La idea que se tiene sobre los vikingos es que eran unos sanguinarios guerreros que vivían en diferentes clanes no relacionados entre sí. Aunque es cierto que eran temibles y muy acostumbrados a la guerra, lo cierto es que muchos investigadores hoy en día creen que no eran tan salvajes como se puede pensar. De hecho, la idea ahora es que también eran gente muy normal en tiempo de paz y unos buenos comerciantes. Es cierto que no estaban siempre en guerra, pero cuando tenían que luchar eran brutales con su enemigo. Vencieron a casi todos los enemigos a los que se enfrentaron. Su estilo de vida estaba muy vinculado a la guerra, algo parecido a lo que pasaba en Esparta y sus guerreros.

Aparte de lo que sabemos de los vikingos, hay algunas cosas que puede que no sepas y te sea difícil de creer. Para empezar, cuando iban a la batalla se preparaban a conciencia. Sin embargo, puede que algunas de las preparaciones no sea como lo estás pensando.

Setas mágicas antes de la lucha

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Los vikingos tuvieron una época en la que fueron la mayor fuerza de combate de Europa. Una de las grandes ventajas que tenían sobre los sitios que invadían era su estado mental. Cuando iba a luchar entraban en un estado llamado ‘Berserker’  en el que se convertían en máquinas de matar contra cualquier que se pusiera en su camino. Se cree que para llegar a este estado se ayudaban de un tipo de setas alucinógenas que llamaban setas mágicas. Estas setas crecían en las proximidades de sus aldeas y las hacían alucinar y aumentar su adrenalina. Esto facilitaba que entraran en este estado de euforia guerrera.

Los heridos en batalla lo tenían complicado

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Aunque los vikingos eran unos guerreros temerarios, no eran invulnerables. Las batallas por las que pasaban eran sangrientas para ambos bandos. Al ser la guerra una parte de su cultura, las mujeres vikingas tenían un gran conocimiento de las heridas producidas en la lucha. Tenían un modo muy particular para saber lo grave que era apuñalamiento o un corte hecho por espada. Lo que hacían era alimentar al herido con un caldo hecho de cebollas, hierbas y puerros.

Después de beberse este sencillo caldo, la mujer elegida para sanar a los heridos olía la herida. Si la herida olía al caldo que se había tomado, significaba que la herida era muy profunda. En este caso había poco que hacer para curar el herido. Con la muerte en camino, no se hacía nada para intentar salvar al guerrero malherido. Centraban todos los esfuerzos y recursos en los guerreros que podían ayudar.

Las armas vikingas

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Estos clanes del norte usaban varios tipos de armas. Tenían grandes hachas, lanzas y los propios escudos podían ser usados como armas ofensivas. Sin embargo, el arma definitiva para los vikingos eran sus largas espadas. Les ponían siniestros nombres que hacía referencia a su poder de destrucción. Estas espadas se iban pasando de padre a hijo. Según el hijo del guerrero iba creciendo, era deber del padre contarle la gente que había muerto bajo esa espada. Esto ayudaba a perpetuar la historia de la familia y también mostrar la nobleza en la batalla.

Las espadas eran de doble filo y suficientemente fuertes como infligir grandes heridas de un solo golpe. Casi siempre iban con las espadas a sus espaldas y dormían al lado de ellas. En otras palabras, para los vikingos sus espadas eran inseparables. Esto tenía un motivo. Aunque no estuvieran en guerra, había disputas familiares y se podía esperar un ataque en cualquier momento. Aparte de esto, tenían la misión de defender al clan y a su líder. Siempre tenían que estar preparados para la lucha.

¿Cómo era la justicia vikinga?

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La forma de impartir justicia en la época vikinga era muy diferente a otras culturas. Por ejemplo, insultar a alguien de un rango superior era inconcebible. De la misma manera, matar a alguien no siempre era algo reprochable. Si un miembro del clan era asesinado alguien de otro clan, entonces la familia podía matar al asesino. Esto podía llevar a largas confrontaciones donde la sangre solía correr. Sin embargo, en muchas ocasiones se arreglaban las cosas con luchas. Eran básicamente retos que se hacían para solucionar disputas.

Si alguien desafiaba a otro a una pelea, se tenía que hacer en esa misma semana. Estaba permitido que uno de los luchadores fuera sustituido por otra persona. Cuando el reto comenzaba, alguien leía las reglas de la lucha que iba a tener lugar. Estas reglas variaban según la región. Las reglas solían establecer las armas que se podían usar, cuantos escudos se podían utilizar durante el duelo, quién podía dar el primer golpe y que ganaría el vencedor. Algunas veces el duelo era a muerte y no se paraba hasta que uno de los combatientes estuviera muerto.

Si la personas que era desafiaba no se presentaba al combate, era directamente culpable. Si la acusación era grave, cualquiera sin importar la clase social lo podía matar sin consecuencias. Dicho de otra manera, si un jefe de clan no se presentaba a un desafío, incluso un esclavo podía matarle sin problemas.

¿Cómo se divertían los vikingos?

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Los vikingos no estaban siempre luchando, aunque fuera parte de su vida. Para divertirse tenían muchos tipos de juego, aunque algunas eran bastante violentas. De hecho, hoy en día pocos se atreverían a llamar juegos a los que hacían los vikingos para pasarlo bien. En estos juegos las heridas y alguna muerte eran comunes. Una regla general que había era que los participantes podían dejar el juego en el momento que quisieran. Si morían era culpa suya.

Uno de los juegos consistía en que dos oponentes se metieran en el agua y uno de ellos no dejara al otro subir a la superficie. Algunas veces uno de los concursantes simplemente se ahogaba. Otro de los juegos solo se jugaba en otoño y consistía en dos equipos y una pelota. Se trataba de simplemente de evitar que el otro equipo cogiera la pelota, y era especialmente violento. La lucha cuerpo a cuerpo era otra forma de diversión. Ayudaba a estar en forma y mejorar su estilo de lucha.

Por si estos juegos no fueran los suficientemente peligrosos, las broncas y peleas podían ocurrir en cualquier momento. Algunas veces estas disputas mientras se hacían juegos podían acabar en un conflicto entre clanes. De todos modos, se intentaba solucionar sobre el campo de juego en lugar de empezar una guerra entre vikingos que podía durar mucho.

Los niños tenían que ser fuertes

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Otra cosa que parece coincidir entre los vikingos y los espartanos es su idea de cómo tenían que ser los niños. Como se ha dicho, estos guerreros vivían muy al norte, y las condiciones podían ser bastante duras y violentas. Por este motivo los recién nacidos tenían que nacer fuertes. En la cultura vikinga se esperaba que todo el mundo trabajara, y esto incluía a los niños. Según crecían se esperaba que los hombres lucharan y las mujeres cuidaran la aldea y los hogares entre otras cosas. Si un recién nacido tenía alguna deformidad, se solía deja fuera de la casa para que muriera de frío.

La esclavitud en la cultura vikinga

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Se sabe que los vikingos hacían muchas incursiones en otros territorios lejanos y arrasaban con cualquier cosa que les pudieras beneficiar. Saquearon monasterios, aldeas por varias costas de Europa durante más de 300 años. Lo que no se sabe muy bien porque empezaron todas estas invasiones y saqueos. Se cree que uno de los motivos podría ser la diferencia entre el número de mujeres y hombres, habiendo pocas mujeres debido a la selección de las más fuertes al nacer. Se cree esto porque el secuestro de mujeres durante sus saqueos era muy común.

En un principio se usaban como esclavas y luego se convertían en mujeres vikingas destinadas a tener más hijos. Algunos estudios genéticos que se hicieron en los últimos años mostraron que un gran número de mujeres provenía de las islas. Británicas. Esto hace pensar que muchas mujeres fueron secuestradas, ya que es poco probable que emigraran al norte en tierras tan inhóspitas.

Erik el Rojo

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Ya hemos dejado claro que los vikingos eran guerreros conocidos por su brutalidad. Uno de los más violentos que se recuerda fue el llamado Erik el Rojo. Nació en Noruega alrededor del año 950. Cuando era un niño su padre fue exiliado a Islandia. Recibió su apodo por ser de un pelirrojo intenso y también por su temperamento violento e impredecible. Desde muy joven tuvo problemas con otros clanes de la zona. De hecho, en uno de los conflictos mató a un vecino y destruyó su casa. Debido a esto, tuvo que huir de la justicia de los otros clanes.

Erik y su familia se trasladaron a Groenlandia y fueron de los primeros que habitaron la zona. Finalmente pudo volver a Islandia para convencer a otros que se fueran con él ha Groenlandia. Se establecieron dos colonias y Erik el Rojo vivió en este lugar hasta el fin de sus días. Se dice que su hijo Leif Erikson fue el primero en llegar a América del Norte y crear colonias en la zona, lo cual fue mucho antes que Cristóbal Colón.

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