Cuando dormimos pensamos en el descanso y la desconexión que tenemos con todo después de un día de hacer cosas. La idea que tiene la mayoría es que nos quedamos totalmente inactivos y no ocurre nada en nuestro cuerpo. Solo descansamos sin enterarnos de lo que pasa a nuestro alrededor. Aunque es cierto que es una desconexión de nuestra vida cotidiana, lo cierto es que ocurren más cosas de la que nos creemos. Para poder afrontar otro día después de dormir el cuerpo está continuamente reparando y refrescando cosas. Cuando nos despertamos al día siguiente no somos exactamente la misma persona que se acostó la noche anterior.

1 – Los recuerdos son organizados y algunos descartados

A lo largo del día hacemos muchas cosas ya que por lo general el ser humano es muy activo. Hacemos cosas, vamos a sitios y estamos con otras personas. Esto hace que continuamente se estén formando recuerdos. Los recuerdos se almacenan en el cerebro. Como ocurre en casi todo, cuando no se organizan las cosas se acaban perdiendo o son difíciles de encontrar. Cuando dormimos el cerebro responde a todo lo que nos ha pasado durante el día y organiza y cataloga toda la información. Mucha de esta información se coloca en los centro de la memoria a largo plazo y otra es descartada.

Esta ordenación de recuerdos es importante para poder funcionar con normalidad durante el día. Son recuerdos que estarán con nosotros la mayor parte de nuestra vida, por lo que es un “disco duro” de enorme potencia y capacidad. Su funcionamiento es curioso ya que podemos recordar a la perfección cosas que vivimos hace años pero luego no recordamos hechos sucedidos hace unos días. Es una especie de priorización de los recuerdos para tenerlos a manos cuando los necesitemos. Nos ayuda también a desarrollar nuevas habilidades en cualquier temática que estudiemos. Este “almacenamiento” ocurre cuando nuestro cerebro está al mínimo de su actividad.

2 – Algunas funciones cambian radicalmente

Una media hora antes de dormirnos nuestro cuerpo ya empieza a hacer ciertas cosas. Por ejemplo, comienza a bajar la temperatura del organismo. Hace lo mismo con nuestro metabolismo para que mientras dormimos varias horas no tengamos hambre. Como resultado de estos cambios el ritmo cardiaco y la presión sanguínea también se reduce. Nuestro cuerpo necesita menos energía cuando dormimos y la temperatura puede bajar hasta los 35,6 grados centígrados. Esto casi es el principio de una hipotermia, aunque al no consumir apenas energía es imposible que nos muramos de frío.

Al despertarnos la presión sanguínea y el ritmo del corazón vuelven a la normalidad muy rápido. El motivo es que el cuerpo vuelve a necesitar reservas para la energía que necesita. De todos modos ¿quién no ha experimentado ese sopor al despertar que se quita al rato? Es precisamente este activación del organismo lo que lo provoca.

3 – Crecemos cuando dormimos

Durante el día estamos a merced de la gravedad y nuestros huesos y columna vertebral se ven afectados por ello. Es algo que nosotros no notamos, pero la gravedad hace que encojamos un poco al estar de pie y en activo. Sin embargo, cuando nos acostamos y dormimos lo hacemos tumbados y esto hace que toda esa tensión de la gravedad sea liberada. Los fluidos de nuestro cuerpo pueden entrar en nuestras articulaciones sin esfuerzo (lo cual la gravedad no facilita). Esto ayuda a que nuestro pueda crecer más fácilmente, sobre todo en el caso de niños y adolescentes. Solo podemos crecer cuando dormimos, lo cual da una idea de la importancia del sueño. Las hormonas del crecimiento de nuestro cuerpo es cuando mejor actúan.

4 – Un curioso fenómeno llamado parálisis del sueño

¿Has tenido alguna vez una pesadilla donde no puedes correr o chillar? Lo cierto es que tiene un significado y se llama parálisis del sueño. Es lo que nos permite hacer cosas físicas mientras dormimos, lo cual es algo importante para no hacernos daño sin querer. Cuando entramos en el estado REM, que es en el que soñamos, hay peligro de que empecemos a actuar de modo inconsciente estando dormidos. Por ello. El cerebro bloquea los neurotransmisores y receptores en los músculos. Es una especie de paralización provocada por nuestro cerebro.

Esta parálisis algunas veces puede ocurrir cuando nos quedamos dormidos o cuando nos despertamos. Somos conscientes de lo que pasa pero no nos podemos mover. Es un estado letárgico donde aun estando medio dormidos no podemos hacer movimientos. En algunos casos se puede estar totalmente consciente y estar paralizado, lo cual puede ser una experiencia muy inquietante. Hay antiguas leyendas que se basan en este estado del sueño. Se decía que la parálisis la provocaban demonios y espíritus.

5 – El sonambulismo

No todo el mundo es sonámbulo y de hecho la mayoría no se pasea mientras duerme. Se ha explicado antes como nuestro cerebro nos protege provocando una parálisis para no ponernos en peligro. Sin embargo, algunas veces este mecanismo de protección falla y podemos movernos actuar como si estuviéramos despiertos. En algunos casos se pueden llegar a realizar tareas complicadas como cocinar o conducir, aunque lo normal es simplemente andar sin tener mucha idea de lo que se hace. Puede ser muy peligroso porque no estamos atentos a muchas cosas. El sonambulismo suele ocurrir mientras se están procesando los recuerdos, como se ha comentado antes. El sonámbulo no suele acordarse de lo que ha hecho durante la noche.

6 – Espasmos del sueño

El cuerpo puede tener espasmos mientras duerme, lo cual es algo normal. Aunque la mayoría de las personas se queda inmovilizada durante el sueño, hay momentos donde esta “protección” no está del todo activa y el cuerpo responde al proceso cerebral. Se piensa que ocurre cuando el cerebro envía la señal de relajación y el sistema nervioso lo recibe. El intervalo entre que el mensaje es recibido es cuando tenemos estos espasmos. Aun así, no se sabe muy bien porque ocurre esto y se piensa que es un reflejo primitivo que nos permitía tener movimiento en caso de peligro en el pasado.

7 – Gastamos mucha energía cerebral mientras dormimos

La mayoría de energía que usamos es cuando estamos despiertos. Lo hacemos sobre todo con actividades físicas al movernos, respirar, hablar, etc. Al dormir estas cosas no se hacen y el cerebro puede consumir más energía solamente para el. En ciertas  partes del sueño el cerebro consume una gran cantidad de energía. De hecho es mayor que cuando estamos despiertos. Sobre todo esta energía se usa para crear y fortalecer conexiones neuronales y “resetear” el cerebro. Durante el día el cerebro está muy ocupado manejando las actividades diarias, por lo que espera a la noche para hacer tareas de “mantenimiento”.

8 – Adelgazamos cuando dormimos

Si se lo preguntas a cualquier persona que se dedica al bodybuilding o si es nutricionista, te dirá que dormir adelgaza. No solo eso, sino que perdemos también una cantidad de agua. ¿Te sueles levantar con sed? Es porque perdemos líquido debido al aire que nos rodea. El aire dentro de nuestros pulmones está caliente y también tiene humedad. Las habitaciones donde dormimos suelen estar más frías que el aire que tenemos en los pulmones, lo cual provoca que la humedad escape de nuestro cuerpo. Es una pérdida mínima pero hace que se pierda peso. Pro el día esto se evitar bebiendo y comiendo.

9 – El cerebro se limpia durante el sueño

Durante el día donde estamos activos las células del cerebro acumulan toxinas que liberadas de nuestro cuerpo. Cuando dormimos el cerebro se encarga de eliminar estas toxinas mientras estamos inactivos. Básicamente lo que hace es abrir una válvula de fluido cerebro espinal limpiando los tejidos cerebrales de elementos que no sirven. Esto hace que cuando nos despertamos nos sintamos frescos y activos para afrontar el día. Esta limpieza realmente ocurre en todo el cuerpo, pero en el cerebro es donde más se nota. Cuando no dormimos en mucho tiempo, estas toxinas son las que nos hacen sentir abotargados y con los reflejos bajos.

10 – El maravilloso mundo de los sueños

Cuando dormimos solemos soñar también. No suelen tener sentido pero son una parte importante de nuestra vida. Los científicos siguen sin tener claro el porque soñamos y hay muchas teorías sobre el motivo por el que los tenemos. Muchas veces estos sueños simplemente desaparecen de nuestra memoria cuando nos despertamos. Otras se quedan con nosotros durante mucho tiempo o incluso para siempre. El cerebro crea estas imágenes que parecen muy reales. Aunque el motivo que se producen todavía no está claro, se relaciona con la eliminación de toxinas en nuestro cerebro. También se piensa que son una forma de liberar ciertas tensiones que tenemos durante el día para compensar problemas no resueltos.

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