Cuando hablamos de plagas, hay algunas que son más conocidas que otras y luego hay terribles detalles en cada una de ellas. Todo el mundo las ha vivido y se han cobrado miles de vidas a lo largo de la historia. La peste negra fue una de las más terribles. La conocida como plaga de Londres es un ejemplo de cómo una de las ciudades más modernas del mundo, tuvo en 1665 uno de sus peores momentos. Murieron casi 70 mil personas oficialmente pero algunas investigaciones estiman que hubo muchas más muertes. Fue una época realmente terrible para los que se encontraban en la ciudad y los horrores eran inimaginables. Familias enteras morían, los cadáveres se amontonaban en la calle hasta que los enterradores los recogían, y el olor a muerte estaba en todos lados. Para muchos el infierno había llegado a la Tierra y pensaban que el Apocalipsis había llegado.

1 – Al principio la plaga se silenció

Durante los inicios de la plaga cuando ya se notaba que las muertes eran frecuentes, se intentó reducir la gravedad de la enfermedad. El motivo era que Inglaterra no quería que el comercio marítimo se interrumpiera ya que corrían el riesgo de que prohibieran que naves inglesas entraran en otros puertos. Esto sería catastrófico para el comercio. Aunque se intentó ocultar la verdad de la plaga, muchos ciudadanos de la clase alta si sabían lo que estaba pasando y se marcharon de Inglaterra antes de que la cosa se pusiera más seria. Otros simplemente no le dieron importancia y siguieron con su vida normal. El error les costó muy caro.

Mientras que muchos se habían ido de Londres o incluso del país, otros muchos no tuvieron tanta suerte. La peor parte se la llevaron los pobres y las clases más humildes. Según las muertes iban aumentando, la gente más humilde tenía el dilema de huir o dejar sus puestos de trabajo y abandonar sus hogares. Era toda la vida que conocían y no tenían nada más, por lo que dejarlo todo no era una opción. Cuando las muertes subieron a centenares a la semana incluso los más pobres empezaron a cambiar de opinión. Muchos intentaron marcharse, pero el problema era que ya no lo podían hacer sin un permiso especial.

Cualquiera que quisiera irse de Londres a partir de Junio de 1665 tenía que llevar un documento firmado dándoles un permiso para dejar la ciudad. En el documento se decía que no estaban contagiados y que se les permitía marcharse. Finalmente incluso estos documentos se dejaron de entregar y se empezaron a hacer falsificaciones por dinero. Los más pobres no tenían ninguna oportunidad de escapar de la ciudad.

2 – Encierros en las casas

Una de las leyes que las autoridades dictaron era que si en una casas había alguien contagiados de la plaga, había que cerrarla y aislarla. Toda la familia se tenía que quedar encerrada ya estuviera enferma o no. El tiempo que tenían que estar encerrados era de cuarenta días y en las puertas se pintaba una cruz roja como aviso para los demás ciudadanos. Esto causó mucha polémica ya que la gente pensaba que era una condena a muerte dejar a personas saludables con enfermos en una casa encerrados. Algunos médicos de la época también creían esto ya que aumentaba el número de infectados. Sin embargo, las leyes lo dejaban muy claro y el aislamiento era el mejor remedio para parar la plaga.

Muchas familias se quedaron sin poder salir de casas, incluyendo familias numerosas con niños pequeños. En estas circunstancias los miembros de la familia iban enfermando y los demás tenían que ver como iban muriendo poco a poco. En algunos casos los padres morían primero y los más pequeños no tenían a nadie quién les cuidara, lo que llevaba a una muerte por hambre y sed. Finalmente en septiembre del mismo año, se vio que este tipo de cuarentenas no servía de nada. Cada vez más gente enfermaba y moría.

3 –  Las horribles consecuencias de las cuarentenas

Una vez que las duras cuarentenas fueron levantadas, se pudo comprobar las atrocidades que se habían producido. Hubo falsas alarmas que hizo sufrir a mucha gente por nada. En una ocasión toda una familia fue encerrada en casa porque una sirvienta tenía manchas en la piel. Finalmente no fue nada, aunque ni ella ni la familia con la que trabajaba pudieron salir de la casa en 40 días. Debido a este cautiverio, algunos miembros de la familia enfermaron por otras cosas, aunque por si acaso les pudieron en cuarentena otros 40 días.

El problema de encerrar a la gente en casa es que estaba herméticamente cerrada. No podía respirar aire puro, no hacían ejercicio y solo podía asomarse a la ventana para ver el exterior. Es lógico que finalmente muchos acabaran poniéndose enfermos. Después de la cuarentena se les hacía una inspección y si había algo extraño se imponía otra cuarentena. En algunos casos, el mismo inspector esta contagiado de la plaga y acababa pegando la enfermedad a la familia que supervisaba.

Todas las medidas de seguridad no valían y además provocaban el efecto contrario.  Mientras muchas personas se veían presas de las cuarentenas, por otro lado el comercio de ropa se seguí haciendo si restricciones. Una carga de ropa sucia fue llevada a la población de Eyam, y estaba infectada con la plaga. En el pueblo la gente empezó a enfermar y finalmente también se recurrió a la cuarenta. Se hizo así para que la plaga no se extendiera a otros pueblos. Un ochenta por ciento de la población murió.

4 – Los animales también sufrieron mucho

Durante la plaga en Londres la gente no sabía que el causante eran las pulgas que llevaban las ratas. Se empezó a escuchar un rumor de que eran los perros y gatos los causantes de la enfermedad. Las autoridades ordenaron que todos estos animales fueran eliminados. Lo que no sabían era que precisamente los perros y gatos mantenían la población de ratas a niveles bajos ya que eran sus depredadores. Eliminándolos lo único que consiguieron fue la plaga se propagara aun más. Decenas de miles de perros y gatos fueron ejecutados para nada.

5 – La sífilis como remedio contra la plaga

Los médicos estaban desesperados por encontrar el motivo de la enfermedad aunque su ciencia estaba anticuada y muchas veces basada en supersticiones. Los fracasos eran continuos ya que no tenían los medios para poder saber las causas de la enfermedad. Durante uno de los picos más altos de la plaga en Londres, se empezó a escuchar un rumor que decía que la sífilis daba inmunidad contra esta terrible enfermedad. La idea era que un horrible mal anulaba al otro. Los médicos creyeron esto y pensaron que ambas enfermedades lucharían entre si en el cuerpo de un infectado. Por supuesto esto no tiene ningún sentido y la gente moría más rápido si tenía ambas infecciones.

6 – Las siniestras enfermeras a las que todos temían

No hay duda de que fue una época oscura donde la muerte estaba presente en todo momento. Había en Londres tanta gente enferma que se empezaron a contratar a enfermeras para cuidar a tantos afectados de la plaga. Eran mujeres de la calle sin ninguna experiencia médica que ganaban una miseria. Por este motivo muchas de estas mujeres usaban medios poco ortodoxos para aumentar sus ganancias. Tanto los sanos como los enfermos las acabaron temiendo por como actuaban muchas. Lo que hacían era robar a los muertos, o incluso “aceleraban” la muerte de los contagiados. Se sabe que llegaron a usar restos de las llagas de los enfermos para infectar a gente sana, y así robarles sus pertenencias.

7 – Las fosas comunes para los muertos

Los cementerios que había en las iglesias no podían manejar a tantos cadáveres y por eso se empezaron a usar fosas comunes. Los carruajes circulaban por las calles recogiendo a los muertos y los dejaban por decenas en montones sin poder darles un funeral digno. Estaba prohibido visitar las fosas comunes por el riesgo de contagio, aunque muchos en un estado de delirio se lanzaban voluntariamente en estos agujeros como si ya estuvieran muertos.

8 – La muerte de los infectados no era nada agradable

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La peste bubónica era sin duda una forma de morir muy desagradable. Pasaban días hasta que el infectado empezara a experimentar los peores síntomas. La cosa empezaba con dolores de cabeza, fiebre y luego los vómitos. Al poco tiempo empezaban los fuertes temblores y finalmente la lengua se hinchaba. La aparición de nódulos linfáticos inflamados en ingles, sobacos y cuello eran la última fase. Por si no fuera poco, en la piel aparecían bultos negros muy dolorosos, lo cual era un infierno para el enfermo.

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