De este modo buscan una solución para el calentamiento de sus circuitos

Ingenieros japoneses han encontrado la clave para evitar que sus robots se sobrecalienten a realizar actividades por un periodo de tiempo prolongado. La clave, imitar a la naturaleza con un sistema de enfriamiento capaz de rebajar la temperatura de la máquina.

Kengoro, como se llama el robot, puede realizar hasta 11 minutos seguidos de flexiones sin recalentarse, lo que le da una autonomía hasta ahora no alcanzada por ningún robot de su tipo.

Todos los movimientos de un robot suponen incrementar su temperatura

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Ya sea subir escaleras, agacharse, caminar o escalar un muro suponen un consumo de energía que, al contrario que nosotros, no pueden deshacerse de ella y se acumula cada vez más.

Debido a ello los circuitos y cables que los componen corren el riesgo de dañarse y dejar de funcionar, ya que soportan hasta ciertos grados Celsius antes de quemarse. Ocurre al igual que en los móviles u ordenadores, que si se sobrecalientan, puede arder la placa base y dañar todo el equipo.

Hasta ahora se utilizaban métodos similares a los de los PC

Es decir, ventiladores, coolers y demás mecanismos que si bien conseguían descender la temperatura en cierta medida, supone un incremento del peso de los robots y una mayor complejidad a la hora de diseñarlos, ya que se deben colocar dichas piezas en lugares específicos para mayor enfriamiento.

Kengoro posee más de 100 motores repartidos por su cuerpo

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Por ello, es casi imposible enfriarlo por medios tradicionales. En lugar de esto, se optó por fabricar mediante impresión 3D un esqueleto rodeado de músculos en aluminio, de modo que pudiesen llevar a cabo una función similar a la transpiración humana.

Modificando un poco dicho metal, se consigue que este sea permeable, y que por tanto transpire, lo que finalmente se traduce en que puede retirar el calor de su interior sin necesidad de añadir más mecanismos.

La impresión 3D cada vez más presente en la robótica

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Y es que sin duda no hubiese sido posible fabricar un sistema tan eficaz, capaz de filtrar el agua y redirigirla a las zonas más calientes. Este método supera con creces a sus predecesores, constando de varias capas de “poros” que enfrían tres veces más rápido que el líquido refrigerante, por ejemplo.

En cuanto a la cantidad de agua necesaria para realizar los 11 minutos de actividad, Kengoro necesita tan solo una taza de agua desmineralizada, esto es debido a que si tuviese sal podría afectar a sus circuitos al circular por todo el entramado de músculos del esqueleto.

En dicho esqueleto, se realizaron una serie de diminutos agujeros, de modo que cuando el agua pasase, fuese capaz de canalizarse a las zonas más necesitadas, para después evaporarse, todo ello sin perder ni una sola gota de líquido y manteniendo los circuitos a una temperatura funcional y estable.

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