a las propias bombas. Las terribles explosiones crearon una presión que literalmente lanzó trozos de ciudad en todas direcciones. La metralla se convirtió en una gran masa de mortíferos proyectiles a enormes velocidades. Muchas de las personas recibieron esta metralla y quedaron destrozadas al momento. Incluso los objetos más pequeñas atravesaban a las personas como si fuesen mantequilla.

6 – Las cegueras fueron muy comunes

Otra de las consecuencias fue un gran número de personas que perdieron la vista. La luz de las explosiones fue tan intensa que quemaron las retinas a mucha gente que no sabía lo que estaba pasando. Por eso la mayoría simplemente levantó la vista para observan esa extraña luz que brillaba en el horizonte. Fue un gran error ya que muchos quedaron ciegos al instante. Eso solo fue el primer aviso. Mucha gente perdió la vista en los siguientes años debido a las dos bombas. Nadie sabía por aquel entonces que no se debe mirar directamente una explosión nuclear sin protección.

7 – La radiación como segunda parte del arma atómica

Las bombas atómicas son realmente varias armas metidas en una sola. Las explosiones por si solas causaron una gran destrucción y efectos secundarios, como hemos visto. Sin embargo, al poco tiempo el humo se despejó y comenzó lo que se llamó la “lluvia negra” en los alrededores de la deflagración. Esta lluvia era el resultado de todo el polvo, suciedad y materiales radioactivos que habían sido absorbidos en el cielo por el hongo o nube atómica. Lo que esto ocasionó fue que grandes cantidades de radiación fueran extendidas a zonas que no habían sido afectadas hasta el momento.

Otro de los problemas era como tratar los efectos de la radioactividad. La contaminación por radiación no era algo que se conociera hasta el momento. Los médicos y especialistas no sabían muy bien como reaccionar a los efectos tóxicos de las bombas atómicas. Veían como la gente empezaba a desarrollar dolorosas lesiones en la piel, pérdida de cabello y fuertes hemorragias por todos los orificios del cuerpo. No tenían ni idea de cómo parar estos devastadores efectos secundarios.

Se empezaron a probar cosas para ver como se podía paliar los efectos de estas nuevas bombas que les habían lanzado. Los médicos japoneses empezaron a administrar vitamina A con inyecciones a los enfermos. Vieron horrorizados que al poco tiempo la zona donde habían pinchado al paciente se infectaba y acababa en una necrosis. El enfermo moría de todas maneras en una tremenda agonía.

8 – Los efectos posteriores en la gente

Una de las consecuencias de la bomba atómica más duraderas es sin duda las que hubo después. Los efectos de las bombas no se pasaron en unos años. Ni siquiera lo hicieron en las siguientes décadas ya que la gente de Hiroshima y Nagasaki tuvieron que pasar por problemas de salud durante las siguientes generaciones. Fueron miles los nacimientos de niños con malformaciones, lo cual dejó una profunda huella psicológica en la población.

Mucha gente quedó estéril y los que se negaron a tener hijos viendo lo que estaba pasando. Ya se había comprobado lo que podía hacer la radiación y nadie se quería arriesgar- La leucemia y el cáncer fueron las siguientes consecuencias de las bombas, ya que los casos se multiplicaron de una forma increíble. Esto fue así hasta los años noventa, donde parece que la cosa se fue normalizando.

También hubo mucha discriminación contra los supervivientes. Los japoneses pusieron un nombre a los que habían escapado a la muerte en las dos explosiones, y fue hibakusha. Muchas familias no dejaban que sus miembros de casaran con los hibakusha. Pensaban que los efectos de la radiación eran hereditarios y todo el mundo enfermaría. Lo mismo pasaba a la hora de conseguir trabajo, ya que nadie quería estar muy cerca de ellos por si acaso. Aun hoy en día muchos hibakusha lo ocultan para no ser discriminados.

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