Una iniciativa que se está estudiando en Munich promete grandes resultados

El mundo de las aerolíneas busca incansablemente una alternativa limpia al consumo de keroseno, material indispensable para la combustión y funcionamiento de los reactores de los aviones comerciales.

En Múnich parecen llevarles algo de ventaja, ya que se está estudiando la posibilidad de utilizar algas a modo de biocombustible. Aunque este estudio desarrollado por la Universidad Técnica de Múnich está todavía en etapas muy tempranas, las esperanzas sobre su éxito son elevadas.

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El secreto está en el crecimiento de las algas, ya que estas pueden crecer a un ritmo más elevado que las demás plantas de tierra, en concreto, doce veces más rápido. Por si fuese poco, genera 30 veces más aceite que cualquier otra planta de semilla.

Parece que las compañías de aviones estuviesen locas al no saltar ya sobre este magnífico biocombustible pero esperar, parémonos a pensar sobre el proceso de conversión de las algas en combustible válido para los aviones.

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Primeramente se debe elegir la cepa de microalgas ideal para los propósitos de conversión a combustible. Normalmente se suele utilizar las algas verdes, muy fáciles de producir en climas de 30ºC, además de tan solo necesitar agua dulce y poco terreno para poder crecer, lo que supone utilizar menor terreno que las otras alternativas de biocombustible como el maíz que necesitan muchas miles de hectáreas para lograr obtener una buena cantidad.

Por si fuese poco, las algas son plantas, por tanto, ayudan a convertir el CO2 que se deposita en la atmosfera debido al uso de combustibles fósiles en oxígeno, además de ser menos sensible a explosiones y por tanto más seguro.

El problema es la cantidad limitada de algas existentes

Y es que no todas las aerolíneas se están apuntando a las alternativas verdes de los biocombustibles, ya que, aún en el caso de querer utilizar solamente algas en sustitución del keroseno, nunca se podría alcanzar un porcentaje del 100%, siendo necesarios otros componentes para conseguir una reacción química adecuada.

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A añadir otros inconvenientes en el uso de las algas como biocombustible, como podrían ser los problemas de fluidez y congelamiento que afectarían a los aviones en altos cambios de temperaturas, o el escaso aporte energético extraído de las algas. Aun así, tan solo se diferencia del keroseno entre un 5-8%, cosa que se compensaría con el bajo coste una vez desarrollada de tecnología.

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De hecho, dedican una parte de sus gastos a producir algas para su uso con el biocombustible, sin embargo, aun con la fuerte inversión conjunta del gobierno alemán, unos 11 millones de euros, no les compensa a las empresas de aviación en este momento utilizar dicho biocombustible.

Por tanto, parece que habrá que esperar todavía a que el adelanto de esta tecnología alcance su cénit, cosa que esperamos que cuando suceda llegue para quedarse.

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