Aunque la mayoría no piensa en ello, la anestesia es uno de los grandes inventos de la humanidad. ¿Crees que no es así? Imagina que estás atado con correas en una mesa de operaciones, totalmente despierto y un cirujano te va a aserrar una pierna a lo vivo. Seguro que has hecho una mueca de disgusto, pero esto era algo así hace menos de dos siglos. Desde la antigüedad los cirujanos han intentado paliar los sufrimientos de los pacientes que tenían que operar. Han usado opiáceos, alcohol y muchas plantas con sustancias tóxicas que podían ser venenosas. Incluso una técnica era hacer “sangrías” controladas al paciente para que se desmayara, aunque en la casi todos los métodos el dolor era inevitable. En algún punto de la operación el paciente se despertaba chillando mientras el cirujano operaba.

Muchas operaciones acababan con el paciente muriendo del dolor y la terrible experiencia. En 1917 incluso hubo un estudio que decía que la cirugía se consideraba algo como último recurso. Para hacernos una idea, el estudio se pasó a llamar “la agonía del cuchillo”. En este estudio se explicaba con toda claridad lo que era el interior de un hospital, con los llantos y quejidos de los que pasaban por operaciones quirúrgicas. Lo curioso es que ya en el siglo XIX existían ciertas drogas como el éter, el óxido nitroso y el cloroformo. Los tres se podían usar perfectamente como anestésicos. El problema es que la mayoría de los médicos no los utilizaban. El problema era que estas sustancias se consideraban venenosas

Lo que se conocía al principio sobre los anestésicos

El sulfuro de éter era conocido por los médicos para ser usado en los tratamientos del asma. Se le conocía sobre todo por no tener ni olor ni color, pero nadie lo usaba como anestésicos. Irónicamente muchos si lo usaban con fines lúdicos, lo que se puede considerar como una de las primeras drogas de la época junto a algunos opiáceos conocidos. Muchos lo comparaban como si fuera una borrachera pero sabiendo en todo momento lo que se estaba haciendo. El éter se hizo muy popular en la primera mitad del siglo XIX. Por ejemplo, en Irlanda la gente lo bebía como sustituto de la prohibición que la iglesia había puesto al alcohol.  Incluso se venía en los famosos “pub” junto a las pintas de cerveza y otros licores más fuertes.

El óxido nitroso se solía usar también en convenciones de médicos para demostrar sus efectos en el comportamiento de las personas. Se solían pedir voluntarios entre los espectadores de estas reuniones, donde normalmente se provocaba las risas de los asistentes, como si de un espectáculo se tratara. Sin embargo, aunque estas reuniones pudieran parecer frívolas, dieron lugar a un gran avance en lo que hoy conocemos como la anestesia moderna. Estas “divertidas” reuniones experimentando con sustancias ya conocidas dieron lugar a fiestas de estudiantes donde hacían sus propios “experimentos.

Las fiestas que dieron lugar a la primera prueba

Las fiestas de estudiantes usando sobre todo éter si hicieron muy populares, incluso en fiestas organizadas en casas y reuniones escolares. Uno de los primeros signos de que estas sustancias podían ser usadas como anestésicos fue en la universidad de Pensilvania en 1842. Un estudiante de medicina llamado Crawford W. Long empezó a notar que algunas noches de fiesta terminaban con heridas y magulladuras que resultaban dolorosas. Sin embargo, es las fiestas siguientes esas magulladuras y heridas parecía que dejaban de doler. Pensó que podía probar estas sustancias para realizar una operación y ver si realmente podían inhibir el dolor.

Un amigo de Crawford tenía dos tumores en el cuello que tenían que ser extirpados. Sin embargo, tenía mucho miedo al dolor que pasaría en la operación. En Marzo de 1842 Crawford le propuso a su amigo a extirpar uno de los tumores pero usando los vapores de una toalla empapada de éter para adormecerle. Su amigo aceptó hacer el experimento, aun con cierto miedo en el cuerpo. Cuando la cirugía había terminado, el amigo de Crawford no podía creerse que no hubiera sentido nada. De hecho, no se acordaba de la operación hasta que Crawford le enseñó el tumor ya extraído. Se puede decir que esta primera operación de Crawford W. Long fue el primer paso que revolucionaría el mundo de los anestésicos.

Muchos médicos han escrito después que el experimento de Crawford fue “uno de los grandes descubrimientos de las naturaleza”. Incluso lo llegaron a comparar con descubrimientos tan importantes como el de la gravedad de Newton. ¿Por qué fue tan importante? Gracias a esto, en los siguientes años otros médicos e investigadores conectaron la relación entre gases y anestésicos. A partir de ahí todo fue una cuestión de evolucionar lo que ya sabía y aplicar la anestesia como algo habitual. Hay que pensar que tuvieron que pasar miles de años hasta que por fin se descubriera algo para operar sin dolor. En este sentido, hemos tenido mucha suerte por haber nacido en esta época. Todo gracias a unas fiestas de estudiantes y sus experimentos con drogas consideradas recreativas.

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