En el antiguo Egipto la muerte era algo más que momias y enterrar los cuerpos en pirámides. Tenían una visión muy clara y siniestra de lo que les esperaba después de la muerte. Una de las cosas que más inquietaba era que las almas de los muertos tenían que luchar por el descanso eterno. No era tan simple como ir al cielo o al infierno. En el antiguo Egipto la vida después de la muerte significaba que las almas tenían que luchar a través de las doce tierras del infierno. Tenían que pasar por anillos de fuego, serpientes, cocodrilos y oscuros dioses que querían devorar sus almas. Era el viaje más difícil que habían hecho nunca, y lo tenían que hacer después de la muerte. Te contamos algunas cosas en este artículo de Antiguo Egipto Vida Después de la Muerte.
Indice de Contenidos
- 1 – Las 12 Tierras del Infierno
- 2 – Había un tiempo determinado para llegar al paraíso
- 3 – Después de muertos siguen necesitando comer
- 4 – Las pirámides como nave espacial
- 5 – Los faraones no se iban solos a la tumba
- 6 – Los faraones pensaban que se convertirían en dioses
- 7 – El juicio final antes de entrar en el paraíso
1 – Las 12 Tierras del Infierno
La mayoría de las religiones promete la tierra prometida a sus seguidores. En el antiguo Egipto no era diferente y el paraíso era algo que esperaban todos los que morían. El paraíso para los egipcios se llamaba Aaru y decían que era un lugar de infinita abundancia. Los que entraban en Aaru tendrían de todo para el resto de la eternidad. Para llegar tenían que ir primer a un sitio llamado Duat, el cual estaba en el cielo y era un mundo místico que hacía de pasarela al paraíso. Duat era también conocida como las 12 Tierras del Infierno.
El reino místico de Duat era un sitio donde había enormes bosques, lagos, zonas en llamas, acabando en unas grandes murallas de hierro. Curiosamente los antiguos egipcios tenían mapas de este mundo invisible. Tenían localizados las zonas peligrosas con fuegos, las cuales había que evitar. En Duat también había demonios, criaturas malignas y vengativos dioses. Pasar por sus dominios era una ofensa y por tanto el alma era consumida si lograban atraparla. Esto significaba que la desdichada alma quedaría atrapada en el infierno para siempre.
2 – Había un tiempo determinado para llegar al paraíso
Para poner las cosas más difíciles había un plazo para poder llegar al paraíso. Una de las razones por las que los antiguos egipcios momificaban a los muertos era para conservarlos el máximo tiempo posible. Esto era muy importante porque las almas seguían necesitando los cuerpos para la lucha en las 12 Tierras del Infierno. Tenían que llegar al paraíso antes de que su cuerpo se descompusiera.
Los egipcios pensaban que el alma se dividía en dos partes, donde una era la personalidad y la otra la esencia vital. Esta última era la que tenía que viajar por el reino de Duat y luchar para llegar al paraíso. Si conseguía llegar al destino, las dos partes del alma se volverían a reunir en Aaru. La esencia vital tenía que viajar durante el día y por la noche reunirse con la personalidad para coger energía. Solo lo podía hacer si reconocía el cuerpo. Si el cuerpo se descomponía muy rápido, no podría encontrar la otra parte del alma y quedaría perdida en este mundo.
Lo peor de esta creencia era que solo los nobles solían ser momificados. Los más pobres solo se podían permitir ser enterrados en la arena, con la esperanza de que el aire seco frenara la descomposición. Esto hacía que tuvieran que darse mucha prisa en atravesar las 12 Tierras del Infierno.
3 – Después de muertos siguen necesitando comer
Las almas que dejaban el cuerpo en el antiguo Egipto seguían necesitando alimentarse. Por este motivo había que empaquetar alimentos para el largo viaje por Duat. Aparte de esto había que asegurar de que el alma se lo podía comer, lo cual significaba que alguien tenía que meter la comida dentro del alma ¿Cómo lo hacían? Después de la momificación los sacerdotes egipcios iniciaban un ritual llamado la “apertura de la boca y los ojos”. Así se aseguraban de que el fallecido pudiera comer y beber en su viaje al más allá.
El ritual consistía en construir una estatua que representaba al muerto. Luego hacían agujeros donde tenían que estar los ojos y la boca. Los sacerdotes tenían que estar continuamente alimentando la estatua hasta que el alma llegaba al paraíso. El como calculaban si había llegado o no sigue siendo un misterio.
Una cosa que había que hacer primero era viajar hasta Duat, el cual estaba en el cielo. La mejor forma de llegar al cielo era por medio de las pirámides. Estas construcciones servían para facilitar el ascenso al cielo y así llegar a la entrada de Duat. Se puede decir que las pirámides eran como naves espaciales que llevaban las almas al espacio para llegar a las 12 Tierras del Infierno.
Como se ha comentado antes, la plebe y los más pobres no tenían opción de ser enterrados en las grandes pirámides. Eran principalmente los faraones los que tenían el privilegio de ser enterrados en las pirámides. Esto significaba que los que eran enterrados en el desierto lo tenían mucho más difícil para llegar al cielo, aunque no era imposible. Suponemos que este pensamiento tenía que ser terrible para los que iban a morir al no saber si llegarían a Duat.
5 – Los faraones no se iban solos a la tumba
Esto es algo que muchos ya sabrán por las películas históricas. Los faraones se llevaban con ellos a los sirvientes bajo su cargo. Para ello los tenían que matar junto al cuerpo del faraón muerto. La idea era que el faraón necesitaba ciertas comodidades en la otra vida, por lo que su séquito tenía que viajar con el al otro mundo. Por ello los sirvientes eran llevados el día del funeral a la pirámide y eran envenenados antes de cerrar la tumba. También las mascotas del faraón eran enterradas en la pirámide. La parte “buena” era que los sirvientes tenían más facilidad para llegar a Duat al estar dentro de una pirámide.
Uno de los casos más extremos de enterramientos de sirvientes fue el del faraón Djer. A su muerte se llevó con el a 570 de sus sirvientes. En otros casos solamente eran unas cuantas docenas de sirvientes. Algunas veces eran niños pequeños los que eran enterrados en las pirámides, por lo que no tenían la opción de crecer.
6 – Los faraones pensaban que se convertirían en dioses
La mayoría de los faraones no estaban preocupados por tener que pasar por las 12 Tierras del Infierno. Pensaban que al ser faraones ya tenían el derecho a la vida eterna. De hecho, pensaban que acabarían convirtiéndose en dioses. Por este motivo no estaban asustados por los otros dioses que se encontrarían. En algunas ocasiones los faraones incluso amenazaban a los dioses antes de morir.
Cuando el faraón Unis murió, sus sacerdotes realizaron un cántico a los dioses avisando de que Unis estaba de camino y que tuvieran cuidado. El cántico decía que Unis llegaría y se los comería si no le trataban con respeto. Se pensaba que comerse a un dios absorbía sus poderes y les haría más fuertes. Puede que el faraón Unis fuera que más amenazó a los dioses con comérselos.
7 – El juicio final antes de entrar en el paraíso
Si un alma podía pasar por el reino de Duat sin ser capturado, tenía que pasar por un juicio en las puertas de Aaru. El alma se tenía que ver las caras con Osiris, el dios de la muerte. El alma tenía que jurar que no había quebrantado las leyes divinas. Luego sus corazones eran pesados en una balanza, donde en la otra pesa había una pluma de la diosa Ma’at. Si el alma era inocente podía entrar en el paraíso. El faraón era convertido en dios y sus sirvientes podrían vivir toda la eternidad en Aaru.
Sin embargo, si se habían roto las leyes de los dioses o se había cometido un terrible pecado, el alma era lanzada a una bestia llamado Ammitt el Devorador. Esta bestia torturaría el alma descuartizándola y tirándola al fuego. Por tanto, aunque se pudiera lograr pasar el reino de Duat, no significaba que se entrara en el paraíso.