En la película “300” de Zack Snyder se puede ver como los niños espartanos reciben un duro entrenamiento con la única idea de que sean grandes guerreros. ¿Hasta qué punto esto fue así de verdad? Todo el mundo sabe que el ejército espartano era uno de los más poderosos que existían en aquellos tiempos. Todos los ciudadanos de Esparta eran guerreros y se les conocía como unos guerreros excepcionales. Para hacernos una idea de esto, fue la única nación que Alejandro el Grande vio y se quedó sin conquistar. Renunció a adentrarse con sus hombres para invadir Esparta ya fuera por temor o por el precio en vidas que le llevaría conquistarlo.

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Para hacer guerreros tan preparados, el entrenamiento empezaba desde que eran muy jóvenes. Para empezar, los niños en Esparta no eran criados por la madre, sino por el estado. El sistema de educación por el que tenían que pasar era diferente a cualquier otro que se conoce. Eso era si el niño llegaba a vivir para ser entrenado. Si al nacer mostraban signos de debilidad o malformación, se dejaba que murieran. Los que decidían si el bebé vivía o moría eran una comisión de ancianos. Si encontraban que tenía alguna vulnerabilidad, el padre tenía que llevar al recién nacido a un pozo donde se le dejaba morir de hambre y frío.

Aunque el bebé pasara esta inspección de la comisión de ancianos, tampoco significaba que iba a vivir. Cuando el padre volvía con el bebé “sano” y aceptado para ser un guerrero, la madre lo tenía que lavar en vino para ver si tenía epilepsia. Parece ser que creían que el vino provocaba un ataque y por este motivo tampoco merecía la pena criar al bebé. Si el recién nacido pasaba estas pruebas, directamente se le daba unas tierras que serían suyas para siempre. Aun así, la mortandad entre los recién nacidos era bastante alta.

Desde muy jóvenes vivían en barracas militares

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Como se ha dicho, a los siete años los niños eran separados de sus madres y empezaba su duro entrenamiento. Entraban en campamento donde tenían instructores que les educarían en la lucha y también en otros campos. La vida no era fácil desde el principio. No era un lugar donde los instructores mantenían la paz. Más bien al contrario, ya que se animaba a que lucharan entre ellos. Todos los problemas que tuvieran se tenían que solucionar con los puños. Los instructores también llevaban látigos, los cuales usaban para castigar a los jóvenes reclutas.

Por si fuera poco con el castigo corporal, si el padre del muchacho averiguaba que había sido castigado, le tenía que volver a castigar por segunda vez. Si no se hacía de esta manera daba la impresión que se estaba mimando demasiado al niño.

Comer tampoco era algo fácil

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Durante el entrenamiento que tenían los pequeños espartanos, solo se les suministraba lo básico. El calzado era considerado un lujo por lo que siempre iban descalzos. También pensaban que ponerse demasiada ropa les haría débiles frente a los elementos, por lo que solo llevaban una fina vestimenta de una sola pieza. La comida era también era la justa para que sobrevivieran y así que no engordaran. Esto no significaba que no pudieran comer más que eso. Se les permitía robar comida si tenían hambre, aunque no se les permitía que fueran capturados robando. Si le descubrían robando comida, era castigado con golpes y se le reducía las raciones.

Esta obsesión por la comida daba lugar también a extrañas competiciones. Una vez al año se celebraba un torneo donde se ponían grandes cantidades de queso en un altar dedicado al dios Artemis. Entonces se dejaba que los hambrientos reclutas lucharan entre ellos en una desesperada lucha para agarrar todo el queso que pudieran. Mientras luchaban, eran golpeados por los espectadores. En ningún momento los jóvenes espartanos podían mostrar signos de debilidad. Todo esto daba un espectáculo que divertía mucho a los asistentes. El que cogía más queso era el ganador y se le honraba por ello.

¿Pero cómo era la comida que se les daba?

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No era de extrañar que tuvieran que robar comida porque lo que se les daba era escaso y malo. Se dice que un italiano visitó Esparta y se sentó un día a comer con soldados espartanos. Cuando vio como comían en los soldados, dijo “ahora sé porque los espartanos no le temen a la muerte”. Lo que comían era el llamado “caldo negro”, que era carne en una mezcla de sangre, vinagre y sal.

Los espartanos comían juntos y compartían la comida, donde este caldo negro era el plato único del almuerzo. Aparte de ser la única comida, la ración era bastante escasa. La única forma de conseguir más comida era cazando. Sin embargo, si un espartano cazaba algo, lo tenía que compartir con sus compañeros. Aun así se le permitía llevar una parte de la caza a su casa para un segundo plato. Era la única ocasión en que podían comer en casa. Si no era por medio de la caza, estaba totalmente prohibido.

Otros castigos que recibían los niños espartanos

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Después de la escasa cena, los tutores solían hacer preguntas a sus alumnos relacionados con la cultura e historia de Esparta. Esperaban que las respuestas fueran claras y con razonamiento.  Si las respuestas no eran las esperadas, eran castigados de una forma curiosa. El que no contestaba de forma concisa recibía  un mordisco en el pulgar. El instructor también corría riesgos. Al finalizar la ronda de preguntas era llevado antes sus jefes, y si había sido demasiado débil, era golpeado a su vez.

Cualquier otro oficio estaba prohibido

Si eras un espartano eras un soldado. Cualquier otro oficio estaba descartado y el sistema de educación estaba preparado para que se mantuviera así. Se les enseñaba a luchar, a ser duros y solo en algunos casos a leer. El método educativo prohibía cualquier otra cosa. En el tiempo libre que tenían, también tenían prohibidos aprender ciertos conocimientos. Esto podía poner en peligro la lealtad de los espartanos a la hora de luchar. Estaban educados para obedecer sin dudar, por lo que aprender filosofía u otros temas culturales podía debilitarlos.

El festival de los tres niños azotados

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Uno de los festivales que se celebran anualmente era el de Diamastigosis. Tres niños eran llevados frente a un público y eran azotados hasta que no podían aguantar más. Puede parecer una bestialidad pero lo cierto es que era un gran honor. La idea detrás de esta “lección” era que podían aguantar este castigo más que cualquier otro. Este festival se hizo tan famoso que incluso los romanos iban a Esparta para presenciar este macabro espectáculo. Se llegó incluso a cobrar entradas a los que llegaban del imperio romano para tener ganancias.

Tenían esclavos y no los trataban nada bien

Como en otras culturas, los espartanos tenían esclavos y los maltrataban constantemente. Una de las cosas que hacían era una ritual donde se entrenaba a los niños espartanos a entre en batalla. Se les daba a los futuros guerreros dagas y pequeñas raciones de comida y se les enviaba a realizar emboscadas a los esclavos. Estas emboscadas se hacían de noche y saltaban sobre cualquier esclavo para acabar con él. Por una parte cogían experiencia de lucha, y por otra ponían en su sitio a los esclavos mediante el miedo.

Morir en combate era importante para ellos

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Si un espartano moría de forma natural al hacerse mayor, no recibía ningún honor. Se le enterraba en una tumba común sin poner ningún nombre. La única forma de conseguir una tumba con el nombre del guerrero era si había muerto en combate. Se les enteraba en el mismo sitio donde había muerto y se le rendían honores. Las mujeres, las cuales no luchaban, podían tener tumbas pero solo bajo ciertas condiciones. Si moría dando a luz recibía los honores de un guerrero. Para ellos era una forma de batalla dar a luz a un futuro guerrero espartano.

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