Todo el mundo está de acuerdo que nuestro comportamiento y conciencia es lo que nos hace humanos. El control que tenemos sobre nuestras acciones hace que podamos vivir en la sociedad y hacer nuestra vida normal. Sin embargo ¿Qué pasa cuando un agente externo se cuela en nuestro organismo y nos hace cambiar la forma de comportarnos? ¿Seguimos siendo humanos? Hoy en día están de moda las películas y series de zombies, donde algunos se convierten en sanguinarios dementes que atacan todo lo que se mueve. Si recordamos la película “28 días después” esto se debía precisamente a una infección externa. Lo cierto es que esto es que este miedo existió hace muchos años debido a una enfermedad llamada Rabia.

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Antes de la creación de la vacuna se consideró como en virus más peligroso y mortífero del mundo. Mataba a todos los infectados tanto si eran animales como hombres. El virus es capaz de meterse en el sistema nervioso y hacerse paso hasta el cerebro. Una vez que llega el virus lentamente empieza a cambiar la mente de infectado suprimiendo cualquier racionalidad que tenga la persona. Se acaban las inhibiciones del individuo, hay una gran salivación y las agresiones suelen ser comunes. Se pensaba que el  ansia de morder a otras personas era provocada por el virus para poder extenderse a otros huéspedes.

El concepto de ser víctima de la Rabia sonaba realmente como una película de terror. Las personas infectadas podían ser tranquilamente un zombie dispuesto a morder a cualquier, sin importar si era un familiar o un desconocido.

Louis Pasteur y su equipo tenían un revolver preparado para disparar

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El miedo que había de esta terrible enfermedad hacía que se intentara buscar una cura como fuera. Louis Pasteur fue el que se encargó de buscar una vacuna para luchar contra la Rabia. El y su equipo recogían animales infectados y cogía muestras de saliva de las mandíbulas de perros enloquecidos. Era un trabajo de mucho riesgo, por lo que tenían en el laboratorio un revolver cargado. No era solamente para el perro, sino para cualquier miembro del equipo que fuera mordido.

Aunque parezca increíble y como si fuera una típica película de zombies, cualquiera que fuera mordido tenía que ser disparado ahí mismo, incluyendo a Pasteur. Al principio de cada sesión de investigación, el revolver era puesto en un sitio alcanzable para todos. Si ocurría un accidente y alguien era mordido por el animal rabioso, alguien tenía que coger el revolver y meterle una bala en la cabeza. Era una norma en la que todos habían accedido previamente.

Finalmente no hizo falta usar el revolver

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Por suerte no hubo accidentes en la creación de la vacuna contra la rabia. Nadie fue mordido y Pasteur y su equipo consiguieron la vacuna. Se usó por primera vez con un niño de nueve años en 1885, lo cual le salvó la vida. Se consiguió por primera vez que alguien sobreviviera a la enfermedad.

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