El imperio azteca estaba donde ahora se encuentra Méjico. Era un estado formado por tres estados donde llegó a tener cinco millones de personas. La capital era Tenochtitlan, lo cual es ahora la ciudad de Méjico y tenía unos 200 mil habitantes. Este imperio tenía un sistema económico muy sólido y una cultura muy rica. Otra cosa por la que se recuerdas a los aztecas era por su potente ejército y sus sangrientas costumbres. Hablaremos de algunos detalles de los aztecas que pondrán a más de uno los pelos de punta.

Preferían capturar prisioneros en lugar de matarlos

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A diferencia de muchos guerreros antiguos, los aztecas no querían matar a sus enemigos cuando luchaban con ellos. Intentaban sobre todo capturarlos vivos. De hecho, matar a un enemigo en el campo de batalla se consideraba una torpeza del guerrero ya que pensaban que se necesitaba más habilidad para capturarlo vivo. Cuando se capturaba a un enemigo vivo, se le llevaba a la capital. Los guerreros que llevaban a Tenochtitlan más enemigos con vida, eran mejor valorados que los que mataban mucho. Si un guerrero llevaba cuatro o más enemigos vivos, se le daba un rango de honor.

De todos modos, el que no los mataran no significaba que defendían los derechos humanos. Lo cierto es que los reservaban para realizar sacrificios humanos. Los aztecas tenían profundas creencias religiosas. Tenían cientos de dioses y estos dioses eran los que controlaban todo. Todo lo que pasaba a su alrededor era porque lo hacía un dios. Los aztecas también creían que los dioses tenían que ser honrados con sangre.

La sangre para los dioses aztecas

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Era tan importante la sangre para los dioses, que los aztecas incluso se cortaban ellos mismos para dársela. Los ciudadanos que más estatus se suponía que tenían que dar la mayor cantidad de sangre Por supuesto, el otro modo que había de dar sangre era sacrificando enemigos que habían capturado. Por este motivo era tan importante no matarles en la guerra. Siempre se necesitaban sacrificios humanos, por lo que siempre estaban en guerra. Atacaban otras ciudades vecinas para tener el suministro de víctimas casi constante.

Los rituales que hacían siempre solían ser iguales. Los único que podía variar era el número de sacrificados en una sola ceremonia. Podía ser una sola persona o podían ser una gran cantidad de sacrificados. Se llevaba al prisionero a la parte superior de una pirámide y se le ponía boca arriba en un altar. El sacerdote hacía una incisión debajo de las costillas y metía la mano buscando el corazón. Una vez encontrado, lo arrancaba cuando todavía estaba latiendo. El prisionero posiblemente pasara sus últimos momentos de vida en total terror y dolor.

Una vez que el corazón era extraído, era lanzado a un fuego. Entonces el cuerpo del sacrificado era lanzado por las escalinatas de la pirámide hasta abajo del todo. Si el sacrificado tenía un estatus algo, se solía bajarle entre varios guerreros en lugar de simplemente lanzarle.

El temible arma de los aztecas

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Los aztecas tenían un arma que era devastador para el enemigo. Usaban el Macuahuitl, que significa “madera hambrienta”. Aunque los aztecas estaban adelantados en muchos aspectos, todavía no conocían el forjado por lo que no tenían armas de metal. El Macuahuitl era un especie de pala planta donde se colocaban afilados trozos de piedra volcánica a los lados. Parece ser que era suficientemente potente como para corta la cabeza de una persona de un solo tajo. Según los descubridores españoles, vieron como un guerrero azteca corto la cabeza de un caballo de un solo golpe.

La vida después de la muerte

Como se ha dicho, eran muy religiosos. Según sus creencias, la vida después de la muerte dependía de cómo se había vivido. El como se moría también era decisivo sobre como sería el más allá. Para todo esto, había cuatro tipos de vida eterna. Para los guerreros, si morían en el campo de batalla o sacrificados iban a otra guerra en el más allá. En otro caso, se permanecía unos años en el más allá para volver como un colibrí u otra clase de pájaro. En las otras dos formas del más allá, el viaje era parecido pero con algunas detalles cambiados.

Todos los varones eran entrenados para la guerra

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Lo cierto es que el ejército azteca no era como podemos pensar. Ni siquiera era un ejército oficial con las típicas normas de otro tipo de ejércitos. En lugar de eso los hombres eran entrenados para la batalles, aunque empezaban bastante tarde. Toda la adolescencia la pasaban con sus familias ayudando en las labores diarias. También aprendían ciertas habilidades para usarlas luego al ser soldados. Sin embargo, la nobleza tenía que empezar su entrenamiento mucho antes.

Aun así, la edad de empezar a entrenar solía ser a los trece años. Se les enviaba a un centro en la capital. No solo aprendían a luchar sino también a leer y escribir. También se incluían conocimientos de astronomía y el sistema de calendarios que usaban. A los quince años eran enviados a otro centro donde veteranos de guerra les enseñaban estilos de lucha y les motivaban para el combate.

Los guerreros tenían varios niveles

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Entre los guerreros aztecas había tres niveles diferentes, donde el primer nivel era de Jaguar o águila. No había mucha diferencia entre ambos grupos, aunque la ropa era totalmente diferente. Para conseguir este rango tenían que capturar al menos cuatro prisioneros vivos. Por encima de ellos estaban los que habían conseguido capturar seis o más enemigos con vida. Se llamaban los Otomíes. En este nivel tenían su propio escudo y Macuahuitl personal.

El tercer nivel eran guerreros de élite y se llamaban los “esquilados”. Tenían este nombre porque se afeitaban la cabeza pero se dejaban una tira de pelo en el lado izquierdo de la cabeza. Para llegar a este nivel se tenía que capturar al menos veinte hombres. Estos guerreros tenían también que hacer un juramento de nunca dar un paso atrás en la batalla.

El motivo de sus vestimentas para ir a la guerra

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Como se ha dicho, los niveles de Jaguar y águilas eran casi idénticos. Sin embargo, la vestimenta era muy distinta. Los primeros llevaban la piel de un jaguar y los cascos les hacían parecer este animal. El grupo de las águilas a su vez adornaban su vestimenta con plumas y tenían cascos de madera que hacía parecer que su cara salía de la boca de un águila. Se piensa que estos uniformes les valían asustar a sus enemigos. Aparte de las vestimentas, también solían hacer mucho ruido con tambores, lo cual era una forma de guerra psicológica. Esta técnica hacía que los enemigos se esparcieran presas del pánico, lo cual facilitaba su captura.

Un ritual especialmente sádico

Uno de los rituales que se hacían era el que se hacía para Xipe Totec. Era el dios de la primavera y la agricultura y también ayudaba en el paso de niños a hombres. Los sacrificios que se le hacían era la típica extracción del corazón, pero en este caso también se despellejaba a la víctima. Esta piel era secada y los sacerdotes se la ponían durante más de dos semanas. Otra forma de sacrificar a las víctimas era mediante flechas. En muchas ocasiones los prisioneros morían desangrados por las heridas.

Otra práctica que se hacía durante la conmemoración de este dios era atar a un prisionero a una gran piedra. Luego se le daba una bebida con alcohol. Una vez que estaba ebrio, se le daba un arma y apenas protección para que luchara contra cuatro guerreros de nivel uno. Después de un rato de lucha, el prisionero era sacrificado. Tenía muy pocas posibilidades de salir con vida de esta lucha.

El fin de los aztecas

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Con la llegada de Hernán Cortés las cosas empezaron a cambiar. Con unos pocos cientos de soldados se dirigió a la capital azteca, donde fue bien recibido al tener la piel clara, como si fuera un dios del sol. A pesar de este primer encuentro sin hostilidades, finalmente hubo una guerra contra los españoles. Las armas de Hernán Cortés eran mucho mejores que la de los aztecas, y aun siendo muchos menos soldados, vencieron a los aztecas.

En una segunda ofensiva, los aztecas consiguieron echar a los españoles, pero estos se aliaron contra otros enemigos de los aztecas y volvieron barriendo esta civilización. La mayoría de aztecas fueron ejecutados y encima de Tenochtitlan se empezó a construir una nueva ciudad, que es la ciudad de Méjico que existe hoy en día.

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