No podían soportar su pérdida y decidieron optar por esa opción

 Mucho revuelo ha armado esta pareja en Internet, debido a la contrariedad de las opiniones que ha suscitado su decisión.

Conozcamos primero a los protagonistas; Laura Jacques y Richard Remde son un matrimonio formado por varios miembros perrunos, entre los que se encontraba Dylan, un bulldog de unos 8 años de edad, que padecía una grave enfermedad.

Dylan murió por una complicación cardiaca, además de un tumor cerebral

foto-1En 2015 este perro vivió sus últimos días, acortando su vida de pronto, lo que apenó a la pareja que lo consideraba una parte muy importante de su familia, sin la cual no se imaginaban poder seguir adelante.

Decidieron ir a Corea e intentar clonar a Dylan

 Aquí es donde se pone interesante el asunto, ya que dicha clonación está muy lejos de ser asequible para el ciudadano medio, costando cerca de 100.00 dólares americanos.

Para lograr una exitosa clonación, se necesitaba el material genético de Dylan, el cual se podía extraer de una muestra del tejido del animal.

EL siguiente paso es introducir en un óvulo no fecundado dicho ADN para que pudiesen empezar a gestarse los futuros cachorros.

Tras varios intentos, este fue el resultado

 Consiguieron clonar no a un Dylan sino a dos. Les llevó unos siete meses, pero los científicos lograron su objetivo, pues los cachorros están sanos, como dos perros totalmente normales.

La pareja sin duda estaba llena de felicidad al añadir a dos miembros más para su longeva familia de 11 miembros, entre los que se incluyen cuatro perros.

¿Deberían de haber adoptado?

Sin lugar a dudas cada animal, como las personas, tiene su propia personalidad y características que lo hacen único e insustituible.

Ello no quita la controversia de la situación, ya que pagando a la empresa de clonación dan de comer a una industria que utiliza a perras para fecundarlas con los futuros cachorros-clon de sus clientes.

El amor no se compra con dinero

foto-2Millones de animales son abandonados cada año en las perreras municipales, y todo ellos son capaces de ofrecer tanto o más amor que Dylan.

Diferente es el caso en el que la pareja por puro egoísmo no aceptase la pérdida de este ser querido, por lo que prefirió buscarle un sustituto para satisfacer esa necesidad.

No se trata de un caso aislado

Muchas familias optan por esta opción, cada vez más frecuente, que ha abierto la polémica entre los defensores de los animales, que ven como un despilfarro dedicar su dinero en eso, en vez de donarlo a algo más útil como en un centro de cuidado para mascotas, en el cual una familia pueda poner a un Dylan en sus vidas que les haga feliz.

El debate está servido, y la familia se ha defendido diciendo que, si hubiesen podido, habrían hecho lo mismo con los otros animales que fallecieron.

¿Es correcto lo que han hecho? Difícil de decir llegado el caso, y sobrando el dinero, así que es mejor quedarse con que no hay amor más incondicional que el de un perro (y de una madre).

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