Ya hemos hablado de ciertas extrañas costumbres que se tenían en el siglo 19. La medicina, tecnología o las costumbres sociales eran bastante distintas a las de ahora, y nos pueden parecer incomprensibles desde nuestro punto de vista. Puede que no sepas que una costumbre muy arraigada en la vieja Inglaterra era subastar a la mujer como alternativa a divorciarse. Era sobre todo común en la población más pobre de la sociedad. La llamada “subasta de esposas” era una manera fácil y menos costosa a un divorcio tradicional en aquellos tiempos. Antes de que en 1857 se formara la primera corte para divorciarse, hacer esta separación valía mucho y no era nada fácil.

Para poder legalmente acabar con un matrimonio se necesitaba un acta del parlamento y por supuesto la bendición de la iglesia. Claramente la iglesia no veía estas separaciones con buenos ojos, lo cual complicaba más la cosa. Para la clase media baja que trabajaba mucho para poder salir adelante, divorciarse era casi impensable. Por eso la alternativa era traspasar a su mujer a otra persona que pusiera la mayor puja en una subasta. Esta práctica hoy en día nos parece totalmente chocante e impensable, pero era muy común en esa época.

De todos modos, si piensas que es un caso de esclavitud y abuso de mujeres, sigue leyendo ya que no es todo lo como parece a simple vista. De hecho, las mujeres tenían mucho que decir en estas subastas.

Los métodos para hacer estas subastas de esposas

Los detalles de estas subastas donde se vendían las mujeres en lugar de divorciarse no eran muy diferentes de otras subastas. Se llegaba al mercado público donde se subastan otra clase de cosas como ganado y artículos inmobiliarios. El marido entonces tenía que pagar una tarifa para poder comerciar en el mercado. Luego ya podía subir a su mujer en una tarima, la cual iba atada con un trozo de tela de la cintura. Lo siguiente era hacer una subasta donde los potenciales compradores pujaban hasta llegar a un acuerdo con el precio. Una vez cerrado el negocio, el matrimonio se había dado por finalizado.

¿Era legal vender a la esposa de alguien en una subasta?

Lo cierto es que esta “arreglo” que tenía la gente más pobre no era exactamente legal. Era una práctica común de las clases más bajas, y por este motivo las autoridades solían mirar hacia otro lado. Hoy en día esta costumbre nos parece terrible y ofensiva, aunque si lo pensamos esta pasaba hace relativamente poco en nuestra historia. ¿Cómo podía ocurrir algo así? En aquellos tiempos no hacia falta una ceremonia de matrimonio en muchos casos como la conocemos hoy en día. En muchas ocasiones el “matrimonio” se hacía tan insostenible que ambos llegaban a esta decisión para separarse.

Dada la necesidad y pobreza que había entre la clase baja, muchas veces eran las propias mujeres las que sugerían hacer esta transacción comercial para terminar con el matrimonio. Era un modo para la mujer de cambiar de hogar y tener sus necesidades cubiertas. Hay que recordar los tiempos duros que eran y mucho más para una mujer sola y sin trabajo.

En muchas ocasiones la pareja discutía las condiciones de este intercambio muchas semanas antes de ir al mercado de subastas. Las mujeres podían aceptar o declinar a un comprador si no le gustaba. De hecho, tenía todo el derecho de anular una venta si le desagradaba el comprador. Por tanto, no era exactamente un caso de venta de esclavos ya que la mujer tenía algo que decir en el negocio.

¿Se sigue practicando esta costumbre?

Hoy en día la mayoría de los países tiene tribunales y cortes de divorcios rápidos. La igualdad entre hombres y mujeres en gran parte de los países desarrollados ha eliminado estas costumbres del pasado. Las mujeres ya no tienen que depender del sueldo de su marido y pueden mantenerse ellas mismas sin ningún problema en la mayoría de los casos. Sin embargo, en algunos países siguen existiendo estas costumbres de ventas de mujeres.

En años recientes se pudo comprobar que en ciertas partes rurales de la India se han hecho ventas de mujeres para poder satisfacer deudas. Las costumbres de algunos países incluso permiten negociar el matrimonio de hijas por una cantidad de dinero o bienes. Por suerte, estas prácticas están cada vez más perseguidas y esperamos que en poco tiempo solo sean un recuerdo.

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