Las legiones romanas fueron sin duda uno de los ejércitos más poderosos de todos los tiempos. Lo demostraron durante casi mil años dejando claro el mundo de lo que eran capaces. El imperio romano se extendió tanto gracias a estas tropas de élite. Invadieron ciudades de diferentes partes del planeta matando y esclavizando a millones de personas. Convirtieron el mar Mediterráneo en el lago privado del imperio romano. Fue la única vez en la historia donde el Mediterráneo estuvo bajo el mando de un único gobierno. Las legiones romanas eran tan poderosas, que incluso sus propios emperadores les temían. No es para menos si tenemos en cuenta lo siguiente.

Su entrenamiento militar era de los más duros

El imperio romano no fue siempre tan poderoso como lo conocemos. Roma empezó siendo  poco más un montón de chozas en la parte superior de una colina. Unos siglos después se convirtió en el imperio más grande de la antigüedad. En sus inicios, roma tenía un ejército formado por granjeros locales que serán llamados solo en caso de necesidad. Las batallas eran usualmente con asentamientos vecinos. Solo los hombres que tenían propiedades eran llamados a la guerra, ya que se pensaba que eran de más confianza para Roma.

Todo esto cambió en el año 390 AC cuando el ejército Galo desafió a los romanos. Los galos  hacían incursiones en roma saqueando y haciendo actos de pillaje por toda la zona. Finalmente, los romanos les pagaron para que se fueran, llegando a un acuerdo. Para los romanos esto fue algo que les abrió los ojos y que cambiaría todo para siempre. Para que algo así no volviera a ocurrir dedicaron los siguientes años perfeccionando su capacidad militar. Perfeccionaron sobre todo el entrenamiento y organización de las legiones. Esto finalmente se convirtió en un ejército profesional que no se había visto hasta entonces.

El entrenamiento de las legiones era brutal. Las marchas eran inacabables hasta que llegaban al agotamiento. Los soldados romanos tenían que entrenar con diferentes armas todas las mañanas, usando espadas y lanzas de madera, las cuales eran el doble de pesadas que las reales. Esto les hacía coger fuerza. Después del entrenamiento con armas tenían recorrer 30 kilómetros en unas cinco horas. Lo hacían llevando todo el equipamiento que consistía en las raciones de comida, la coraza, el escudo, lanza y la espada corta.

Aparte de este intenso ejercicio también dedicaban mucho tiempo en la teoría del combate. Se les enseñaba tácticas y estrategias en el campo de batalla. La mayoría eran basadas en las utilizadas antiguamente por los griegos. Ningún otro ejército de ese tiempo recibía un entrenamiento tan completo y riguroso. Esto les daba una gran ventaja sobre cualquier enemigo.

El miedo era una herramienta para mantener la disciplina

Una de las cosas que se exigía en las legiones romanas era seguir las órdenes y no cuestionar a los superiores. El entrenamiento también iba dirigido a concienciar a los soldados para esto. Para ello se usaba el miedo como un sistema más. En la legión había duros castigos para los que no cumplían las ordenanzas. Una de las formas de ejecución más habitual era la  lapidación, donde el soldado era muerto a pedradas por sus compañeros. Esto se solía hacer por cobardía en batalla o incluso por dormirse en una guardia.

Los oficiales más directos de  los solados eran los centuriones. Solían llevar siempre largas ramas para azotar a los legionarios. Los oficiales no se libraban tampoco de los castigos. Al ser responsables de sus hombres y su comportamiento, si el batallón fracasaba o incumplía alguna norma, los propios oficiales podían recibir latigazos como castigo. Esto se hacía para que los centuriones fueran lo más duros posibles con sus hombres por miedo a pasar por los latigazos. Muy rara vez los hombres se amotinaban. De hecho, solo se conoce un caso donde los legionarios mataron a un centurión.

Aun siendo un modo cruel de entrenar a los hombres, demostró que era efectivo. En este ambiente tan violento, los hombres formaban fuertes vínculos entre ellos. Las condiciones tan duras y los métodos de disciplina demostraron que los soldados tenían más posibilidades de sobrevivir en tiempos de guerra.

El terrible castigo del diezmo

Fue uno de los castigos más terribles de la legión romana, y era algo que aterrorizaba a los soldados. Fue un método creado en el ejército romano como medida de disciplina. En casos de traición, motín o deserción, se aplicaba a grupos de soldados que estaban acusados de estos delitos. Se dividían a los hombres en grupos de diez con una pajita cada uno. Los que sacaban la  pajita más corta moría bajo las manos de los otros nueve a base de golpes.

Lo que realmente asustaba a los hombres era que cualquier podía morir en ese grupo de diez. No importaba el rango o influencia que tuviera, la suerte decidía quién tenía que morir. De todos modos, este sistema de castigo no fue tan común como la gente piensa. Se usaba solo en casos muy extremos y no fue habitual. Curiosamente, cuando más se usó fue luchando contra Espartaco.

Las armas y el equipamiento

En los inicios del ejército romano, no todo el mundo se podía permitir una espada. Los que tenían más riqueza se podían comprar un escudo y espada. Normalmente eran nombrados oficiales de los solados del momento, los cual solían usar piedras lanzadas con ondas. Sin embargo, según el ejército iba creciendo se fue mejorando el armamento. Uno de los primeros equipamientos estándar fue la cota de malla, la cual copiaron de los galos. Era una buena protección contra las espadas enemigos y también ligera. Finalmente fue reemplazad por la coraza, la cual protegía mejor contra los apuñalamientos.

El casco romano se fue mejorando con los años, donde tuvieron varias influencias tanto griegas como galas. Se diseñó de tal manera que ofreciera una gran protección pero no estorbara los sentidos del soldado en la lucha. La cresta en el casco estaba hecha de pelos crin de caballo y plumas. Su misión era hacer parecer al legionario más alto y fiero. También servía para distinguir los rangos.

El escudo también fue variando con el tiempo, siendo primero circular y luego rectangular. Debido a su tamaño, también podía ser usado como arma ofensiva aparte de defensa. Este escudo combinado con la espada corta del legionario llamada Gladius, les hacía extremadamente efectivos en combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, donde más residía el poder de las legiones eran en sus formaciones y estrategias.

Las tácticas en batalla

La estructura y las formaciones de las legiones romanas fueron una de las cosas que les hacían tan poderosos. Cada legión estaba formada por 4800 hombres y dividida en diez grupos de 480 hombres.  Cada grupo luego era dividido en batallones de 80 soldados con un centurión al mando. Esta estructura les daba una gran coordinación en las batallas. Muchos de los ejércitos contra los que luchaban no tenían apenas formaciones y la lucha era individual. Sin embargo, en cada legión, cada uno de los hombres sabía muy bien lo que tenía que hacer durante la lucha.

El típico comienzo de una batalla era usando catapultas de largo alcance. De esta manera se infligía un  primer daño al enemigo. Luego le llegaba el turno a las jabalinas, que eran largas lanzas madera con la punta de hierro. Al impactar la punta se doblaba, por lo que el enemigo no las podía usar para lanzarla de nuevo. Luego los solados se juntaban en formación hombro con hombro y empezaban a avanzar. El escudo les cubría desde la barbilla hasta los tobillos. Esto les convertía en una muralla en movimiento difícil de penetrar.

En caso de que les lanzaran algo desde arriba, como flechas y objetos en llamas, adquirían la postura de la tortuga, que era conectar todos los escudos haciéndolo parecer un caparazón. Ningún proyectil podía penetrar en esta formación de escudos. Cuando se trataba de hacer un ataque más ofensivo, formaban un triángulo usando sus espadas, lo cual hacía estragos entre el enemigo desorganizado.

La guerra contra los galos

Las legiones romanas tuvieron más encuentros con los galos, pero en esta ocasión las cosas fueron algo diferentes. Roma hizo varias campañas militares bajo el mando de Julio Cesar contra los galos. Esta guerra duró unos seis años y terminó la definitiva victoria de Roma. Sin embargo, las campañas no fueron hechas por la gloria de Roma sino para las ambiciones políticas del propios Julio Cesar. El mismo reclutó y pagó a sus propias legiones romanas. Esto hizo que le tuvieran una devoción total.

Cuando hicieron a Cesar gobernador del sur de Francia y el norte de Italia, tenía grandes deudas. Todo esto fue antes de la invasión de las Galias. Para salir de estos problemas económicos y ascender políticamente, la única forma que veía era hacer más conquistas. Vio su oportunidad cuando una tribu celta se quiso instalar en las Galias, a lo cual Cesar se negó. Al no hacerle caso, Cesar les atacó y destruyó casi por completo. Aprovechando la campaña, siguió atacando aldeas y poblaciones en la Galia.

Sus campañas fueron de tanto éxito sobre todo porque la Galia se componía principalmente de tribus galas separadas entre sí. No tenían unificación entre ellas y sus ejércitos no estaban casi organizados. Con seis legiones pudo conquistar toda la Galia, luchando por separado con cada una de las tribus. Aun así, las campañas duraron más de lo que había previsto. Esto fue porque finalmente un galo llamado Vercingetorix unificó las tribus viendo el avance romano.

Sin embargo, los esfuerzos de Vercingetorix por crear un ejército galo unido no sirvieron de nada. En la batalla de Alesia las legiones romanas derrotaron al ejército formado por Vercingetorix. Esto dio por terminado la invasión de las Galias por Julio Cesar. Se calcula que murieron un millón de celtas y otro medio millón fueron transformados en esclavos. El botín conseguido en estas campañas le aseguró la lealtad de sus legiones, con las cuales marchó a Roma para empezar una guerra civil. Esto le llevó finalmente a ponerse a la cabeza de la república.

Los pretorianos

De entre toda las legiones, la guardia pretoriana eran considerados los más poderosos. Estaban establecidos en Roma y eran los soldados de élite. Su papel era entre otros ser los guardaespaldas de los emperadores. También podían actuar como policías o ser convocados para batallas de emergencia. En ocasiones incluso luchaban en la arena romana para demostrar sus habilidades de lucha frente al pueblo.

Debido a la creciente corrupción que había en Roma, la guardia pretoriana se vio en medio de oscuros intereses que les ponía en un compromiso. Aunque eran los defensores personales del emperador, se sabe que fueron usados para asesinar y reemplazar a algunos emperadores. Uno de los casos más conocidos fue el de Calígula y Cómodo. Finalmente la guardia pretoriana sucumbió a Constantino el Grande en la batalla de Milvian, lo cual hizo que se disolvieran.

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