Hemos hablado varias veces en flipada.com sobre la crucifixión como método de ejecución y tortura. La crucifixión ha existido durante siglos pero fueron los romanos los que perfeccionaron esta modalidad de ejecución. Lo usaron de una forma muy extendida y como todos sabemos, Jesucristo acabó muriendo en la cruz. La crucifixión de Cristo es algo que todo el mundo conoce ya sea creyente o no. Se ha enseñado en los colegios, se ha escrito mucho sobre ello y hay infinidad de películas donde se muestras lo que pasó. De lo que muchas veces no se habla es de cómo fue la crucifixión realmente.

Hoy en día se han hecho estudios médicos de cómo fue la crucifixión de Cristo basándose en la documentación que hay. Se sabe muy bien el proceso por el que pasa el cuerpo humano en una crucifixión y la de Jesús fue muy bien explicada en los escritos. Lo pasó mucho peor de lo que nos han contado. De hecho, la película que mejor se acerca a como lo tuvo que pasar Jesús es “La Pasión de Cristo” de Mel Gibson. Os contamos algunas de las cosas por las que tuvo que pasar Jesucristo según los expertos.

1 – Una fuerte sensación de ahogo

Hay muchas teorías de cómo muere una persona crucificada. La más sólida es que al final muere asfixiada después algunas horas o incluso días. El peso del cuerpo empujando hacia abajo hace que el diafragma tenga una fuerte presión, y eso hace difícil respirar. La persona crucificada puede ayudarse con las piernas para soportar todo el peso, pero al final el cansancio hará que no pueda más. Cuando la víctima está desfallecida todo el peso del cuerpo hace que la persona muera ahogada.

En algunos casos se tenía que terminar la crucifixión de una manera rápida para que el preso muriera. Para ello los soldados romanos rompían las piernas al crucificado. De esta manera no podía aguantar el peso de su cuerpo y moría asfixiado por lo que se comenta antes. Aparte de esto, el dolor tenía que ser bestial y esto aceleraba la muerte de la víctima. Por este motivo la teoría de la asfixia es la que más sentido tiene.

2 – El dolor de los clavos tenía que ser insoportable

Como ya se sabe hoy en día, los clavos no se ponían en la palma de las manos, sino en las muñecas. De esta manera los huesos podían aguantar el peso de la víctima. El problema es que en las muñecas tenemos nervios muy sensibles. Los clavos tenían que atravesarlos para hundirse en la madera de la cruz. Como se ha dicho antes, el crucificado se ayudaba de las piernas para poder levantarse y respirar con normalidad. Esto hacía que las muñecas rotaran contra los clavos, lo que producía un dolor difícil de imaginar. En la crucifixión de Cristo se usó este método y fue por lo que tuvo que pasar.

3 – La paliza previa en la crucifixión de Cristo

Los métodos usados en las crucifixiones eran variados. Dependía del motivo de la condena del preso. En la crucifixión de Cristo hubo una paliza previa antes de que fuera clavado en la cruz. En este caso se usó un látigo de nueve colas con trozos de metal en las puntas. Para hacernos una idea, estos objetos metálicos eran como pequeños cuchillos que se llevaban un trozo de carne en cada latigazo. Tanto la piel como los músculos se abrían con este tipo de látigo, por lo que al llegar a la cruz el estado del reo era lamentable.

El motivo de estas palizas con látigos era para dar una lección a todo el mundo. La idea era dejarlo casi irreconocible pero sin llegar a matarlo. En este proceso había una gran pérdida de sangre por lo que algunas veces el reo ni siquiera llegaba a la crucifixión. Morían a causa de un shock hipovolémico por la pérdida de sangre. Esto se puede ver como algo positivo al ahorrarse el resto de la agonía. En el caso de Jesús parece que aguantó la tortura de los latigazos y llegó vivo a la cruz.

4 – Transportar la cruz fue otra tortura

Otra cosa a la que Jesús fue obligado fue a transportar la cruz en la que iba a ser crucificado. Muchos pueden pensar que era una cruz pulida y perfecta, pero no fue el caso. La cruz eran unos maderos rudimentarios llenos de astillas. Al tener que llevarla al hombro el roce de la madera y las astillas eran otra forma de tortura. En las pinturas e ilustraciones las cruces son piezas de arte perfectamente formadas pero la realidad nunca fue así.

5 – Dislocación de  hombros

Al cansarse las piernas, la víctima ya no puede aguantar su peso y ceo hacía abajo. Como se ha comentado, es cuando llega la muerte por asfixia por la presión en el diafragma. Otra cosa que pasa es que los hombros se dislocaban debido a este peso. Los brazos quedaban totalmente extendidos con el torso echado hacia adelante. Solo los clavos de las muñecas sostenían el cuerpo. Llegados a este punto se piensa que la víctima ya estaba inconsciente o sin enterarse apenas de nada. Con suerte, morían al poco tiempo al no poder respirar adecuadamente. En el caso de Jesús, no llegó a este punto al clavarle un soldado la lanza en el torso.

6 – Calambres musculares

Cuando la víctima es subida a una cruz, los músculos de las piernas tienen que estar soportando casi todo el peso. Los músculos se ven sometidos a un terrible esfuerzo. Estar manteniendo este esfuerzo durante horas o incluso días es muy doloroso. Al crucificado no le queda más remedio que hacerlo si quiere seguir con vida. Los calambres en las piernas comienzan a las pocas horas y la víctima tiene que resistirlo si quiere sobrevivir. Todo acabará cuando la fatiga se imponga o le rompan las piernas.

Como se puede ver, la crucifixión es algo muy serio y una forma horrible de morir. En la crucifixión de Cristo tanto el como los dos ladrones que le acompañaron en la cruz no lo pasaron bien. Los efectos que hemos contado en la lista ocurren casi al mismo tiempo, por lo que la tortura es indescriptible. Si tenemos en cuenta que una persona crucificada podía llegar a durar 10 días, podemos imaginarnos que no solo era ser clavado a un trozo de madera. El sufrimiento era mucho mayor que eso.

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