Llevamos años haciendo espectáculos donde se lanzan cuchillos, flechas y lanzas a una personas apoyada en una diana para el disfrute de los asistentes. Cuanto más cerca queden los objetos punzantes de las personas, más emocionantes es para los asistentes. Incluso Guillermo Tell lo hizo con una ballesta poniendo una manzana en la cabeza de su hijo y disparándola sin ocasionarle daño. En una versión más moderna, algún que otro mago se ha arriesgado a recibir un balazo y pararlo con los dientes. Como se puede ver, el dejar que otra persona nos dispare no es nada nuevo. Cuando se trata de cristales blindados o antibalas, la cosa tampoco cambia mucho. En el pasado tenían una forma bastante extraña de probar este tipo de cristales.

Las pruebas de los cristales blindados en los años treinta no tenían los controles de seguridad de ahora. En una grabación que se hizo, un matrimonio decidió hacer una prueba con uno de estos duros cristales. La mujer deja que su marido la dispare mientras ella sostiene el cristal antibalas frente a su cara. Las balas se paran en el cristal, incluso resquebrajándolo. Pueden salir muchas cosas mal El cristal puede no aguantar el impacto de la bala y dar a la mujer en la cara, o incluso darle en un dedo. ¿A quién se le ocurre sostener un cristal blindado y dejar que te disparen? Lo cierto es que ya se han visto algunos casos con chalecos antibalas, pero eso es otra historia.

No hay comentarios

Dejar respuesta