Cuando escuchas el término cortar la cabellera, enseguida pensarás en los indios americanos y la costumbre que tenían de hacer esto. Lo cierto es que no eran los únicos que cortaban cabelleras a los enemigos. Los colonizadores europeos fueron los primeros que aprendieron a copiar esta práctica. De hecho, cortar la cabellera se volvió una práctica muy común en buena parte del país. Para los que no sepan como funciona, no es simplemente cortar el pelo, sino arrancar el cuero cabelludo que van pegando al cráneo.

Al principio esta práctica era considerada un acto de barbarie propia de salvajes. Al pasar el tiempo la gente se fue acostumbrando a la dura vida de colonizador en una tierra inhóspita. El acto de arrancar la piel de la cabeza de los enemigos se empezó a ver de otra manera. En la época donde una gran parte de América esta sin explorar, había una llamada frontera americana, la cual dividía el mundo civilizado del salvaje. En la zona salvaje la práctica de cortar la cabellera se hizo frecuente. De hecho, las cabelleras se usaban también como moneda de cambio. Tanto los indios como el hombre blanco usaban este método de mutilar a los muertos. Te contamos algunas curiosidades cosas sobre esta terrible práctica.

1 – Cortar la cabellera a los vivos

Lo normal era arrebatarle la cabellera a los muertos como trofeo o para usar como moneda de cambio. Sin embargo, en muchas batallas había gente que seguía viva y luchando cuando su oponente decidía cortarle la cabellera en ese momento. Hay muchos registros médicos sobre como tuvieron que atender a personas que les habían arrancado la cabellera. En muchos casos podían salvarle la vida si se cogía a tiempo. Podía quirúrgicamente reparar los daños, aunque la persona quedaba con una terrible cicatriz de por vida.

Al principio los médicos no lo tuvieron fácil para curar estas terribles heridas. Los primeros tratamientos que se conocen consistían en hacer pequeños agujeros en el cráneo para que la materia gris saliera y cubriera la herida. De esta manera formaban una capa encima del cráneo desnudo que cicatrizaba y simulaba una segunda piel. Si el paciente conseguía sobrevivir, les quedaba una fina capa de piel sobre el hueso de la cabeza y unos dolores terribles para siempre. Si no se hacía nada, el paciente podía durar incluso un par de meses hasta que alguna infección los mataba. Con el tiempo se mejoraron los tratamientos y la calidad de vida de los pacientes.

2 – Las colecciones de cabelleras eran un signo de orgullo

Muchos jefes de tribus indias tenían una gran colección de cabelleras que mostraban con orgullo. Es el caso de uno de los primeros colonos europeos llamado Jacques Cartier. Tuvo una reunión con un jefe indio en lo que hoy en la zona francesa de Canadá en Quebec. Se piensa que fue el primer colono en ver una cabellera. La tribu lo recibió con amabilidad y le dieron la bienvenida con bailes y celebraciones. El jefe se llamaba Donnacona y Jacques Cartier le entregó un buen montón de regalos como señal de amistad. El jefe indio Donnacona quiso impresionar al colono y le enseñó una de sus mejores posesiones, que eran cinco cabelleras humanas disecadas.

Según escribió luego Cartier, el jefe indio le dijo que cuando iban a la guerra, volvía con las cabelleras de sus enemigos colgadas de sus lanzas. Se vanagloriaban de ellas de vuelta a la tribu. Era una forma de infundir miedo a otras tribus, y con los europeos funcionó muy bien. De hecho, Cartier dijo que la colección de Donnacona les dejo a el y sus hombre mal cuerpo. Después de la visita volvieron a la seguridad de sus barcos.

3 – Los colonos americanos pagaban por las cabelleras

Esto es algo que ya habrás visto en muchas películas del oeste. Lo cierto es que la práctica de pagar por cada una de las cabelleras empezó durante la guerra Pequot. Un comerciante llamado John Oldham murió a manos de los indios y la colonia de puritanos de Massachusetts se puso en pie de guerra. El gobernador de la zona puso un premio por cada cabellera de indio que se trajera de vuelta a la colonia. Por cada cabellera se pagaba una recompensa económica. Muchos se apuntaron a esta manera de ganar dinero rápido, aunque siendo un riesgo que les podía costar la vida.

Esta práctica de pagar por las cabelleras se prolongó en diferentes áreas por todo el continente americano. En el caso de los puritanos de Massachusetts, las cabelleras de los guerreros indios se pagaban muy bien. Sin embargo, las cabelleras de mujeres y niños se solían pagar a mitad de precio.

4 – El caso de Hannah Duston y sus cabelleras

Como se ha comentado antes, el negocio de llevar cabelleras para cobrar la recompensa se hizo muy popular. Lo que menos se esperaban es que una mujer llamada Hannah Duston fuera a la oficina del gobernador para pedir el dinero por sus diez cabelleras. Hannah Duston era un ama de casa que tenía ocho hijos pequeños. Su casa fue atacada por indios de la tribu Abenaki. Su marido pudo escapara con siete de los niños, pero Hannah y su recién nacida hija quedó a la merced de los indios. Tuvo que ser testigo del asesinato de casi 30 de sus vecinos a mano de los indios. Finalmente la quitaron a su recién nacida hija y la estrellaron contra un árbol.

La mujer fue llevada a una isla cercana como prisionera de los Abenaki. Estuvo cautiva con diez de los indios de esta tribu, lo cual no disminuyó sus ansias de venganza. Una noche esperó a que todos se durmieran. Cogió un tomahawk y abrió la cabeza de los diez indios antes de que pudieran reaccionar. Antes de escaparse les cortó la cabellera a todos. Había más gente cautiva y los liberó a todos huyendo en las canoas que tenían los indios. Cuando llegaron a la civilización, lo primero que hizo fue pedir la recompensa por las 10 cabelleras.

5 – Hay gente que se hizo rica con las cabelleras

Como se está diciendo, el cortar cabelleras se convirtió en una especie de negocio. En el año 1700 este “negocio” se hizo muy fuerte y se pensaba en ello como una forma de hacer fortuna. Muchos Rangers de los Estados Unidos tomaron este camino para ganar dinero. Uno de los que más éxito tuvieron fue John Lovewell gracias al número de cabelleras que consiguió. Incluso se hizo una peluca con algunas cabelleras que había conseguido en sus cacerías de indios. Se paseaba orgulloso por Boston con su peluca e incluso se hizo una celebridad en esa ciudad.

Las cabelleras hicieron a Lovewell muy rico. Por cada cabellera que conseguía le daban cien libras, lo cual era una cantidad considerable en esa época. En poco tiempo hizo fortuna todo gracias a los indios que mató y las cabelleras que les quitó. De todos modos, no le sirvió de mucho porque murió en una de sus cacerías. John Lovewell Reunió a un grupo de 50 hombres para asaltar un poblado indio de más de cien personas. Se dice que eligió un grupo tan pequeño para no tener que compartir los beneficios con tanta gente. Su tacañería le costó caro, porque la tribu venció y mató a todo el grupo que les atacó. Por supuesto, John Lovewell perdió su propia cabellera.

6 – El caso del general Henry Hamilton, el comprador de pelo

Durante la revolución americana un general inglés llamado Henry Hamilton tenía como misión tratar con las tribus indios para que ayudaran contra los rebeldes americanos. Lo hizo principalmente comprando cabelleras a las tribus indias. Aunque Hamilton estaba aliado con muchas tribus indias, siempre los consideró salvajes. Llegó a decir que Inglaterra tenía que aprovecharse de la naturaleza sangrienta de los indios. Por este motivo, les pagaba por cada cabellera de hombre blanco que conseguían en la zona revolucionaria. También dejó claro que no se matara a mujeres ni a niños.

Este general británico llevaba la cuenta de las cabelleras que le traían. Llegó a documentar hasta 130 cabelleras diarias en ciertas épocas. Sin embargo, esto produjo una reacción entre los revolucionarios americanos que veían como sus hombres morían y se les cortaba la cabellera. Ellos mismo empezaron a atacar a las tribus indias para también cortar su cabellera como venganza.

7 – La masacre de Sand Creek

Cuando comenzó la guerra civil algunos soldados tuvieron una disputa con la tribu de los Cheyenne. Se acusó a los indios de robar ganado y las fuerzas de la unión lo vieron inaceptable. Esto provocó que se empezaran a quemar poblados Cheyenne. La tribu india no quería ir a la guerra y pidieron negociar la paz y acabar con los enfrentamientos. Si embargo, el coronel John Chivington que estaba al mando dijo que no estaba autorizado a negociar la paz. Al poco tiempo preparó el ataque al poblado indio de Sand Creek.

Chivington odiaba a los indios en todas sus formas. Llegó a decir que maldecía a cualquier hombre qué simpatizara con ellos. El ataque al poblado fue brutal. Algunas testigos que pudieron ver el resultado documentaron el horror que allí se vivió. Mataron a todo el mundo, incluyendo mujeres, niños y ancianos. A todos les fueron arrancadas las cabelleras en Sand Creek, y algunos fueron torturados de formas especialmente crueles. Algunos de los guerreros les fueron arrancados las orejas, la nariz y los órganos genitales. Lo más terrible era que el poblado de Sand Creek era de los más pacíficos de toda la tribu Cheyenne.

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