Un profesor de psicología americano llamado Philip Zimbardo se hizo una pregunta a principios de los años setenta. La pregunta fue “¿Qué pasa cuando metes a gente buena en un entorno de maldad?”. Posiblemente hayas visto las películas “El Experimento” del 2010 o “Experimento en la prisión de Stanford” del 2015. Ambas tratan de un acaso real que ocurrió en 1971 donde Zimbardo hizo exactamente lo que hacen en ambos films. Como se suele decir, la realidad siempre supera a la ficción y en este caso con el Experimento Stanford fue exactamente lo que ocurrió.

Todo empezó cuando el psicólogo pidió estudiantes universitarios voluntarios para hacer un experimento sobre la vida penitenciaria. Se hizo en Agosto por lo que los estudiantes tenían vacaciones y podían ganar algún dinero. Los voluntarios fueron separados en dos grupos, donde unos eran los guardianes de la prisión y el segundo grupo eran los prisioneros. El experimento debía durar dos semanas y la meta era probar los efectos del poder en gente normal. Lo hicieron dando a los estudiantes “guardianes” cierto poder sobre los que hacían de prisioneros. Philip Zimbardo y su equipo solo tenían que analizar el comportamiento de estos estudiantes en el entorno carcelario. Los resultados fueron escalofriantes.

El Experimento Stanford tuvo tal repercusión que hizo que se cambiara la forma de gestionar las cárceles en Estados Unidos. Se cambiaron protocolos y métodos de hacer funcionar las prisiones. Los resultados del experimento fueron tan impactantes que hoy en día se sigue usando como ejemplo en muchas clases de psicología. Te contamos algunas inquietantes cosas sobre el Experimento Stanford.

1 – Fue financiado por el departamento naval de investigación

Muchos no saben que todo el experimento fue financiado por el ejército de los Estados Unidos, en particular por el departamento naval. Pagaron por el dinero dado a los estudiantes, la comida y todos los recursos para hacer el análisis de los resultados. El ejército americano tenía la misma curiosidad que Zimbardo. El sistema penitenciario americano también se interesó por el experimento. La idea era que los resultados del experimento pudieran explicar porque las relaciones entre presos y guardianes se deterioraba tan rápidamente en las prisiones militares y civiles.

2 – Los cambios radicales en las personalidades

La novia de Zimbardo también estaba en su equipo para evaluar el comportamiento de los estudiantes. Se llamaba Christina Maslach y acababa de sacarse la carrera, por lo que estaba emocionada con este experimento. En el quinto día del experimento fue a la sala de los “guardianes” y estuvo hablando con ellos en un cambio de guardia. Le gusto en particular la conversación que tuvo con uno de los guardias el cual describió como inteligentes, encantador y divertido. Al mismo tiempo, Christina quería ver quién era el guardia al que todos llamaban John Wayne.

Algunos de los compañeros que hacían la evaluación le habían dicho que le habían puesto el mote a uno de los guardias de Jon Wayne. El motivo era la rudeza y sadismo con el que trataba a los estudiantes “prisioneros”. Pasado algún tiempo pregunto a sus compañeros de equipo quién era John Wayne. Se quedó sorprendida de descubrir que era el joven con el que había estado hablando y le cayó tan bien.

3 – El experimento fue finalizado antes de tiempo

Como se ha dicho, la novia de Zimbardo era Christina Maslach, con la cual se casó después. Fue precisamente esta psicóloga la que insistió en terminar el experimento por como se estaban poniendo las cosas. De los quince miembros del equipo de Zimbardo, fue la única que quiso que se acabara. El experimento estaba pensado para que durara al menos dos semanas. Sin embargo, Christina Maslach estaba preocupada por la seguridad del grupo de presos. Se había llegado a un punto de deshumanización y las cosas se estaban poniendo muy violentas. Tenía miedo de que alguien saliera malherido.

Según dijo Zimbardo tiempo después, el experimento fue terminado al sexto día porque había gente sufriendo y el grupo de guardias tenía autorización para infligir dolor y humillar al otro grupo. De hecho, dijo que tenía que haber terminado el experimento mucho antes.

4 – El  grupo de guardias desarrolló una rabia sin precedentes

En solo seis días pasaron muchas cosas en el Experimento Stanford. Para el grupo de prisioneros estos seis días fueron como un mes, según dijeron. Se pudo comprobar que muchos presos aceptaron sus papeles y asumieron su encierro. Otros pidieron irse pidiendo lo que se llamaba “libertad provisional”. Esto quería decir que se podían ir pero no les pagarían nada. Sin embargo, esto fue un truco de Zimbardo cuando se presentaron voluntarios. No leyeron la letra pequeña donde esta libertar provisional tardaría tiempo en ser aplicada por lo que el experimento ya habría acabado cuando fueran liberados. Dicho de otra manera, no los iban a soltar tan fácilmente.

Mientras tanto, los guardias tampoco ayudaban a que los estudiantes prisioneros se pudieran ir. Simplemente pusieron todas las pegas para que no se pudieran ir, incluso riéndose de los querían abandonar el experimento. Otra cosa que notaron era que en cuanto se ponían uniformes de guardianes parecía que una inusitada rabia crecía en su interior. Esto desembocó en humillaciones innecesario. Por ejemplo, les hacían desnudarse para reírse del tamaño de sus genitales. Un castigo que hacían era no cambiar durante días los cubos donde los presos hacían sus necesidades.

5 – Algunos prisioneros se desesperaron por no poder irse

Como se ha dicho, algunos de los que estaban en el grupo de prisioneros querían irse. En el caso de uno de los presos se volvió completamente loco. No hacía más que chillar que quería salir de ahí. Decía que sentía que se quemaba por dentro y necesitaba un médico. El actuar como un trastornado fue simplemente un plan para que le soltaran. El equipo de Zimbardo decidió liberarlo al ver que estaba tan mal. Nada más salir, el estudiante llamado Doug Korpi admitió que se inventó la locura para acabar con esa pesadilla.

Lo cierto es que no solamente lo pasaron mal los prisioneros. Algunos guardias también cambiaron su forma de ser viendo como se estaba tratando a los prisioneros. En particular había un guardia que se distanció de sus compañeros al ver como se comportaban.

6 – El propio Zimbardo tuvo que hacer de alcaide

Como se ha dicho antes, Doug Korpi fue el que se hizo pasar por loco para que le liberaran. Fue el primero que vio que las cosas no iban bien y fue el primero en decirlo en alto. Se convirtió sin quererlo en el portavoz del grupo de prisioneros y también el que dijo que el experimento tenía que terminar. Zimbardo se hizo pasar por alcaide para meterse en el experimento y hablar con Korpi. Le propuso contener a los guardias contra el si Korpi le daba información de los otros presos y como se comportaban. Dicho de otra manera, le quería tener como un infiltrado.

Korpi quedó confundido con la propuesta de Zimbardo y volvió a su celda pensando en que hacer. Sin embargo, en lugar de aceptar lo que hizo fue decirles a los otros compañeros presos que no iban a salir del experimento nunca. Esto provocó un pánico general que desembocó en disturbios y graves problemas con los guardias. Cuando Korpi fue liberado al hacerse el loco, muchos otros presos pensaron que volvería con ayuda para liberarlos a todos. Zimbardo también lo pensó e hizo cambiar todas las instalaciones a otro lugar por si acaso. Fue mucho trabajo para nada porque Korpi no llegó a aparecer.

7 – El poder de llevar un uniforme

Los estudiantes en el grupo de guardias reconocieron que el ponerse un uniforme les cambió la forma de ser. Según dijeron varios de los estudiantes, en cuanto estaban vestidos como guardias y se ponían las gafas de sol, sabían perfectamente que tenían que ser autoritarios y duros con los presos. Llevaban bastones de madera aunque Zimbardo les dijo que no los podía usar bajo ningún pretexto. Sin embargo, los usaron en varias ocasiones contra los estudiantes prisioneros.

8 – El grupo de prisioneros fue arrestado de verdad

Para hacer el experimento más real los estudiantes que habían sido elegidos como prisioneros fueron arrestados realmente. La policía de Palo Alto formó parte del experimento y detuvo a los estudiantes en su propio domicilio. Se les acusó de robo a mano armada y luego fueron llevados las instalaciones del experimento Stanford. Fueron esposados y llevados al coche patrulla en público, como si fuera un arresto real. Los que no sabían lo que estaba pasando creyeron de verdad es estaban siendo arrestados. La idea de Zimbardo era que hacerlo de esta manera les metería más en su papel de prisioneros.

9 – El equipo de evaluación tampoco lo pasó bien

El equipo de Zimbardo fueron testigos de todo lo que pasó en esos seis días. Aunque estaban fascinados por como se estaba desarrollando el experimento, no todos los pasaron bien viendo el trato del grupo de los presos. Según dijo Christina Maslach, cuando vio por primera vez como llevaban a los presos con bolsas de papel sobre la cabeza, se puso enferma. Pensaba que solo vería aburridas escenas de estudiantes yendo de un lado a otro. Sin embargo, viendo las cosas que se estaban haciendo la puso en alerta.

Las bolsas de papel cubriendo la cabeza de los reos tenían muchos usos. Hacía que los presos estuvieran desorientados y también les daba la sensación de que estaban indefensos. Esto daba más poder a los guardias. Aun así, ninguno del equipo de evaluación dijo nada al respecto y no se prohibió este comportamiento.

10 – El sustituto de Doug Korpi se encontró con un infierno

Cuando Doug Korpi fue liberado alegando locura. Zimbardo necesitaba a otro estudiante que lo reemplazara. Se eligió a otro estudiante de una lista que tenían llamado Clay Ramsay. El mismo día que le llamaron para unirse al experimento tuvo que ir al edificio donde estaban las instalaciones. Al entrar se le vendaron los ojos y fue llevado desnudo hasta su celda. Zimbardo dijo después que quizá fuera Ramsay el que peor lo pasara de todos, aun estando menos tiempo en el experimento. Los demás “presos” habían tenido tiempo a aclimatarse al entorno y Ramsay entró directo a la locura que ya existía.

El guardia llamado Dave Eshleman con el mote de John Wayne fue especialmente cruel con Ramsay. Por algún motivo no le cayó bien y no dejó de humillarlo hasta el final del experimento. Le hacía realizar diferentes tareas como andar como Frankenstein o declarar su amor a otros prisioneros. Ramsay no tenía ni idea de donde se estaba metiendo cuando le llamaron. Se encontró en un sitio donde les despertaban de madrugada para ponerse en fila y aguantar insultos,  amenazas o hacer ejercicios. También les hacían limpiar los retretes con las manos. El no entrar la luz del día en las instalaciones, esto les desorientaba aun más.

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